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Una de las mayores novelas de la gran escritora americana, «todo un clásico sobre el que aletea el Nobel» (Elena Hevia, El Periódico de Catalunya ).
«Este libro te romperá el corazón, lo sanará y luego te lo romperá de nuevo cada vez que te vuelva a la cabeza.»
Los Angeles Times
Los Mulvaney son un ejemplo de familia feliz. El padre es un hombre apuesto, trabajador y sensato; la madre, una mujer encantadora y dicharachera, y los hijos, Mike, Patrick, Marianne y Judd, el broche de oro a un matrimonio idílico. Viven en High Point Farm, una granja de ensueño que será su infierno a partir del día de San Valentín de 1976, cuando un oscuro suceso cambia por completo la vida de Marianne, y los Mulvaney inician su declive. El narrador de la historia es Judd, periodista y el menor de los hijos, quien revela la verdad de su familia y de un país entero.
Historia íntima y a lavez épica, Qué fue de los Mulvaney se disfruta como una buena pieza de jazz: un motivo recurrente, casi obsesivo, se amplía, cambia de tono, y al variar nos ofrece facetas siempre nuevas de una realidad que ya creíamos conocer. Al acabar de leerla, los Mulvaney se quedan con nosotros, como suele suceder con ciertas melodías que ya forman parte de nuestra vida.
La crítica ha dicho...
«Una implacable disección de una familia estadounidense ejemplar de los años setenta.»
Javier Martínez de Pisón, El País
«Oates, escritora que suena a veces para el Nobel, es muy hábil para resumir situaciones y estados de ánimo complejos con una sola frase o imagen. [...] Sin duda se trata de una gran novela.»
Javier Cercas Rueda, Aceprensa
«Leí este libro hace más de un año, pero esta familia todavía me obsesiona.»
Oprah Winfrey
«Qué fue de los Mulvaney no solo funciona por sus detalles y gestos meticulosos. [...]
Lo que nos hace volver a Oates Country una y otra vez es más fuerte y espeluznante: el extraordinario don de Oates por hacer de cada página una ventana, al otro lado de la cual juraríamos que vemos la vida misma.»
The New York Times
«Un retrato magníficamente detallado y variado de la vida familiar junto con una sucesión de escenarios dramáticos. [...] Sus personajes son reconocibles y eso hace que nos preocupen enormemente.»
Kirkus
Sobre la autora:
«La escritora más sólida, ingeniosa, brillante, curiosa y creativa del momento.»
Gillian Flynn
«Una maestra del diálogo afilado y de las descripciones vibrantes, Oates sigue siendo poderosamente fascinante.»
People
«Junto a Philip Roth [...], la máxima representante del realismo norteamericano moderno.»
José Antonio Gurpegui, El Cultural de El Mundo
«Novelistas como John Updike, Norman Mailer, Philip Roth y Tom Wolfe compiten por el título de Gran Novelista Americano. Pero quizá se equivoquen. Tal vez la Gran Novelista Americana sea una mujer.
657 pages, Kindle Edition
First published September 1, 1996
They say the youngest kid of a family doesn’t remember himself very clearly because he has learned to rely on the memories of others, who are older and thus possess authority. Where his memory conflicts with theirs, it’s discarded as of little worth. What he believes to be his memory is more accurately described as a rag-bin of others’ memories, their overlapping testimonies of things that happened before he was born, mixed in with things that happened after his birth, including him.
There were those times when the telephone rang, and she could not locate a phone amid the clutter. She rushed, she stumbled – for what if it was Michael Sr., her beloved husband of whom she thought, worried obsessively as the mother of an infant if physically parted from the infant thinks and worries obsessively of the infant even when her mind appears to be fully engaged, if not obsessed, with other matters.
During these mad dashes to the wall phone in the kitchen she hadn’t time to fall but with fantastical grace and dexterity wrenched herself upright in midfall and continued running (dogs whimpering, yapping hysterically in her wake, cats scattering wide-eyed and plume-tailed) before the telephone ceased its querulous ringing – though frequently she was greeted with nothing more than a derisive dial tone, in any case.

It's the way families are, sometimes. A thing goes wrong and no-one knows how to fix it and years pass and - no-one knows how to fix it.