James Michener era el autor favorito de mi abuelito. Sentía gran pasión por todos sus libros (aunque explícitamente más por Centennial y Chesapeake) y todavía el año pasado le regalé Tales of the South Pacific. Puede que ése haya sido el último libro que haya leído en su vida. En mi caso, nunca había leído nada del autor, tal vez por considerarlo pasado de moda o porque me diera flojera agarrar una de las novelas conocidas por su masivo info-dump en cientos de páginas. Pero habiéndola leído, entendí dos cosas: por qué a Michener se le consideraba un autor de schlock o literatura desechable y por qué vendía como pan caliente.
The Novel es distinta a los ofrecimientos usuales del autor. En lugar de enfocarse con láser en una región y contar su historia desde los trilobites hasta el presente, se trata más bien de la exploración de cómo se hace una novela desde varios puntos de vista. No cualquier novela, claro, sino una novela que ligeramente parece del tipo de las que Michener solía escribir. De forma tangencial, también se aborda la escritura o el intento de escritura de otros tipos de novela a través de una serie de personajes centrales. El autor, su editora, un crítico y una lectora. Todo ambientado en tierras menonitas.
De lo más interesante es el abordaje de la industria editorial en ese momento, principios de los 90, con lo que se notan un poco las preocupaciones de la época: la temida pérdida de poder de los corporativos estadounidenses hacia Japón y la reunificada Alemania (tema que narró Crichton de forma bastante histérica en Disclosure o Acoso Sexual) y también el pico de la epidemia del SIDA. El trabajo de la editora, que creo que es el mejor personaje, es el que parece unir los cabos.
De estilo sencillo, creo que el principal problema es que Michener intentó hacer varias cosas, y en algunas de ellas no se llega a dilucidar qué pretendía. La parte del crítico explícitamente contiene una meditación sobre el mérito literario, la técnica de las novelas y el papel del escritor. Michener parece dejar sus conclusiones al lector, pero da la impresión de que él mismo no intenta en ningún momento seguir los principios que exponen sus personajes. Lo peorcito de la novela es la inclusión de una subtrama de misterio en el último 20% del libro que se siente apresurada, fuera de lugar, introducida a la fuerza y destinada a mover el final a un rumbo al final intrascendente.
En conclusión me pareció que Michener era un autor culto y pensativo, amigable con el lector y dispuesto a compartir información. A lo mejor demasiada, a lo mejor no muy definitiva, a lo mejor de forma no muy técnica. Y eso sí, algo pasada de moda.