Si Lorca es nuestro poeta universal y Valente es nuestro poeta en la nada, Machado es nuestro poeta español en España. Esto no significa necesariamente que, por ejemplo, Lorca sea un mejor o peor poeta, aunque yo personalmente lo prefiero, si nos ponemos maniqueos. Simplemente habla de que Machado congrega todo lo que une a España. Machado es la tortilla de patatas de la poesía. Un padre santiagués, una madre sevillana, nacido en Sevilla, crecido en Madrid, viajó a París, trabajó en Soria, Baeza, Segovia, volvió a Madrid, escapó a Valencia, Barcelona y se exilió a Francia, donde finalmente moriría a los 63 años.
Lo que más me gusta de Machado es su evolución, ya que nunca rompe con lo que ha hecho antes, sino que lo transforma, generando un estilo inconfundible, a la vez que vivo, en sus poemas.
De primeros poemas, detecto el germen del Machado que se irá desplegando, en varios intentos por capturar emociones humanas universales en diálogo simbólico con el paisaje y el tiempo. "Yo he visto mi alma en sueños.../ Era un desierto llano/ y un árbol seco y roto/ hacia el camino blanco".
En Soledades (incluyendo Soledades, Galerías y otros poemas), ya se mete de lleno en el modernismo, con poemas que destaco como "En la miseria lenta del camino", "Nevermore", "El viajero" o "Y ha de morir contigo el mundo mago". El asunto es que el modernismo puro no es el traje de su talla, ese objetivo final de la belleza a través del poema que se evade de la realidad. Eso sí, arrastrará hasta el día de su muerte la faceta modernista del simbolismo y la melancolía.
En Campos de Castilla, Machado lleva al extremo el diálogo con el paisaje hasta unirse con él, una extensión de su instrucción krausista-panteísta en la Institución Libre de Enseñanza, como se ve claramente en el magnánimo "A un olmo seco". Personalmente, he de reconocer que Machado me aburre un poco en Campos de Castilla, no llego a conectar con él. Sin embargo, hay unos pocos poemas cumbre de la poesía española que justifican el resto de la obra, porque son precisamente el camino necesario para entender que Machado se hace al andar. Así, además de "A un olmo seco", tenemos "Retrato", "Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería", "El mañana efímero" y algunos de sus archiconocidos Proverbios y Cantares gracias a Serrat ("Nunca perseguí la gloria", "Caminante, son tus huellas", "Todo pasa y todo queda").
En este libro, también se desata, desde la soledad de su yo lírico, la preocupación por España, encarnada en sus paisajes, el clásico de la Generación del 98. Machado se describe a sí mismo como "y , más que un hombre al uso que sabe su doctrina, soy, en el buen sentido de la palabra, bueno". Es un tipo sencillo, casi profético, cuando anuncia "y cuando llegue el día del último viaje,/ y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,/ me encontraréis a bordo ligero de equipaje,/ casi desnudo, como los hijos de la mar". Este hombre se encuentra con una "Castilla miserable, ayer dominadora,/ envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora"; "son tierras para el águila, un trozo de planeta/ por donde cruza errante la sombra de Caín". En este contexto, "brotas derecha o torcida/ con esa humildad que cede/ solo a la ley de la vida,/ que es vivir como se puede". Al perder a su Leonor Izquierdo, con la que se casó cuando él tenía 34 años y ella 15, nuestro amigo Machado se ve condenado a la soledad, "tan pobre me estoy quedando/ que ya ni siquiera estoy/ conmigo, ni sé si voy/ conmigo viajando a solas". Es una soledad existencial, que llega a los huesos, y que se revela en "una triste expresión, que no es tristeza,/ sino algo más y menos: el vacío/ del mundo en la oquedad de su cabeza". Aunque es un poeta calmado y espiritual, Machado se revuelve frente a lo que percibe: "¡Señor, por quien arranco el pan con pena, sé tu poder, conozco mi cadena!". Pese a todo ello, se confiesa esperanzador, en tanto a que "mi corazón espera/ también, hacia la luz y hacia la vida,/ otro milagro de primavera".
Creo que el propio Machado lo dice más directamente en sus notas autobiográficas de 1913. "Tengo un gran amor a España y una idea de España completamente negativa. Todo lo español me encanta y me indigna al mismo tiempo. (...) Mi pensamiento está generalmente ocupado por lo que llama Kant conflictos de las ideas trascendentales y busco en la poesía un alivio a esta ingrata faena. En el fondo soy creyente en una realidad espiritual opuesta al mundo sensible."
En el resto de su poesía, continúa en la misma línea, quizá algo más tendente a lo social, pero más o menos lo mismo. Quedan fuera de Campos de Castilla algunos poemas que a mí me gustan, que son "En dónde sobre piedra aborrascada" y "Esta luz de Sevilla". De sus Nuevas canciones, sí que creo que el proverbio "mas el docto no sabía/ que hoy es siempre todavía", rescatado en el prólogo del Prometeo de Luis García Montero, está a la altura de sus mejores poemas, aunque no sea yo muy fan de los minipoemas. Finalmente, de sus poemas en tiempos de la Guerra Civil, destaco "De mar a mar entre los dos la guerra".
Si por algo destaca Machado es por lo que dice. En líneas generales, Machado puede parecer un poeta directo y subjetivo, pero hay mucha filosofía en lo que dice, como se deja entrever en sus "Meditaciones rurales". Las ideas krausistas de su formación en el ILE fomentaron en él un espíritu crítico, la armonía entre el ser humano y el universo, y la unión de ética y estética; todo esto se nota en su profundo amor por la naturaleza y su interés por la regeneración cultural y moral de España. Las ideas del filósofo francés Henri Bergson, especialmente sobre el tiempo y la intuición, tuvieron un impacto notable en Machado, que eventualmente repercutirá en María Zambrano, hija de su gran amigo Blas Zambrano. La noción de "tiempo vivido" o "duración" de Bergson resuena en la poesía machadiana, como se ve en los versos que dicen que "el vano ayer engendrará un mañana/ vacío y ¡por ventura! pasajero". Su mirada subjetiva también nace de la influencia de autores románticos como Bécquer o Rosalía de Castro.
Al mismo tiempo, Machado bebió profundamente de la tradición poética española, desde los clásicos como Jorge Manrique y Fray Luis de León hasta los poetas populares y los cantares tradicionales. Esto se traduce en su preocupación por lo esencial y sencillo, y en su capacidad para expresar emociones profundas con un lenguaje accesible y natural.
No destaca Machado por sus innovaciones formales, pero sí que he de destacar que tiene una métrica juguetona que va acorde con lo que expresa. Su obra pasa de una poesía de corte modernista y simbolista en "Soledades" a un tono más austero y reflexivo en "Campos de Castilla", y finalmente a una madurez marcada por la introspección y la preocupación ética en sus últimos poemas. En toda su obra, la elección métrica está al servicio del tono y el mensaje del poema, desde la musicalidad inicial hasta la austeridad y la sobriedad finales. A veces me recuerda un poco a Rosalía de Castro en sus ritmos y penas.
Con respecto a la Antología, mi edición es la de Poesía de Alianza Editorial está estupenda, con el añadido de su último verso que me parece un detalle top. Me falta "El crimen fue en Granada", eso sí.
En conclusión, hay 10/15 poemas de Antonio Machado que son de lo mejor, sin los cuales el resto de su obra, para mí de no mucho interés, perdería cualquier tipo de sentido. Tengo que echarle un vistazo también a sus escritos de Juan de Mairena. Pero, como existen, recomiendo encarecidamente caminar junto a don Antonio.