La Fábrica de Cretinos Digitales" se destaca como un extraordinario ejercicio de documentación con más de mil referencias, invitándonos a una exploración profunda.
El autor expone con claridad y sin edulcorantes la inquietante realidad del mal uso de las pantallas, arrojando luz sobre la desfachatez y los intereses que minimizan la gravedad del problema en la actual generación digital.
Aunque no aporta novedades, confirma nuestras sospechas con una verdad cruda.
Como testigo del nacimiento de la revolución digital, destaco la posición crucial de los padres actuales, bisagra entre lo analógico y lo digital.
El libro subraya la responsabilidad que tenemos para proteger a nuestros hijos y a las generaciones futuras, advirtiendo sobre el peligro de caer en la distracción, el entretenimiento vacío, la falta de curiosidad, la apatía y el empobrecimiento vital.
Una lectura esencial para aquellos preocupados por el impacto tecnológico en el futuro.
¿Dónde están los estudios que aseguran que la práctica de los videojuegos de acción ayuda a los individuos a mejorar sus competencias dentro de un equipo de cirujanos?
¿Dónde están las investigaciones que concluyen que World of Warcraft y compañía optimizan el trabajo cooperativo del jugador dentro de una orquesta sinfónica, de un equipo de fútbol, de un grupo comercial o del personal de una cocina?
En ninguna parte, evidentemente.
¿Acaso es esto una sorpresa, si sabemos que, una vez más, la capacidad de cooperar y trabajar en equipo depende fundamentalmente de que se posea una competencia precisa para la disciplina?
Si se quiere que un colectivo sea eficaz, cada individuo debe ser capaz de fundirse en la melodía cinética del conjunto.Pero, para ello, también es necesario que cada cual sea capaz de realizar con eficacia su parte específica de la obra, de interpretar las maniobras del grupo, de determinar cuál es el nivel de avance con respecto a los objetivos establecidos, etc.
¿Cómo se podrían adquirir estas competencias tan específicas jugando a un videojuego de acción con un puñado de amiguetes?
En definitiva, afirmar que la práctica de los videojuegos de acción mejora la capacidad de trabajo en equipo parece tener su origen en la fabulación —en el mejor de los casos— o en la hipocresía propagandística en el peor de ellos.
HOMO DIGITALIS
LA REALIDAD: UNA INTELIGENCIA FRENADA Y UNA SALUD EN PELIGRO
Ninguna otra generación en la historia de la humanidad ha abierto nunca una brecha tan grande entre sus condiciones materiales y su nivel intelectual.
MARK BAUERLEIN, profesor universitario
Si queremos delimitar con precisión el comportamiento digital de los menores, debemos tener en cuenta otras características, más «ambientales», entre las que cabe citar, en primer lugar, la facilidad de acceso a los distintos tipos de pantallas: disponer de varios televisores, consolas, smartphones o tabletas en casa favorece su consumo, sobre todo si se encuentran en la habitación del niño.
Dicho de otro modo: si usted, lector, desea potenciar al máximo la exposición de sus hijos a los dispositivos digitales, regáleles un smart-phone y una tableta y asegúrese de que su cuarto esté equipado con televisor y consola. Recuerde que esto les arruinará el sueño, la salud, y el rendimiento escolar, pero al menos ellos estarán tranquilos y le dejarán a usted en paz.
El aprendizaje no surge de la nada, sino que se va produciendo gradualmente, a través de la transformación, la combinación y el desarrollo de las competencias ya adquiridas, así que obstaculizar la construcción de los primeros armazones, sobre todo durante los «períodos sensibles», pone en peligro toda la evolución posterior.
Los estadísticos conocen este fenómeno como el «efecto Mateo», en referencia a una memorable sentencia bíblica:
«Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene».«La idea es muy sencilla: la naturaleza acumulativa del saber conduce mecánicamente a un incremento progresivo de los retrasos iniciales, fenómeno que se ha documentado en infinidad de ámbitos, desde el lenguaje hasta el deporte, pasando por la economía y la carrera profesional.
Para crecer adecuadamente, nuestros hijos no necesitan ni a Apple ni a los Teletubbies, sino al ser humano.
Necesitan palabras, sonrisas, abrazos.
Necesitan experimentar, mover si cuerpo, correr, saltar, tocar, manipular formas variadas. Necesitan dormir, soñar, aburrirse, dedicarse al juego simbólico.
Necesitan contemplar el mundo que los rodea, interactuar con otros niños.
Necesitan aprender a leer, a escribir, a contar y a pensar.
El lenguaje es la piedra angular de nuestra esencia como seres hu-manos. Se trata de la última frontera entre nosotros y los animales.
Gracias a él, fundamentalmente, pensamos, nos comunicamos y registramos los conocimientos importantes. Además, existe un estrecho vinculo entre el desarrollo del lenguaje y el rendimiento intelectual. Como explica Robert Sternberg, profesor de Psicología Cognitiva en la Universidad Yale, «el vocabulario [un reflejo bastante fiel del nivel general de desarrollo lingüístico] constituye, probablemente, el mejor indicador específico del nivel de inteligencia general de una persona.
Dicen que escribir calma, pero me temo que no siempre es así. En ocasiones, las palabras no hacen más que avivar la cólera: se empieza exasperado y se termina completamente fuera de sí. Este libro es un buen ejemplo de ello. Al principio, cuando mi lectura de la bibliografía sobre este tema era aún fragmentaria, apenas sentía una raga irritación. Después, a medida que iba analizando un volumen en constante crecimiento de estudios científicos inquietantes, por una parte, y una oleada de discursos públicos cada vez más lamentable, por otra, esa sensación se fue convirtiendo poco a poco en una rabia sorda y fría. Lo que estamos haciendo padecer a nuestros niños no tiene perdón. Probablemente nunca antes en la historia de la humanidad se había llevado a una escala tan amplia un experimento de descerebración como este.