Desde lo primero que leí de este autor, Estrella Distante, continuando con Los detectives salvajes y con todo lo demás, sentí que ingresaba a un espacio literario anómalo, un espacio literario con muchísimas referencias y lugares comunes y que es capaz de hacerle honor a lo mejor de la tradición literaria, a las rupturas e -ismos, y aún así, darle un nuevo giro a lo que buscamos algunos lectores en la lectura de libros.
Extrañamente, no he comentado a mi autor preferido de todos los tiempos en Goodreads. Cuando abrí esta cuenta, lo apunté como un utópico proyecto de relectura de las obras del chileno, con miras a escribir mis comentarios: cartas escritas y puestas dentro de una botella sin tapa y lanzadas al mar.
El puro prólogo que escribe Domínguez Michael, y que incluye ahora la nueva casa editorial de la obra de Bolaño, pone, a mí parecer, al lector sobre aviso, y sobre el peso, de lo que a continuación se puede leer: estamos leyendo a un grande, antes de serlo. Estamos leyendo al hijo extraviado de la literatura latinoamericana, desde el más allá.
EEDLC-F podríamos leerlo con una especie de lado-b de Los detectives salvajes, hay puntos de encuentro con el Tercer Reich, con algunos relatos, y sobre todo, lo que a mí me gustó más, esta novela echa luz a casi toda la obra del escritor, y a esa compilación de su obra poética que es La Universidad Desconocida, que me parece todo un homenaje satírico monumental al nombre de la serie La Dimensión Desconocida.
La ciencia ficción siempre ha estado conmigo, y siempre me ha extrañado su poder, su magnetismo; más de una vez le pregunté a mi papá por qué la leía; y yo mismo, el primer libro completo que leí cuando era niño --fuera de cuentos infantiles-- fue una antología de relatos de ciencia ficción que incluía a Bradbury, Asimov, Pohl, Silverberg, entre otros.
Más de un recuerdo que sin preguntarme me viene a la mente, estoy seguro que es auspiciado por esas lecturas, más de un brillo de lucidez en mi mente cuando comprende algo de mi alrededor, sé que es gracias a esas obras, por ello, confirmar que ese mundo fue importante en la formación de Bolaño, y que además, fue detonante de algunos de sus temas y de sus observaciones me parece más que agradable.
Bolaño, como Borges, como Macedonio o Piglia o Cortázar --y no sé por qué después de esta lectura solo logro anclarlo a autores argentinos-- también se valió de los géneros literarios para construir una obra sin par en la literatura de habla hispana, Bolaño fue lo suficientemente transgresor para valerse de las herramientas que necesitara para conformar su obra, meter una conferencia o un artículo entre un par de relatos y con eso dar otro cosmos a la lectura, fue lo suficientemente disruptivo, pero también lo suficientemente cuerdo como para escribir una obra que pudiéramos leer, que medianamente pudiéramos entender, porque, algo más en la fila de David Foster Wallace que de Pynchon (por fin salí del cono sur), es decir, algo más que apunta a una nueva distancia, al “relato largo”, como en un juego de estrategia; ahí donde los posmodernos apuntan al quiebre total, a la fragmentación absoluta, pareciera que Bolaño apuntó en una dirección que ni siquiera alcanzamos a ver, que es imposible ver, su objetivo, su blanco, está en el futuro, en lo más incierto del tiempo, en lo más absurdo de la imaginación.
Y quizá por eso, sea posible que de en el centro.
Que vengan más armatostes de Bolaño, que sigan armando frankensteines con sus cuadernos y apuntes y textos. Aquí los esperamos con gusto.