La épica introspectiva y el pulso maestro de Kentaro Miura
Este cuarto tomo nos sitúa en un punto crucial del relato: no sólo avanza la historia en lo militar, sino que profundiza con gran sensibilidad en el desarrollo emocional de sus protagonistas. Los diálogos entre Guts y Kasca, que abren el volumen, son el corazón palpitante de esta entrega. En ellos, la guerra —inminente y brutal— actúa como catalizador de una honestidad que rara vez se permite en tiempos de paz. La tensión constante, la muerte imperante y la necesidad de confiar en el otro para escapar de ella generan una apertura emocional inesperada entre ambos, que enriquece sus dimensiones tanto interpersonales como intrapersonales.
A la vez, Miura nos permite asomarnos con más nitidez al alma de Griffith. Su imagen, hasta ahora pulcra y casi divina, comienza a mostrar sus grietas: su corona no brilla sólo por su impecable estrategia militar, sino también por las cicatrices que los sacrificios han ido dejando en su camino. El halcón de los sueños empieza a revelarse no como un ser de mármol, sino como un hombre cuya ambición exige una factura altísima.
Entre estos momentos de intimidad, Miura introduce una emboscada que deslumbra por su fuerza visual y narrativa. La escena, cargada de acción y dinamismo, pondría en jaque a cualquier artista con solo esbozarla. La representación del movimiento, el impacto de los golpes, las heridas que desgarran y los cuerpos en tensión son sencillamente sublimes. Pero lo verdaderamente admirable es cómo Miura equilibra esa violencia con momentos de calma serena, en los que la sangre y los desmembramientos ceden su lugar a la luz, la naturaleza y una sensibilidad casi poética que rara vez se le reconoce en su justa medida (menciono la emboscada pero cualquier escena de acción cuenta con estas características, sublime).
Concluida la batalla de Doldrey, una nueva pregunta se impone: ¿qué papel jugará Zodd en el futuro? Su breve aparición reactiva una línea narrativa que había sido sugerida en el tomo anterior y que promete un impacto profundo en los próximos capítulos. Este gesto es brillante desde el punto de vista del guion: mientras cierra un conflicto significativo —la tensión entre Guts y Kasca—, Miura planta la semilla de un nuevo misterio, manteniendo así la complejidad y el ritmo narrativo sin perder de vista la trama principal, que sigue siendo el ascenso de Griffith y la consolidación de la Banda del Halcón.
El cierre del tomo es tan conmovedor como valiente. Guts toma la decisión de abandonar todo lo que ha conocido y conquistado, justo cuando se encuentra en la cúspide de su vida. Es un acto de ruptura, sí, pero también de autoafirmación: tras tres años a la sombra de Griffith, entiende que para descubrir quién quiere ser debe forjar su propio camino, aunque este se halle aún por trazar, llegando así a estar a la altura de la persona a la que más admira y consiguiendo que esta la considere su igual, su amigo. Sin embargo, Griffith no está dispuesto a renunciar a su pieza más valiosa, ni en el campo de batalla ni en las intrigas palaciegas. Su ascenso se ha visto allanado en gran parte gracias al Guerrero Negro, y perderlo ahora parece inadmisible.
La conversación previa a este quiebre, en la taberna entre Guts, Corkus y Judeau, está magistralmente escrita. Las reflexiones de Judeau sobre Kasca, sobre la lealtad y el conflicto interior del grupo, agregan una capa de humanidad que pocas obras del género se atreven a explorar con tal finura.
El final del tomo nos deja con más dudas que certezas: ¿desde qué perspectiva seguirá la narración?, ¿cómo abordará Miura la nueva aventura de Guts?, ¿qué pasará con Kasca y su inevitable desesperación?, ¿y hasta qué punto Griffith será capaz de contener —o explotar— el rencor que germina en su interior?
Este tomo es, en definitiva, una muestra impecable del equilibrio entre lo íntimo y lo épico, lo humano y lo monstruoso. Kentaro Miura demuestra una vez más que su genio no reside solo en su trazo virtuoso, sino en su capacidad para narrar, para construir personajes complejos y para entrelazar emoción, filosofía y acción con una maestría que pocos han alcanzado en el manga.
Magistral.
“Cuanto más intenso es un foco de luz, más espesas son las sombras que arroja”
- Lord Owen