¿Quieres un ejemplo de lo que era el Romanticismo del siglo XIX con una gran historia detrás? Pues dale, lo encuentras gratis y no te va a llevar más de media hora. Bueno, en mi caso más porque me lo he leído dos veces seguidas al sentirlo vibrar como una alarma demasiado temprana en la mañana. Me pongo hasta poético, ridículo, es mala señal porque significa que me ha gustado y mi reseña se puede distorsionar y exagerar.
Prefiero las novelas a los relatos o cuentos porque con una novela se tiene más tiempo para reposar, para crear sensaciones, empatizar con la historia y los personajes, saborear los detalles, pero en este caso me quedo sin argumentos porque tiene todo lo que puede ofrecer una novela.
Esta obra cargada de símbolos y alegorías plasma la década de 1830 en Buenos Aires bajo el "régimen rosista" y la represión contra la fuerza opositora, donde se encontraba el autor.
En el epílogo de Juan María Gutiérrez, que fue quien lo publicó por primera vez ya muerto el autor, decía que su letra era casi ilegible en este relato, pero que no era fruto del temor a que lo descubrieran y sus consecuencias, sino de la ira que sentía, y eso me ha puesto los pelos de punta, porque este escrito es rabia contenida.
Me ha sorprendido cómo en tan pocas páginas pudo dibujar una estampa tan detallada y bien descrita, que sea tan pasional, tan irónico, tan realista y surrealista a la vez, es un puñetazo en la mesa contra la tiranía, contra la masa aborregada, fanática, violenta y cobarde que se forma en torno al caudillismo. Y creo que lo consigue a fuerza de vivirlo, de sentirlo día a día, de tener en la retina multitud de escenas diferentes que lo indignan y logra sintetizarlo y plasmarlo en un relato que nace desde dentro. Destaco la forma de camuflar la indignación en la ironía, en describir con el mayor de los desprecios a sus enemigos, en la historia en sí porque pasan muchas cosas que dan para hacer un comentario de texto profesional y no esta reseña. No me extraña que sea una de las lecturas recomendadas en los colegios y universidades en Argentina y otros países.
Lo bueno de este cuento es que lo puedes tomar para cualquier país o época, cambiar los nombres de federales y unitarios por otros, así como los personajes como el Restaurador, el Juez, el matasiete, el joven unitario...y tienes la misma historia en diferentes lugares y momentos de la historia. Siempre es lo mismo, como leí a Antonio García Ángel en el prólogo: "la buena literatura trasciende el espacio y el tiempo, pues termina hablando siempre de la condición humana".