Dos mujeres articulan décadas de amistad en torno a la pizza. Un niño de once años con mostacho trata de sobrevivir en el colegio. Los médicos de una prestigiosa clínica conspiran contra la sociedad occidental. Un enano tiene una cita. El viaje de fin de curso de una adolescente sale mal. Un profesor universitario trata de superar el pánico a sus alumnos. Una niña en plena mala racha descubre que puede mover objetos con la mente.
Sesenta relatos acerca de personas a la deriva queriendo decir una cosa pero diciendo siempre otra, almas en pena víctimas de los engranajes de la máquina y gente que aún sabe ver Lo Bonito entre medias de Lo Atroz. Voces delirantes obsesionadas con el dinero, el terror, el amor y los bollitos, que entrarán en tu cabeza para no salir jamás.
Sesenta mini relatos de humor extraño, afilados como el filo de una navaja y con cierta sensibilidad y buen oído para captar el idioma de una generación (la suya y la nuestra en parte) hundida en el lodo del consumismo y la obsesión por ser amados a cualquier precio. La mayoría de los relatos están narrados en primera persona con la intención de subrayar, con ironía y humor negro, la alienación de unos personajes encerrados en sí mismos, gravitando sobre ese agujero negro que es el yo, y buscando con obsesión escapar de la soledad y encontrar al otro a través del amor, la comprensión o la amistad. Sin embargo, las narraciones (en formas de monólogos, cartas y correos electrónicos... y con un estilo ridículamente informal), son truculentos viajes al centro de mentes quebradas por esa obsesión de ser queridos o amados pero que naufragan en ese terrible y oscuro reverso del amor: amores dominadores y obsesivos, amistades vampíricas, y un amargo poso de venganza y crueldad. Se trata de una radiografía deformada de nuestra sociedad robotizada, ensimismada y estupidizada, de la nueva generación de egocéntricos obsesionados con ser queridos y famosos, una cruel caricatura de la generación milénial reencarnada en un nuevo Narciso (el yo contemplando una fuente se reemplaza por nuestro yo reflejado en la superficie pulida y brillante de un iPhone). Frases hechas, tópicos, emoticonos... esta es la narración perfecta del posthumanismo: no veas, tía, lo flipas.
No quería que se terminara. Este libro es un microcosmos de outsiders, observadores, gente moderadamente feliz, con sus cosas, sus obsesiones, sus frustraciones. Aquí todo es pequeño e importante al mismo tiempo, tan cotidiano que parece de juguete. No hay grandes giros ni grandes melodramas y sin embargo hay relatos que, disfrazados de otras cosas, entran en el terreno de lo tristísimo. Aun así he querido quedarme a vivir en muchos de ellos. Algunos de mis favoritos: La piscina, Enciclopedia de cosas que nunca existieron, Supersol, No pensar nunca en la muerte, Treinta y dos escenas con el portero de tu edificio, Crack, La ardilla y el hurón, Nueva edad de piedra y Al final de la era mecánica.
Llevo días atrasando la lectura porque no quería llegar a terminármelo. Va directito a mi estantería de libros favoritos y mira que lo empecé siendo muy escéptica por eso de ser un «libro de relatos». Me quiero quedar a vivir en muchos de ellos. Qué de gente hay y qué de cosas hacen y qué de cosas les pasan. Con algunos te ríes (incluso aunque ese día no tengas muchas ganas de reirte), con otros te emocionas un poco. A veces me he visto reflejada en el texto. «Al final de la Era Mécanica» es un relato para leerlo y releerlo todos los días.
Varias veces, mientras leía este libro, he imaginado la siguiente escena: Peter Dinklage va a casa de Jorge de Cascante, llama a su puerta, y cuando este abre, le pega un cabezazo en los huevos.
Hay dos cosas que me han gustado mucho de este libro: una, que se refiere varias veces a Chamberí, que fue mi barrio durante unos quince años, y todavía a veces sueño que sigo viviendo allí. La segunda, que sus historias me hacen sentirme mirona y cotilla, y yo ya desde pequeña he sido mucho lo uno y lo otro pero las aptitudes jamás me han acompañado (estoy un poco sorda y siempre estoy en babia, así que nunca me entero de nada). Por eso agradezco que me faciliten las cosas, que me den el trabajo hecho. La verdad es que me dais hasta envidia los que conocéis a Jorge de Cascante desde Detrás de ti en el Museo del Traje, porque me gusta mucho lo que hace este chico. Digo «chico» pero a lo mejor es un sexuagenario de Matalascañas que fuma puritos Cafe Creme, no podemos saberlo. Vamos, yo no lo sé.
En este libro de relatos Jorge de Cascante explora las emociones humanas desde una perspectiva de lo secreto, lo tabú, lo que no nos atrevemos a decir aunque pase por nuestra cabeza porque es demasiado vergonzoso como para confesarlo. Expone a docenas de personajes que cuentan sus miserias en primera persona. Pero ellos, como nosotros a veces, no saben que sus miserias son miserables. El autor crea personajes anodinos que se creen especiales en hitos de sus vidas cotidianas que no son tales. Y lo hace usando la oralidad de una manera desnuda, retorcida y tan costumbrista que los capítulos parecen transcripciones de audio. Me encanta como estos antihéroes se enfrentan a sus cotidianidades, sin más herramientas que su suerte y su amor propio. No soy un gran fan de los libros de relatos: pero este me ha conquistado con esa capacidad suya de a veces hacerte reír y a veces hacerte sentir repulsión.
Los relatos de Jorge de Cascante igual te hacen soltar una carcajada que te rompen el corazón. Y a veces ocurren las dos cosas en el mismo párrafo.
Detrás de estas 70 historias hay personajes cotidianos, alienados y caricaturizados con los que, en el fondo, es imposible no identificarse. ¿Acaso no vamos todos a la deriva? Por eso nos llegan y no podemos dejar de mirarlos.
Por eso y porque son divertidísimos y hasta un poco perversos, pero también tiernos y reflexivos. Hay mucha nostalgia en estas páginas, mucha ironía y mucha literatura.
Que estuviera agotado en el puesto de la editorial en la Feria del Libro de Madrid quería decir algo. Como en su extinto blog homónimo y en su Detrás de ti en el Museo del Traje, tenemos aquí las crónicas excepcionales de la cotidianeidad de las gentes de Madrid, llenas de lugares comunes y actuaciones políticamente incorrectas que, sinceramente, no hacen tanta gracia hasta que llega el autor y te las estampa en el cerebro. Pero ese soy yo, que me enfado con el mundo y aprieto los puñitos con mucha facilidad.
En la otra cara de la moneda, la relectura de algunos de estos relatos, más que carcajada puede producir puñal que entra por el hígado y llega hasta el corazón ante la exposición de situaciones que contemplamos, vivimos y nos recuerdan que hace tiempo que dejamos de llevar el timón de aquella existencia que pergeñábamos en nuestras mentes adolescentes. Bueno, y ayer en el desayuno, qué demonios.
Devorado ayer en turno de mañana y tarde. Probablemente mi autor patrio favorito hoy junto a Santiago Lorenzo, porque lo que me gusta a mí que me enfrenten a mis fantasmas...
Descubrimiento literario como hay pocos (al menos para mí), será difícil que haya en 2019 otro libro que me guste tanto como me ha gustado este. Los textos más breves me recordaron mucho a Anne Carson y a Dorothy Parker, sé que de primeras suena a mezcla imposible pero hacedme caso, es una alquimia que funciona. A Cascante lo conocía por ser el editor del libro de Gloria Fuertes y, aunque aquella edición era impecable, no me esperaba esto en absoluto. Es buenísimo; fino, divertido y a ratos doloroso, tengo muchas frases apuntadas en mi libreta. Va para autor grande. Muchísimas ganas de leer lo próximo que escriba.
Sigo lo que escribe Cascante desde hace muchos años, mínimo 10-15 años, cuando él hacía fanzines sobre cine y observaciones entre ácidas y crudas, y colaboraba en muchos otros fanzines y revistas de comics, de sXe, de libros... recuerdo un zine guapísimo sobre ir en el autobús circular de la EMT y pensar en las conversaciones que tendría con los otros pasajeros si fuese parte de sus vidas. Su primer libro lo guardo como oro en paño... creo que es inencontrable, y este "Hace tiempo que vengo al taller y no se a lo que vengo" yo creo que es mucho mejor, más maduro y a la vez un poco un resumen de su forma de escribir, sus temas recurrentes (Madrid, la comida basura, las relaciones entre personas, el lenguaje, curros de mierda, la obsesión con cualquier hobby absurdo, etc.) y su muy particular visión de la realidad, me he reído mucho. Para mí es una de las voces fundamentales de la literatura española actual..., y sin duda una de las más personales.
Llegado a la página 137 creo que he tenido suficiente. (Más de la mitad: deber cumplido). Todo son cartas de amor flipadas, confesiones bizarras, matracas oligofrénicas: monólogos en el vacío, peroratas sin respuesta de personajes que han roto amarras y que apenas guardan ya vínculos con el resto de la sociedad. Los imagino como dibujos de Daniel Clowes.
Hay algo malsano en la acumulación de instantáneas mentales de sociópatas, algo así como una superioridad complacida, una presunción de estupidez, como si el libro nos confirmase que toda esa gente que nos cruzamos a diario está mal de la azotea, que todos los demás —nosotros no— están atrapados en sus tragedias de bolsillo, en sus fantasías catódicas y en sus pasatiempos pop. No le he visto la gracia, aunque sí he subrayado algunas frases salerosas.
En la contraportada vienen unas declaraciones del escritor Santiago Lorenzo en las que dice que este libro es "Un chorro de risa brutal", y yo no podría estar más de acuerdo. Haría énfasis en lo de "brutal", y no solo por la intensidad, sino por la mezcla de emociones que vienen con esa risa continuada que se mantiene durante toda la lectura. Hay cuentos durísimos por crudos y por reales (o con la sensación de ser reales), y a veces te sientes incluso un poco mal por reírte mientras los lees. Esto es lo primero que leo de Jorge de Cascante, pero desde luego no será lo último. Muy bueno, joder. Esta colección de relatos me ha parecido una pequeña maravilla.
Quedé con un amigo que hacía más de veinte años que no veía y, hablando de libros, me dijo que tenía que leer a Roque Larraquy y a Jorge de Cascante. Y, como a las recomendaciones de este amigo le debo algunos de mis libros, tebeos y películas favoritos, pues aquí estoy, ya en mi segundo (y medio) libro de Cascante.
Y leer estos relatos emocionantes y divertidos, protagonizados por personajes sin rumbo, es un disfrute enorme. Pero me he sentido tan identificado, en todo o en parte con sus miserias, que al cerrar el libro no he podido evitar pensar si no seré yo un personaje de Jorge de Cascante, el protagonista del relato sesenta y uno.
Ya sea en el Madrid castizo o en el Barrio de Ruzafa sentada en cualquier terraza con una copa de vino, puedes rastrear a tu alrededor historias que quizás para otros pasen desapercibidas. Historias de vida, historias de emociones, historias dispares y diferentes como la vida, simplemente historias.
“Hace tiempo que vengo al taller y no sé a lo que vengo” es la recopilación de 60 relatos divididos en tres partes que se van sucediendo entre la fisonomía de Madrid y los recovecos de una sociedad plagada de diversidades que son verdad. Ambiente y personajes son Madrid.
Tres estaciones de metro Madrileño dan nombre a las tres partes del libro englobando estos relatos.
Los lees con una media sonrisa porque reconoces muchos momentos porque con una narrativa ácida a la vez que cómica la absurdidad se hace realidad.
Estos relatos y microrrelatos están narrados en forma de diario, carta, fábula o cuento, y nos va enfrentando a personajes que son parte de la
cotidianidad, que forman parte de esa rutina diaria que en ocasiones pasa por nuestro lado y óbvianos. En ocasiones tan cortos que te deja con la miel en los labios. Como en un tren van pasando por el amor, la obsesión, el desamor, amistad y todo tipo de emociones.
Es una lectura que me ha sorprendido por su frescura, sin bien, es un libro diferente y que me ha sacado de mi zona de confort.
No soy muy de leer relatos y últimamente por circunstancias en mi mesita hay varios, me está gustando, he de reconocer. Si bien prefiero una trama completa, inicio, nudo y desenlace.
Jorge de Cascante nos permite ser parte de esos relatos en los que tú, como lector, puedes decidir cómo quieres que sea esa historia.
Son sutiles, pinceladas de instantes, instantes que como la vida misma ves pasar tomando un vino desde cualquier terraza.
Este libro me lo regaló Álvaro en navidad y me lo dio en casa de sus abuelos. Al abrirlo, su padre, el Paco, leyó el título en voz alta. "Hace tiempo que vengo al taller y no sé a lo que vengo". Se rio y dijo: "como yo con el trabajo".
El libro es de segunda mano, lo compró por Vinted. Dentro, a modo de marcapáginas, había un recibo del banco de su anterior dueña en el que había garabeteado el itinerario de un viaje a Jordania.
Lo bonito de Jorge de Cascante está en la mirada y en la exageración, totalmente subordinadas a una emoción concreta. Te estás partiendo el culo de la risa y, de repente, lo que se te parte es el alma. Qué bueno es el jodío!
Tiene la puntuación más alta, pero le añadiría diez estrellas más si fuese posible. Este libro esconde 60 viajes sin retorno al origen de las emociones humanas. La incomprensión y la continua justificación del que es vegetariano en 2019, la incapacidad de conectar con los demás, la compleja empatía con un grupo de Carlinos, los jóvenes y su relación con las drogas, la singular vida conyugal de una ardilla y un hurón o la soledad, son algunos de los temas aquí retratados.
Definiría el estilo de Jorge de Cascante como una mezcla de verdad, originalidad, sutileza y dolor, aliñada con un necesario toque de humor. Si anhelas un autor capaz de hacerte reír mientras verdades como puños quedan grabadas en tu retina... querido lector, éste es tu autor.
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Sesenta relatos con un humor ácido plagado de melancolía que destripa a seres humanos complejos y que, de forma aguda, critica esta sociedad en la que vivimos, un poco esquizofrénicos todos por momentos. Blackie Books ha hecho siempre unos libros preciosos y además, últimamente, está sacando unos titulazos!
60 relatos de la vida diaria, la vida misma, contados con ironía, humor y a veces con un exceso de realidad que llega a doler. Mis favoritos: “La piscina”, “Supersol”, “La verbena de la paloma”, “La ardilla y el hurón” y “Al final de la era mecánica”. Si os gustan los relatos y el humor: PA’LANTE!
Este libro es básicamente así: POV (o lo que es lo mismo: imagínate a Edward Cullen), sentado en un sillón rojo y grasiento. Se entretiene leyendo las mentes y vivencias de la fauna madrileña que pasa por delante del restaurante y observando el triste televisor donde el encargado del local hace zapping.
Oye a la camarera —Daniela, según su name tag— decir que ayer entró Javier Bardem en el VIPS de Arturo Soria, y que en este no ha venido nadie interesante: solo un paliducho molesto y arrogante que ha pedido doble de todo.
A Edward le llega su VIPS Club Smash Sandwich de cuatro pisos, con doble ración de Patatas BraVIPS y un batido de fresa con doble de nata montada VIPS. Se da cuenta de que no puede comérselo. Así que sigue narrando el microcosmos humano que desfila frente a él y la voz de Matías Prats.
SI NO TE HA GUSTADO ESTE MICROCUENTO, PUES NO TE LO LEAS. xd
jo, me lo he pasado genial... me parece muy fuerte que todos estos conceptos y personajes quepan en un (1) solo cerebro de una persona. de las colecciones de relatos/cuentos más sólidas que he leído nunca.
creo que es un buen libro de mesita de noche que vas cogiendo a ratitos de vez en cuando. no me imagino leyéndolo de una sentada, porque si bien hay mil tipos de historias, sí que hay ciertas temáticas y estilo de personajes que se repiten, y siento que se podría hacer un poco pesado leerlo todo de golpe.
Muy bueno pero no hay que caer en la trampa de leerlo como un libro “normal”; está genial para ratos sueltos (un viaje en bus, 5 minutos de espera en la cafetería, etc.). El hastío vital y los cuñados están en todas partes, como en la vida real. Pequeñas historias para quienes saben calcular las buenas dosis