«El mundo arde en nuestro interior, no fuera de nosotros». Richard Hieck, auxiliar de investigación en el observatorio astronómico y aspirante a doctor en Matemáticas, lleva grabadas a sangre y fuego estas palabras que su padre –ser misterioso y siempre ausente– le dijo cuando era pequeño, palabras que cifran un enigma al que este científico, enamorado de la claridad y la solidez de las matemáticas, es incapaz de sustraerse.
Richard mantiene una relación especial con dos de sus hermanos: Otto, vitalista, bohemio y pintor frustrado, y Susanne, que lleva años preparándose para ingresar en un convento. Los tres parecen encarnar, en última instancia, tres maneras de acercarse al misterio del mundo, tres búsquedas de la verdad: el arte, la religión y el conocimiento puro. Sin embargo, el respeto y la fascinación que Hieck siente por las matemáticas tampoco parecen saciar una sed más profunda, más secreta, una sed que el amor y la muerte (ambos golpeando siempre de la manera más imprevista e intempestiva) acrecentarán. ¿Dónde queda la vida? ¿Dónde su sentido insondable, ese «valor desconocido» que ninguna ciencia puede computar, que ningún saber puede abarcar? Al final, como al principio, sólo queda el vértigo de la existencia.
Con esta deliciosa novela, publicada en 1933 e inédita hasta el momento en nuestra lengua, Hermann Broch, uno de los grandes escritores europeos del siglo xx, nos propone una visión del mundo académico no exenta de crítica y humor y plantea cuestiones (¿cómo conciliar razón y pasión?, ¿cómo vivir?) que siguen siendo tan acuciantes en nuestros días como lo eran en la Europa de entreguerras.
Broch was born in Vienna to a prosperous Jewish family and worked for some time in his family's factory in Teesdorf, though he maintained his literary interests privately. He attended a technical college for textile manufacture and a spinning and weaving college. Later, in 1927, he sold the textile factory and decided to study mathematics, philosophy and psychology at the University of Vienna.
In 1909 he converted to Roman Catholicism and married Franziska von Rothermann, the daughter of a knighted manufacturer. This marriage dured until 1923.
He started as a full-time writer when he was 40. When "The Sleepwalkers," his first novel, was published, he was 45. The year was 1931.
In 1938, when the Nazis annexed Austria, he emigrated to Britain after he was briefly arrested. After this, he moved to the United States. In his exile, he helped other persecuted Jews.
In 1945 was published his masterpiece, "The Dead of Virgil." After this, he started an essay on mass behaviour, which remained unfinished.
Broch died in 1951 in New Haven, Connecticut. He was nominated for the Nobel Prize and considered one of the major Modernists.
“El mundo arde en nuestro interior, no fuera de nosotros”.
Mi primer encuentro con este autor ocurrió hace siete años y entonces representaba para mí una especie de desafío lector. Esta primera aproximación me dejó un sentimiento de insatisfacción al no poder alcanzar una comprensión de lo que Hermann Broch (1886-1951) me quería comunicar a través de los casi 100 años del transcurso de esa obra llamada “Esch o la Anarquía”, perteneciente a la trilogía “Los Sonámbulos”; obra fundamental y muy celebrada por los conocedores de la obra de este brillante autor austríaco. Siete años después me vuelvo a citar con el gran Hermann Broch, ahora con una obra más corta, tal vez menos compleja pero no por eso menos densa. Esta novela fue publicada en 1933 un año después de la trilogía mencionada.
La historia arranca en el año 1926 y está envuelta por la presencia de las Matemáticas y de la Física. El personaje principal es Richard Hieck, un científico que se desempeña en este campo y quien busca explicar y abarcar el mundo y la vida a través de la ciencia. Busca trabajosamente dominar todo desde el pensamiento matemático y también una explicación a la existencia a través de lo cuantificable. El relato transcurre entre su vida académica y su vida familiar, aderezada con algunos escarceos amorosos. El padre ya fallecido le dejó algunas huellas profundas imprimiendo una sombra oscura en él. La vida de Richard deja traslucir la búsqueda de un anhelo, de un camino personal, así como el intento de dar solución a una interrogante: ¿la ciencia puede responder a las grandes preguntas existenciales que se hace el ser humano?
La vida de Richard contrasta con la de sus hermanos, en especial con la de Otto quien es un bohemio centrado en vivir la vida mundana y práctica, sin incurrir en aspiraciones que vayan un poco más allá de lo terrenal, esto a la postre le deja un sentimiento de hastío. Su hermana Susanne vive en un mundo celestial y místico y en este sentido busca respuestas en el más allá. Debido al mundo estrictamente terrenal en el que vive Otto, Richard piensa que su hermano es el que menos padece esta existencia plagada de dudas e incertidumbre para quienes se la cuestionan desde otros ángulos que no sea estrictamente el terrenal. ¿No es Otto el que de verdad tiene vida? ¿Para qué pensar y esforzarse en ideas y teorías que no son del todo útiles en esta existencia? ¿Para qué invertir en esfuerzos intelectuales o de fe cuando el mundo práctico se nos ofrece a diario y en la superficie?
Poco a poco Richard empieza a convencerse de que hay una poderosa fuerza que flota en el mundo y escapa a lo calculable y también concluye que no se puede mantener separada la cabeza del resto del cuerpo, el ser humano está alimentado igualmente por lo animal y por lo intelectual y esto es innegable.
Una idea recurrente que atraviesa toda la novela es aquella que nos habla de que venimos de la noche y que vamos hacia la noche, esta idea acompaña incluso a quienes dedican su vida al conocimiento: hemos nacido de la oscuridad y hacia ella regresamos. Esto es una alusión a “La Canción de Medianoche” del Zaratustra de Nietzsche y que Mahler utilizó en su Sinfonía 3.
La novela tiene muchas descripciones, abstracciones y meditaciones que se mueven entre lo intelectual y lo poético a través de las cuáles Hieck trata de salir adelante a la sombra del catedrático Weitprecht y del pintoresco e irónico Doctor Kapperbrunn quienes tienen un papel importante en la vida de Richard al igual que su familia y un par de muchachas de su Instituto.
Imagino a Herr Broch, antes de su exilio, fumando su pipa en su casa, en la soledad de la noche, tranquilo, sereno, pensando en lo que abarca y resuelve la ciencia, en lo cuantificable y predecible mediante modelos, en los valores estadísticos, en el movimiento de los astros, en la soledad del corazón en donde todo es absoluto, en lo que escapa del conjunto de causas y leyes y también repasando “La Canción de Medianoche" de Zaratustra de Nietzsche (1844-1900) y al mismo tiempo resuena en su cabeza el cuarto movimiento de la Tercera Sinfonía de Mahler (1860-1911) que contiene esa letra de Nietzsche. Tras esto Hermann Broch concluye que hay un valor desconocido que no contempla la ciencia y que sólo le corresponde a lo humano: los sentimientos. Y con esto en mente se da a la tarea de construir una novela llamada así: El Valor Desconocido.
Hace tanto, pero tanto tiempo que leí a Hermann Broch, que no recordaba esa prosa precisa, ese bisturí con el que disecciona el alma de los personajes. Lo que me habría gustado es que esa habilidad quirúrgica hubiera estado más al servicio de revelar la dinámica familiar de los Hieck (que vaya tela), y no tanto al del conflicto existencial y filosófico de los personajes centrales, que a ratos se me hace un poco repetitivo. Además, los personajes femeninos quedan un tanto desplazados. Esta claro: cada uno de los hermanos ha elegido un camino para estar y sentirse en el mundo, pero si sabemos de qué pie cojean Richard y Otto, ¿por qué no podemos saber lo que sucede realmente en la cabeza de Susanne? La verdad es que no había contextualizado esta novela hasta leer, a posteriori, la sinopsis y ver lo del nihilismo de entreguerras, los valores en decadencia. Debe de haber mucho hilo ahí que devanar, y yo no he sabido hacerlo ni tampoco tenía muchas ganas. Menos mal que la traductora, Isabel García Adánez, te echa un cable y te mete esas notitas tan reveladoras acerca de las referencias que hay repartidas por todo el texto, a Freud, a Nietzsche...
I felt a strong connection to the character of Richard Hieck. He is drawn to mathematics as a way of connecting with his mysterious and eccentric deceased father and as a pathway to addressing the deeper philosophical issues of human knowledge. But he needs more, and seems to find a way to fill the gap with love. The spirituality of his sister Susanne contrasts with his quest for knowledge and love, but also complements it and completes it. And all of the themes of knowledge, love, spirituality and seeking come together at the end with death. There is a lot going on that Broch manages to compress into 175 pages. I am looking forward to reading his other books, The Sleepwalkers and The Death of Virgil.
In matematica, un problema è ben posto, secondo la definizione data da J. Hadamard, se esiste una soluzione ed essa è unica e inoltre se c'è una dipendenza continua dei dati. Quindi perché un problema sia ben posto occorre scegliere uno spazio in cui esistono le soluzioni e un altro spazio in cui assegnare i dati del problema. Facendo un altro passetto indietro, perché un problema sia ben posto occorre dire chi sono le incognite.
Come si può impostare correttamente, nella propria vita, il problema della morte, quando a morire è il proprio padre? Succede questo a tre fratelli, Richard, Susanne e Otto, quando si ritrovano da un momento all'altro senza più il padre. Ecco che Richard Heick si rifugia nelle algide sfere della matematica: chissà perché per me sono tutto fuorché algide! E al posto di Richard avrei fatto la stessa cosa. Anzi, ho proprio fatto la stessa cosa. Quando mio padre morì avevo solo diciannove anni e mi ero iscritta da due mesi al primo anno di matematica. Anche io, come Richard, ho provato a risolvere così la mia vita, ricorrendo alla potenza della matematica: "Richard si sforzò ancor di più. Com’era quella faccenda della matematica? Dinanzi a lui si estendeva all’infinito una limpida rete di luminose verità e bisognava procedere a tentoni, di nodo in nodo, sì, era una cosa del genere, un intreccio celeste complicato come il mondo, un intreccio che bisognava sciogliere per possedere, alla fine, la realtà. “La matematica si insinua dappertutto” disse alla fine, e con sorpresa di Kapperbrunn si fece patetico: “Già solo il fatto che io sia in grado di contare le cose è un pezzo di matematica nascosto dentro la realtà”."
Susanne ricorre invece alla fede (che non è poi così distante dalla matematica: è un altro modo di ricercare la verità). Otto, invece, si rifugia nei piaceri: "Richard tendeva a fare un parallelo tra il suo rapporto con lei e quello di lei con Otto: doveva raffigurarseli come delle figure geometriche simili, benché sapesse che le cose della vita non sono così semplici e men che mai si lasciano raffigurare così semplicemente. “Non c’è nulla di semplice” disse. Tutti i rivoli della vita, tutti i rivoli del ricordo e dell’oblio sfociano nel silenzio della notte. Gettato sulla terra, l’uomo respira e il suo sogno si leva dalla Terra verso l’alto. Ma lo spazio respira? Si espande miliardi di volte e si contrae in quel punto piccolissimo in cui perde la propria natura di spazio e si trasforma nella solitudine del suono?"
Richard prova, attraverso la matematica, a capire i meccanismi della vita: "Ah, la vita, nube tempestosa della vita, rombante, rombante al suo passare, sacra. Anche la scienza è sacra e anch’essa reca in sé la sacralità della vita. Non la abbandoni, gli aveva detto la voce rotta di Weitprecht. Ma la sacralità della morte è l’amore: solo la morte e la vita insieme compongono la totalità dell’essere e la conoscenza del tutto riposa nella morte. Non c’è nulla di patetico in questo, pensava Richard, e in verità non c’è neppure granché di religioso."
La vita però non si può governare nella sua totalità con la matematica, semplicemente perché hanno nature diverse; in fondo è come tentare di trattare l'incommensurabile, con strumenti di natura commensurabile. Questo è impossibile: "Tutto dipende dal riuscire ad afferrare l’incommensurabile per mezzo di ciò che è commensurabile, e se questo non riesce ci resta soltanto la rigida separazione delle due parti. Ma come si poteva agire correttamente, se fra di esse correva una linea di divisione? Ripensò allo strano discorso di Weitprecht a proposito del cuore attraverso cui si pecca e si viene puniti, considerò che il cuore sta fra la parte superiore e quella inferiore come la risultante in un parallelogramma di forze, ma benché questo fosse abbastanza plausibile non riuscì a farsi alcuna idea in proposito. Meglio separare le parti. Con un taglio rapido e netto."
Alla fine sarà l'amore l'incognita mancante a dare un senso a tutto: "Camminarono uno accanto all’altra. Talvolta le loro dita si sfioravano. Da una parte all’altra passava una corrente di perdono. Lui guardò il suo viso serio e infantile e la tenera ruga fra le sopracciglia, e si innamorò di quel viso. Cercò di pensare a Susanne, ma non riuscì a trovarla. Il tempo volgeva rapidamente al sereno. Quando alzò gli occhi verso le file delle case, le finestre risplendevano nel sole."
Novela que me ha interesado más bien poco y que, durante un segmento importante, tan poco me ha interesado que he leído de forma distraída, prestando la atención mínima.
Los fundamentos se intuyen atrayentes, con potencial. Tenemos a tres hermanos. Richard es de composición corporal gruesa, es un aplicado estudiante de Matemáticas en una universidad y trabaja como auxiliar en un observatorio astronómico. La contemplación del cielo constituye para él un gran placer, cree observar ahí cierto orden y coherencia. Su hermana Susanne se está preparando para ingresar en un convento. Y ahí se observa una clara dualidad: Richard observa el cielo de forma científica y Susanne desde la fe. Luego está Otto, que es un poco bala perdida, de temperamento agitado, pero es bueno en los deportes. Por lo tanto tenemos otra dualidad: Richard es la mente y Otto el cuerpo.
A banda de lo anterior, durante la narración hay un denodado esfuerzo por combinar la búsqueda de las grandes abstracciones matemáticas con los hechos cotidianos del día a día, el estudio intelectual con la pasión y lo eterno con lo inmediato. Y más cosas.
El problema que le encontré, pienso, es que los diálogos y escenas me resultaron un tanto pederestes, los personajes me despertaron nulo interés, la escritura me pareció acartonada y los intereses científicos de los personajes no son ni apuntados de forma general, apenas un par de pinceladas dispersas y genéricas como para resultar convincente. Si alguien ha leído Un verdor terrible comprende que no hace falta entrar al fundamento de las teorías de la física o las matemáticas para perfilar los intereses intelectuales de sus personajes, basta con unos pocos apuntes bien explicados y de ahí desarrollar la narración. Broch en este caso no alcanza tal punto, se queda en un punto tan imberbe que casi me hace pensar que esta novela se acabó de forma apresurada, cuando es obvio que todavía le falta una o dos horneadas, para que su autor pudiera finiquitar un proyecto y dedicarse a otros más ambiciosas y posiblemente más de su interés.
En 'El valor desconocido' ya vemos los temas que perfilarán toda la narrativa posterior de Hermann Broch: los metafísicos, como la obsesión por la muerte y el no-ser, el conocimiento del absoluto desde la vida y el ser; los simbólicos, como la madre, la vida manifestada en el amor o el ascetismo vacuo; así como los morales, como la crítica a la sociedad aburguesada y a su "placer digno de lástima", como diría Nietzsche. Esta novela supone, en fin, un campo donde Broch despliega sus cartas, aunque aún es conservador en la forma y recurre a una estructura más o menos convencional. En cualquier caso, consigue su propósito y retrata al ser humano, vivo y mortal, atravesado por los conceptos que le sobreviven y le señalan un conocimiento al que aspiramos, pero al que estamos condenados a ignorar. El conocimiento busca más allá de la muerte, pero la vida está aquí y se manifiesta en el amor.
"...también él era un siervo, pero ¿dónde estaba el dios al que servía? Inexcusablemente instado a servir, empujado a un servicio cada vez más duro, estar al servicio de un conocimiento que no era capaz de abarcar, ése era su sino".
"...demostró por enésima vez que que incluso la matemática y la física, a pesar de su aparente exactitud irrefutable, en realidad conducían de nuevo a estos últimos problemas de los límites del conocimiento, y demostró que solo por tales problemas merecía la pena vivir una existencia entregada a alguna de las ciencias, es más: que sólo así merecía la pena vivir".
"Oscura rumorea la vida en alguna parte, infinita, inalcanzable, inasible".
"...lo que sucede dentro de la cabeza se puede prever, es luminoso y digno de ser perseguido, y lo que sucede de cabeza para abajo es oscuro y nocturno en su naturaleza imprevisible".
"Vergilius'un Ölümü" romanındaki ince işçilik yok, ancak Broch bu romanı da zekice tasarlamış. Astronomiye meraklı matematikçi kahramanımız Richard Hieck pozitivist aklı, zaman zaman ortaya çıkan, küçük odasını adeta bir şapele çevirmiş dindar kızkardeş Susanne da metafiziği temsil ediyor. Sade ve etkili bir anlatımı var romanın. Üç bölümden oluşuyor. Roman, romanın film uyarlaması için senaryo ve Broch'un romanla ilgili yorumları. Gerçek bir edebiyatsever olduğunuzu düşünüyorsanız okuyun, ancak yaz tatilinde şöyle keyifli bir roman okumak istiyorsanız tavsiye etmem; bu beklentinizi karşılamaktan uzak bir roman.
Maravilloso. Los límites del mundo en el sentido más wittgensteiniano posible, la necesidad de otras leyes que rijan a la vida además de las de la lógica pura. El amor como conocimiento, “ley sin necesidad de demostración”.
«La fundamentación última de la matemática está fuera de la ciencia matemática y, sin embargo, sigue estando en ella, la divina meta del ser está fuera del ser, el fin último del amor está más allá del amor, pero sigue siendo el propio amor... "Oh, novia de luz, oh, muerte oscura, extraña conjunción de las esferas.” »
"Ciò che sempre tornava ad impressionare Richard, era la sproporzione tra il fare e il fatto. Fiumi di chiarezza si riversavano nel suo cervello, si diramavano nei nervi e nelle vene, rendevano leggero il suo sangue e permettevano ai suoi occhi, rivolti a una contemplazione interiore, di guardare lontano; eppure il risultato di tutto questo splendido sfoggio era, nel migliore dei casi, un qualunque teorema scientifico di ambito limitato, era qualcosa che si poteva chiamare un principio matematico - che appena metteva conto di pubblicare -; era spesso semplicemente la soluzione di un piccolo problema, necessario per collegare tra loro altri più importanti problemi, ma in sé privo di significato. Ed anche quando le più audaci speranze della vita avessero trovato compimento, anche quando si fosse riusciti a scoprire una nuova disciplina matematica, come il calcolo infinitesimale di Leibniz, come la teoria degli aggregati di Cantor, anche quando si fosse trovato il miracolo della dimensionalità, di scoprire una logica priva di assiomi, tutto questo in fondo non avrebbe detto nulla: il risultato raggiunto sarebbe restato sempre una limitata ed esigua parte dell'invincibile montagna della conoscenza, sarebbe restato sempre una limitata parte dell'esperienza intuitiva e della visione cosmica e infinita, una piccola parte descrivibile dell'eterno indescrivibile. Come sempre la natura, nel suo processo creativo, aveva messo in opera uno sforzo immane, che superava miliardi di volte il risultato finale ottenuto"
Broch se sacude por momentos la extrema exigencia de unidad entre lirismo y exploración conceptual.
«… el segundo significado del mundo, ya apenas comprensible, no era expresable ni con fórmulas matemáticas ni con cualquier tipo de palabra (…) una realidad de segundo orden que ya no se correspondía con nada y, sin embargo, comportaba la evidencia de la verdad absoluta».
Inicialmente se hace un poco áspera, sobre todo sino entiendes de matemáticas y académicos, pero a medida que avanza la novela vas entrando en los personajes y en el tramo final es muy bueno y comprendes muchas cosas de Richard.
Questo romanzo di Broch, oggi forse introvabile, conferma la grandezza dello scrittore, che esplora il rapporto tra la conoscenza e la vita, che rappresenta l'incognita del titolo. Nell'emblematica famiglia Hieck convivono diversi approcci all'esistenza, tutti caratterizzati dalla paura della vita: chi non ne ha avuto paura se ne è andato. Solo l'irrompere della morte permetterà a Richard, il protagonista, di affrontare l'incognita. Forse nel libro manca la capacità di contestualizzare la paura di vivere rispetto alla situazione della Germania tra le due guerre: l'approccio è totalmente intimista. La traduzione di questa edizione è superba!
Può lo strumento delle rigorose e impeccabili dimostrazioni matematiche essere utilizzato come strumento di conoscenza non solo della realtà fisica, ma anche dei misteri della vita e della morte? Sicuramente un uso dogmatico e deterministico delle conoscenze scientifiche rischia di farne un argomento metafisico. Richard Heick, giovane fisico-matematico viennese, ”Per mezzo della matematica voleva ottenere qualcosa che si trovava al di là della matematica, così come Cristo stava al di fuori della Chiesa che lo serviva, ma non riusciva mai ad arrivare al di là degli scopi interni della matematica. Quindi la sua mèta dov’era? E dov’era il carattere univoco di quella mèta?” L’approccio di Heick è più vicino a quello della sorella Susanne che, in procinto di indossare la tonaca, interpreta il mondo secondo i dettami della liturgia, perché a Richard "la matematica [gli] appariva come la salvezza dal peccato, [ma] perché era convinto che nella matematica stessa potesse combinare qualcosa soltanto l’uomo che si teneva lontano dal peccato, qualsiasi nome gli si volesse dare” e ”All’improvviso gli fu chiaro: l’imprevedibile è il peccato nel mondo. Tutto quanto è sciolto dal nesso causale e dalle leggi, fosse anche un unico suono solitario vagante nello spazio, è peccato. Tutto ciò che è isolato è privo di senso e al tempo stesso è peccato.”, che a quello del vecchio professore Weitprecht, completamente immerso nei suoi lavori scientifici e avulso da ogni aspetto della vita pratica e relazionale, o del cinico assistente Kapperbrunn, ”poiché la sua struttura mentale era agli antipodi”. Nonostante ciò Richard Heick si pone delle domande, ”sì, anche lui era un servo, ma il Dio che serviva dov’era? Inesorabilmente obbligato a servire, era spinto avanti da un giogo sempre più pesante, il giogo della conoscenza che non era in grado di afferrare, questo era il suo destino. Lui e Susanne erano davvero vivi? La loro esistenza non era solo apparente? E i loro sforzi andavano forse nella direzione di una morte apparente? Non era Otto quello che viveva sul serio? Be’ sì, Otto se la passava meglio di loro. Venivano dalla notte e andavano verso la notte.” Broch mette in piedi un’architettura articolata e complessa, ricca di sfaccettature, a volte con una ridondante dose di riflessioni e interpretazioni del narratore che in certi punti appesantiscono la lettura, ma nel complesso si rivela una vera sorpresa.
Primer libro que leo sobre Hermann Broch. Leemos la vida de Richard, un doctor matemático que trabaja en un observatorio como ayudante. Nos lo muestran junto con su familia, su madre Katherine, su hermana Susanne, Roa hermanos que se han ido y su joven hermano Otto. Una de las premisas del libro es como todos asimilan la misteriosa y extraña figura de un padre opaco que de repente muere pero siembra una sombra en todos ellos que dan salida de distinta forma. Richard, el protagonista tiene una fe y casi pureza absoluta con la ciencia y las matemáticas, lucha con idea de conseguir un conocimiento absoluto, que le explique y aclare lo impredecible del mundo. Lo vemos crecer y enamorarse de Ilse, en una lucha por vivir una vida fuera del ámbito de la ciencia únicamente. La figura de Susanne está también buscando otro absoluto, pero en la vida religiosa, y a pesar de las diferencias, Richard se siente identificado con ella. El hermano joven Otto es la figura de lo impredecible, el único que realmente vive por el impulso y no tiene la seguridad de los otros hermanos. Cuando comienza a sospechar que su amigo Karl está con su madre, pierde la cabeza y quiebra a la familia. Kapperbrun, el profesor de la universidad, insta siempre a Richard a dudar y es escéptico de ese afán religioso por el conocimiento el cual puede acabar en una existencia solitaria y sin significado como el otro maestro: el viejo Weitchpracht. Al final es una novela que busca la oscuridad de sus personajes; de sus obsesiones personales en las cuales se escudan para no vivir, pero que al final vemos cómo lentamente se abren para aceptar un poco más de la esfera de la vida.
3.5/5 Çok sevdiğim yazarın bu romanı daha kısa ve belli bir karakter tipine odaklanmış. Roman zaten kısa ve ana karakter bir bilim insanı. Yazar bunu bilinçli bir şekilde tercih ettiğini amacının bir bilimsel roman yazmak olduğunu ve sadece bir karaktere odaklandığını romanın sonundaki yazısında ifade ediyor. Çok fazla yorum yapmaya gerek yok çünkü romana dair yazarın kendi değerlendirmesi var kitabın sonunda. Ben size bundan iki bölüm paylaşacağım.
"Bilinmeyen Değer romanının kahramanı, kendi bilimini bir tür modem rahip ideali olarak gören ve hayatını sadece 'saf bilgi'ye adamayı kendine amaç edinmiş genç bir matematikçidir. Roman, bunun yanı sıra, aklın kavrayamayacağı, ama buna rağmen eşit konumda bir 'duyu bilgisi'nin de olduğunu ve ancak her ikisinin birleşimiyle hayatın gerçek bilgisine ulaşılabileceğini göstermektedir."
"Bir entelektüelin, bu örnekte bilimsel bir insanın romanı, bilgi alanında o insan tarafından işlenmiş olan bilimsel materyalin, okurun önüne serilmesinden ibaret değildir. Edebi eser olarak anılma iddiasında olan bir şey, ruhun en basit temel içgüdüleriyle, doğum ve ölümle, aşk, doğa ve sosyal bağlılıkla, bunların ifade biçimlerinin ilk sembolleriyle ilgilidir, ama bilimsel materyalle ilgili değildir: Dolayısıyla matematikçi Richard Hieck’in romanı matematikle, o ruhsal asli kuvvetlerin kristalizasyon noktası haline geldiği ölçüde, diğer bir deyişle ruhsal olayların mekaniği içinde bizzat sembol değerine sahip olduğu ve matematiğin bilgi süreci, daha derin ruhsal dinamik olarak hizmet ettiği ölçüde ilgilenmelidir."
This entire review has been hidden because of spoilers.
Interesante visión crítica do mundo académico a través do protagonista, Richard Hieck; mágoa que non profundara máis no tema, aínda que está entretida a dialéctica entre física e matemáticas que poboa toda a novela. É curioso tamén como, case un século máis tarde, moitos aspectos dese eido permanezan sen lograr demasiados avances, dende o machismo ata a importancia que en realidade ten a búsqueda do coñecemento.
O relato vai intercalando episodios desa vida académica con outros da súa vida familiar. Estes últimos resultáronme menos interesantes, peor construídos. Busca contrastar a vida de Richard coa do resto da familia, e así coñecemos as interioridades do irmán Otto mais non as da irmá Susanne ou as da nai Katharine (son as persoas que comparten teito). Un erro de enfoque, ese; conseguiría unha novela moito mellor de ter integrado mellor ás mulleres na narración.
Es el primer libro que leo de Broch. Aprecié mucho la fluidez con que se lee, la estética de su escritura y la claridad con la que describe desde los ambientes en aquel pequeño pueblo Alemán, hasta los pensamientos de Richard que navegan las dimensiones de la ciencia, el amor, la familia, la vida. Es emotivo en varios momentos, sugerente con atisbos de nostalgia en otros, pero si duda es una lectura que se disfruta por su inteligencia y su calidez.
Las reflexiones en torno a la visión del mundo, de las matemáticas, del conocimiento, de la ciencia, de la vida, de la muerte, de la infinidad son maravillosas. Son pincelazos de genialidad, me hubiera gustado más de ellas y menos de algunos personajes, que si bien no estorban, no aportan mucho. Es un retrato interesante de la vida de un investigador.
Es una buena obra en general, con excelentes pasajes y citas, sin embargo no es una de las que te atrapan y no te sueltan, es más algo llevadero y para leer por convicción
The book only becomes interesting when the main character starts to mind/observe other humans around him. The first part is really difficult to engage with.
Probably a 3.5 star book. Not as great as his 'The Death of Virgil'. But very enjoyable, nonetheless. It has an understated quality, much like its characters, who plod through existence, dependent on each other much more than they realise.
Si bien no disfrute tanto su lectura en todas sus páginas, hacia el final de la novela se pone más intenso y decisivo todo. Siempre Broch hace que valga el tiempo invertido.