Todo se fue al diablo. Y me encanta, pero lo sufro.
Empieza la batalla contra los habitantes de la isla, pero hay un momento justo antes que me dolió en el alma y es cuando despetrifican a Kinro y nota que no está Ginro. Es visible su tristeza cuando le cuentan lo que pasó y esa es quizás una de las razones por las cuales no duda en ir a la cabeza del ataque. La relación de estos dos es tan bonita porque son esos típicos hermanos que no se soportan por lo diferentes que son, pero que sin embargo darían la vida por el otro. Además recordemos que lo que impulso a Ginro a ayudar a Suika a sacar el laboratorio del barco fue ver la estatua de su hermano mayor, saber que tenía que ayudarlo. Se quieren un montón y a mi me encantan.
Después entre altas y bajas, Senku recurre a una última carta para intentar vencer a Mozu: traen de vuelta a Hyoga. Al buen desgraciado de Hyoga. Lo detesto, lo odio, no cabe en mi el odio que le tengo y si, estoy molesta de que haya vuelto a aparecer, pero al menos ahora los está ayudando. Pero puedo decir que perdió el número uno en mi lista de odio de Dr. Stone porque ese lugar se lo ganó el desgraciado de Ibara solo con existir. Su sola existencia me repugna, es asqueroso, incluso llegando al punto de petrificar a su mano derecha, Kirisame, solo por salir vencedor. Lo siento Hyoga, te quitaron el lugar a pulso y de corazón espero que te portes bien y no ganes ese lugar de nuevo.
Y para terminar, como si ya no sufriera lo suficiente, se quedan todos petrificados y todo vuelve a quedar, de nuevo, en manos de nuestro protagonista. Todo depende de Senku, todo vuelve a recaer sobre sus hombros y solo espero que pueda afrontarlo y que esto no lo venza. En resumen, este tomo tiene muchísimas batallas y eso a mi me encanta, es genial.