Síndrome fatal,
de Richard Neely.
Reseña.
Es increíble como de no habérsele ocurrido a unos japoneses hacer un videojuego y nombrar algunas calles de su ciudad ficticia con apellidos de escritores, quizás nunca me haya topado con Richard Neely. Si bien me costó mucho encontrar información sobre él (no ayudó que Wikipedia diera resultados sobre otra persona con el mismo nombre), pude dar con tres libros traducidos al español. Hoy les vengo a hablar del primer contacto que tuve con el autor, y el por qué seguiré leyéndolo.
Todo comienza con dos polos opuestos que se unen: un retraído social y un hombre que rebosa de carisma. La eficiencia laboral los lleva a realizar pequeñas bromas, y lo que en un momento parece que evoluciona a broma pesada, se convierte en una afrenta personal. Y ese será el tono con el que, a través de los distintos puntos de vista de los personajes, la novela irá creciendo a un ritmo vertiginoso.
Si, hay varios puntos de vista donde nos adentramos en las mentes del desgraciado, el perpetrador, y el investigador. Desde el primer segundo sabemos quién ocupa cada uno de estos roles, por lo que no hay misterio en cuanto a quién es el culpable, ya que el mismo libro nos lo muestra en primera plana llevándonos de la mano. Sin embargo, sabemos que hay algo más allá de las tres personalidades, y mientras el caso dentro del libro se basa en el “quién”, para nosotros los lectores se centra en el “qué”.
Constantemente la novela nos plantea dos líneas paralelas, y el cómo lo desarrolla, es simplemente maravilloso. El débil y el fuerte. La víctima y su vengador personal. Dos caras que se contraponen, pero que se complementan tanto que uno no puede existir sin el otro. Ambos lados se necesitan, surgiendo así la dualidad entre querer hacer lo correcto, pero estar atado por la necesidad de tener como aliado a alguien tan peligroso.
Es cierto que el giro final no sorprende para nada, e incluso se ve venir desde muy lejos, pero este es uno de esos libros que brillan más por la construcción y los hechos que por su resolución. Que por cierto, si bien es predecible, eso no le quita que sea magnífica.
Conclusión:
Puntaje técnico: 4,5⭐
Puntaje sentimental: 4,8⭐