Publicamos ahora en una colección de poesía la obra poética completa —libros de poemas editados en vida de la autora y poemas inéditos compilados a partir de manuscritos— de Alejandra Pizarnik, una de las figuras más emblemáticas de las literaturas iberoamericanas, controvertida, polémica, que se convirtió en un mito entre los jóvenes de las décadas de 1980 y 1990. Su poesía se caracteriza por un hondo intimismo y una severa sensualidad. En palabras de Octavio Paz, la obra de Pizarnik lleva a cabo una “cristalización verbal por amalgama de insomnio pasional y lucidez meridiana en un disolución de realidad sometida a las más altas temperaturas” y Pieyre de Mandiargues le escribió, con motivos de la publicación de Extracción de la piedra de locura: “Tengo amor a tus poemas: querría que hicieras muchos y que tus poemas difundieran por todas partes el amor y el terror”.
Born in Buenos Aires to Russian parents who had fled Europe and the Nazi Holocaust, Alejandra Pizarnik was destined for literary greatness as well as an early death. She died from an ostensibly self-administered overdose of barbiturates on 25 September 1972. A few words scribbled on a slate that same month, reiterating her desire to go nowhere "but to the bottom," sum up her lifelong aspiration as a human being and as a writer. The compulsion to head for the "bottom" or "abyss" points to her desire to surrender to nothingness in an ultimate experience of ecstasy and poetic fulfillment in which life and art would be fused, albeit at her own risk. "Ojalá pudiera vivir solamente en éxtasis, haciendo el cuerpo del poema con mi cuerpo" (If I could only live in nothing but ecstasy, making the body of the poem with my body).
Este poemario fue mi refugio durante un buen tiempo. No "tardé" en leerlo, me tomé el tiempo para recorrerlo sin prisas, y decidí reservármelo exclusivamente para momentos verdaderamente especiales, principalmente de desasosiego, de dolor, de soledad, donde realmente necesitaba sentirme comprendida del otro lado. No hubo poema que no me hablara, cada uno conecta con mis sentimientos de una forma que pocas veces me ha ocurrido, siento a la autora muy cercana. Este libro tendrá varias relecturas durante el resto de mis días.
Me traes tu noche y tu voz llena esta copa y yo bebo de la tinta de tu palabra y ebrio de ti me hago tu amante y me dueles Alejandra, me dueles mucho porque me llevas al llanto y me traes una tristeza que no comprendo. ¿Qué hace esta tristeza aquí conmigo?¿Por qué quiero llorar pero no puedo? Y no te suelto, de verdad que no lo hago, seguimos bailando toda la noche a pesar del llanto, a pesar de que tú también estas sangrando. No sé cómo lo haces Alejandra pero te quiero, te quiero en esta noche y en todas las noches que volveré a tenerte entre mis ojos.
Estoy en la cocina acabando de preparar la cena una noche cualquiera. Hoy tartar de salmón salvaje de Noruega con encurtidos al estilo japonés y un albariño que espera helado en la nevera.
Llega Ulises Lima, se acerca y pregunta:
- ¿Sigues leyendo a Alejandra?
Nerviosa, clavo los ojos en la mesita donde dejé la antología de Pizarnik el día anterior. Ahí sigue. Respiro aliviada.
- Sí, ¿por qué?
- Hojeé el libro.
- Y… ¿qué te pareció? – creo que percibe que deberá tener cuidado con sus palabras.
- Bueno… no sé si será sexista lo que voy decir pero... lo veo muy femenino.
- ¿Por qué?
Se aleja de mí para alcanzar el libro, lo abre y lee el siguiente poema:
“Del otro lado
Años y minutos hacen el amor. Máscaras verdes bajo la lluvia. Iglesia de vitrales obscenos. Huella azul en la pared.
No conozco. No reconozco. Oscuro. Silencio.”
- Pues porque a pesar de ser una poesía lúgubre y triste, las imágenes están muy cuidadas y cargadas de belleza. El primer verso podría ser mucho más directo y agresivo. La imagen de máscaras verdes es muy evocadora. ¿Iglesia de vitrales obscenos? Visualizas unos vitrales de colores por los que se cuela la luz. Si no lo supiera diría que quien escribe es mujer.
Me quedo pensativa y digo:
- ¿Es que no es precisamente eso la poesía, Ulises?
Estuve casi tres meses leyendo este libro de a poquito. Al despertar o antes de dormirme, leía unos 10-15 poemas para sentir esa certeza de vida que da la escritura de Pizarnik. Como pararse en la orilla del abismo, como oler unas flores, como sentir el calor de un gato. Sentir tanto con su trabajo que a veces piensas que el corazón se te va a desbordar. Hay que estar en cierto ánimo para leerla.
"Cansada de la espera del yo de paso Cansada de aquel amor que no sucedió Cansada de mis pies que sólo saben caminar Cansada de la insidiosa fuga de preguntas Cansada de dormir y de no poder mirarme"
la muerte se muere de risa pero la vida se muere de llanto pero la muerte pero la vida pero nada nada nada ----
Yo lloro debajo de mi nombre. Yo agito pañuelos en la noche y sedientos de realidad bailan conmigo Yo oculto clavos para escarnecer a mis sueños enfermos.
Afuera hay sol. Yo me visto de cenizas. ----
Tú lloras debajo de tu llanto, tú abres el cofre de tus deseos y eres más rica que la noche.
Pero hace tanta soledad que las palabras se suicidan. ----
Tal vez la noche sea la vida y el sol la muerte. Tal vez la noche es nada y las conjeturas sobre ella nada y los seres que la viven nada. Tal vez las palabras sean lo único que existe en el enorme vacío de los siglos que nos arañan el alma con sus recuerdos. ----
He dado el salto de mí al alba. He dejado mi cuerpo junto a la luz y he cantado la tristeza de lo que nace ----
Memoria iluminada, galería donde vaga la sombra de lo que espero. No es verdad que vendrá. No es verdad que no vendrá. ----
ahora en esta hora inocente yo y la que fui nos sentamos en el umbral de mi mirada ----
cuando vea los ojos que tengo en los míos tatuados -----
dice que no sabe del miedo de la muerte del amor dice que tiene miedo de la muerte del amor dice que el amor es muerte es miedo dice que la muerte es miedo es amor dice que no sabe ----
he nacido tanto y doblemente sufrido en la memoria de aquí y de allá ----
la rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos ----
Vida, mi vida, déjate caer, déjate doler, mi vida, déjate enlazar de fuego, de silencio ingenuo, de piedras verdes en la casa de la noche, déjate caer y doler, mi vida. ----
más allá de cualquier zona prohibida hay un espejo para nuestra triste transparencia ----
Tú eliges el lugar de la herida en donde hablamos nuestro silencio. Tú haces de mi vida esta ceremonia demasiado pura. ----
En la noche a tu lado las palabras son claves, son llaves. El deseo de morir es rey.
Que tu cuerpo sea siempre un amado espacio de revelaciones. ----
Recibe este rostro mío, mudo, mendigo. Recibe este amor que te pido. Recibe lo que hay en mí que eres tú. ----
La muerte siempre al lado. Escucho su decir. Sólo me oigo. ----
Esta lila se deshoja. Desde sí misma cae y oculta su antigua sombra. He de morir de cosas así. ----
Al negro sol del silencio las palabras se doraban. ----
y qué es lo que vas a decir voy a decir solamente algo y qué es lo que vas a hacer voy a ocultarme en el lenguaje y por qué tengo miedo ----
Debajo de mi vestido ardía un campo con flores alegres como los niños de la medianoche.
El soplo de la luz en mis huesos cuando escribo la palabra tierra. Palabra o presencia seguida por animales perfumados; triste como sí misma, hermosa como el suicidio; y que me sobrevuela como una dinastía de soles. ----
Para que las palabras no basten es preciso alguna muerte en el corazón.
La luz del lenguaje me cubre como una música, imagen mordida por los perros del desconsuelo, y el invierno sube por mí como la enamorada del muro.
Cuando espero dejar de esperar, sucede tu caída dentro de mí. Ya no soy más que un adentro. ----
Si viera un perro muerto me moriría de orfandad pensando en las caricias que recibió. Los perros son como la muerte: quieren huesos. Los perros comen huesos. En cuanto a la muerte, sin duda se entretiene tallándolos en forma de lapiceras, cucharitas, de cortapapeles, de tenedores, de ceniceros. Sí, la muerte talla huesos en tanto el silencio es de oro y la palabra de plata. Sí, lo malo de la vida es que no es lo que creemos pero tampoco lo contrario. ----
Dónde dejar mis ojos, cuándo augurarles una estación amable Quiero decir: lo que muero cada noche, mis huesos torcidos por abrazar una sombra. ----
Al final todos se casan: el mar y las olas, la noche y lo oscuro, el vaso y el vino, el anillo y el dedo, la muerte y el cadáver. ----
Anima mia, o te la fili o rimani, ma non mi toccare così
“è come se mi chiedesse la luna. Mi dico: Se mi chiede la luna è perché ne ha bisogno. Ma se (supponiamo) gli porto la luna, mi dirà qualcosa per niente carino da sentire. E poi, c'è l'altra questione, c'è l'altra questione. («Se morissi in questo preciso istante come sarei felice.») Se morissi”.
Alejandra Pizarnik, bonaerense di origine ebraica russa, studiò letteratura e lesse moltissimo, assorbendo simboli e immagini della tradizione sapienziale e poetica. Scrive lei stessa che la sua poesia è una parola che guarisce: il linguaggio riesuma un mondo e il poeta canta il silenzio in cui questo nasce, e la furia che ne segue e il mare, e ogni parola che dice ciò che dice e ancora di più e un'altra cosa ancora. Non guarì il suo male interiore, e così si prese la propria stessa vita, in età giovanissima, nel dolore, lasciando un lascito poetico libero, luminoso, danzante come le ombre e innocente come gli occhi. La musica di un uccello che canta la propria gabbia, la sponda eterna della notte. Scrivi poesie perché hai bisogno di un luogo in cui sia ciò che non è, annotava con la febbre Alejandra, amando la vita in modo terribile, desiderando un viaggio dolce e inutile, attraverso lo specchio. Nella memoria, si cibava di lacrime e aveva sete, molta sete. Con la poesia Pizarnik si dà un esilio, un sinistro delirio, una preghiera con le ali; nel vuoto della lirica ella ritrova la soave necessità di essere. Soggiornò in Europa, scoprendo amicizie preziose. Vita, vita mia, lasciati cadere, lasciati far male, vita mia, lasciati legare dal fuoco, dal silenzio, ingenuo, dalle pietre verdi nella casa della notte, lasciati cadere e far male, vita mia. Il tempo si annulla, diviene illimitato, nell'interiorità del verso, nella possibile unione tra la gioia del sentire e il richiamo dell'irreparabile: ormai non sono altro che un dentro. Alejandra sentiva un'altra vivere la vita al posto suo; i suoi occhi si aprivano solo per valutare l'assenza, la lontananza, la realtà come rifugio. E mentre scriveva, si chiedeva quando avrebbe smesso di fuggire, di dimorare in cose strane, di ricevere un aiuto che sentiva pericoloso. Alejandra voleva salvare le parole, pensava occorresse salvarle, perché esse chiudono tutte le porte, si alleano con le ombre, conducono verso i confini, hanno mani, che toccano il cuore. Le frasi di Pizarnik sembrano scorticate, riflettenti, le parole suonano dolenti come un'agonia, tenebrose come pietre primitive: le monete d'oro dell'inconscio, così le appella la poetessa, con le sue voci plurali, colorate e silenziose. Quando si allontana con le ignote emozioni, Pizarnik a volte ritorna senza capire, ma a quel punto ha già saputo cosa sia, non capire. Terra o madre o morte, non abbandonarmi anche se io mi sono abbandonata. La poesia serve a placare l'anima e insieme il suo contrario; per Alejandra scrivere è perdere, è non poter più vivere, non voler vivere. È andarsene.
“E cosa accadrebbe se cominciassimo a giocare d'anticipo/di sorriso in sorriso/fino all'ultima speranza?/Cosa accadrebbe?/E a me cosa importa, a me, che ho perduto il mio nome,/il nome che mi era dolce sostanza/in epoche remote, quando io non ero io/ma piuttosto una bambina ingannata dal suo sangue?/Per cosa, per cosa/questo disgregarmi, questo dissanguarmi/questo spennarmi, questo squilibrarmi/se la mia realtà arretra/come spinta da una mitragliatrice/e all'improvviso si lancia a correre,/pur se magari viene raggiunta,/fino a che cade ai miei piedi come un uccello morto?/Vorrei parlare della vita, questo ululato, questo conficcarsi con le unghie/ nel petto, questo strapparsi/i capelli a piene mani, questo sputarsi/ nei propri occhi, soltanto per dire,/soltanto per vedere se si può dire: «non è vero che io sono? non è così?/ non è vero che io esisto/e non sono l'incubo di una bestia?»/E con le mani infangate/battiamo alla porta dell'amore./E con la coscienza coperta di sudici e splendidi veli,/chiediamo di Dio./E con le tempie crepitanti/di stolta superbia/afferriamo per la cintola la vita/e di lato scalciamo la morte./Ebbene è questo ciò che facciamo./Giochiamo d'anticipo di sorriso in sorriso/fino all'ultima speranza”.
Se te clava, sin aviso, en el centro del pecho. Te atraviesa, te arraza. Curiosamente también te cobija. Queridísima Alejandra, hasta al cielo en el que estés, a la noche en la que te hayas refugiado o al lenguaje en el que todavía habitás, te abrazo. Y te quiero.
To read Pizarnik is to get lost in the dark nooks and crannies of the subconscious. Her sharp verses evoke the dry garden of childhood memories, the threatening shadows that populate the night, the ache, yearning and desperation of chronic loneliness, the many voices within us that scream in deafening silence. The alliterations, visual images and bewildering aphorisms that compose her poetic response spread their branches like an invasive spider web clawing its fibred roots deep into tender skin. This edition features Pizarnik’s complete body of work in chronological order, including her most famous collection El Árbol de Diana . Contrarily to what one might expect, the evolution of the style and musical tonality of her poems is inverse to the degree of inner peace they distil; the bleaker the imagery, the less agonizing the poetic voice. Underneath the veil of Pizarnik’s words, which are thoroughly selected and shrouded in the opacity of an impressionistic painting, there is a latent universe where a heart beats and bleeds, shrinks and expands, sings to the mysteries of existence; mourns the jagged puzzles of our mind. And underneath that heart, there remains only the epicenter of Pizarnik’s life: her poems, which speak of a woman strangely happy, even amidst spiritual devastation, in spite of the everlasting presence of her sustained absence.
“el centro de un poema es otro poema el centro del centro es la ausencia
en el centro de la ausencia mi sombra es el centro del centro del poema.” Los pequeños cantos. Poema III
Relectura de esta extraordinaria edición de sus poemas. Pizarnik es, y será, el verdadero ídolo de un poeta maldito, que explora la mente y el alma hasta el cansancio...
Siempre me encontraba con Pizarnik por partes, como si se estuviera escapando. Escuché su nombre, conocí un poco de las vicisitudes de su vida y la literatura no llegaba a mí. Leí poemas sueltos en algún que otro lugar, pero nunca me había hecho la idea de sumergirme en la poesía completa y acabarla. Así que, ahora que tuve la oportunidad, puedo decir que no salí decepcionada y que me asombra lo mucho que aprendí de ella leyendo este libro y no una biografía. Todo autor construye una voz, eso es innegable, pero la voz de estos poemas se parecen mucho a Pizarnik y tienen un Yo muy fuerte. ¿Acaso no es esa niña infeliz? ¿No es la escisión de sí misma? ¿No se refiere al proceso de escritura?
Para evitar señalar uno por uno los textos que más me gustaron (porque sería muy engorroso), resumo diciendo que los que pertenecen a “Las aventuras perdidas” y “Extracción de la piedra de la locura” me produjeron un no sé qué especial. Hay imágenes que se repiten mucho en el libro (el viento, las lilas, los pájaros, la niña, el silencio) y tal vez leer toda la poesía junta sea contraproducente. Con esto me refiero a que puede llegar a crear la sensación de que siempre escribía sobre lo mismo pero, a fin de cuentas, era lo que a ella le interesaba plasmar. Son textos básicamente deprimentes y oscuros, como si Pizarnik quisiera agarrar al lector del cuello y obligarlo a contemplar sus miserias personales. Y sus pedazos. No recuerdo en este momento algún atisbo de alegría o de luz en sus palabras.
Me saco el sombrero ante esta edición, que tiene notas muy útiles (y hasta curiosas) y no salteó las dedicatorias. Lo único que le recrimino es que no se hayan tomado el trabajo de traducir lo que está en otros idiomas, con el fin de que el lector que no sepa francés, por ejemplo, no tenga que suspender la lectura para entender la totalidad del poema.
En síntesis, me llevé una muy buena impresión de Pizarnik y confío en que pronto leeré los diarios y los cuentos. Y así podré (creo) armar una Pizarnik propia.
Nota: “Extracción de la piedra de la locura” me lo había recomendado muy amablemente Beatriz Chavarri.
Ay, qué libro. ¡Qué versos! Me hicieron doler el alma. Qué tristeza más profunda la que sentía Alejandra. Su obra estremece de una manera diferente a la de Gabriela Mistral en "Desolación", pues el dolor de Pizarnik era permanente, como si una sombra la acompañara a todas partes. La muerte (idea de suicidio) la sedujo desde sus años mozos, hasta convencerla a los 36 años de que era tiempo de partir.
La insatisfacción, el desamor, la pena, la oscuridad, palabras tan presentes en sus poemas, me generaron una profunda aflicción. Cómo me habría gustado poder apañarla y haberla ayudado de alguna manera. Su vida fue en extremo sombría y creo que su genialidad se basó en el tormento de sus pensamientos. Qué lamentable que se nos haya ido tan joven.
Este libro es maravilloso. De mis favoritos junto con "Canto General" y "Desolación".
Poemas para recitar toda la vida: 1. Irme en un barco negro 2. Voy cayendo 3. Solo un amor 4. Solamente 5. **Siempre** 6. Exilio 7. El despertar 8. Anillos del silencio 9. El sueño de la muerte o el lugar de los cuerpos poéticos 10. Ojos primitivos 11. Aproximaciones
Libro leído para el Reto de medio tiempo, punto no. 3: Poesías completas de un autor.
"Alguien entra en el silencio y me abandona. Ahora la soledad no está sola. Tú hablas como la noche. Te anuncias como la sed".
Después de dos años de leer poemas sueltos por fin me animé (impulsado por el reto) a leer la poesía completa de Alejandra Pizarnik, una de mis poetas favoritas. Leerla es tan... masoquista(?), su poesía es tan triste y desgarradora, llena de símbolos e imágenes melancólicas evocando a la muerte. Sus versos son directos y sinceros, ninguno de sus poemas se siente sintético y sobre-escrito. Alejandra pone todo su ser en las palabras que dejó para la posterioridad.
"(Tú que fuiste mi única patria ¿en dónde buscarte? Tal vez en este poema que voy escribiendo)".
La soledad, el silencio, la desesperación, la música y gran influencia del simbolismo francés, son algunos de los elementos con los que Pizarnik construye su íntimo microcosmos y cada persona se sentirá identificada con alguna parte de estos versos.
Algunos poemas pueden carecer de una estructura métrica coherente o suelen ser demasiado vanguardistas pero no por ello son malos. Al contrario de muchos poetas que se valen del verso libre, Pizarnik lo utiliza con magistral libertad (valga la redundancia)
Estos poemas se deben de complementar con su prosa y sus diarios para profundizar más en la mente de esta grandiosa autora suicida. Espero este año leer alguno de los dos tomos faltantes que editó Lumen (sin contar las cartas).
Mi intención inicial era leer unos pocos poemas cada día, para que me durase a lo largo de esta (indefinida) cuarentena, pero no he sido capaz porque, una vez pasada la primera parte, no he podido parar de leer. La poesía de Pizarnik me ha absorbido por completo: tiene poemas que no olvidaré jamás y que, por supuesto, volveré a leer constantemente. No he querido estropear demasiado mi copia del libro, pero solo diré que está repleto de post-its para poder iniciar una segunda lectura a partir de mis textos favoritos. Os dejo mis dos favoritos (aunque podría transcribir prácticamente todo el libro):
«¡Y tantos libros! ¡Y tantas luces! ¡Y mis pocos años! ¿Por qué no? La muerte está lejana. No me mira. ¡Tanta vida señor! ¿Para qué tanta vida?»
«ahora en esta hora inocente yo y la que fui nos sentamos en el umbral de mi mirada.»
(Argentina ganó el mundial así que tuve que terminar este en honor a lo más grande que ha salido de ese país) Me acuerdo que una vez en un taller hablamos sobre cómo había gente que nos hacía creer que Pizarnik era gusto de adolescencia, que era la poesía con la que empezabas a adentrarte a ese mundo, minimizando el valor que ella tiene. Pero llevo años leyéndola y todavía me maravillo, todavía se me aprieta el pecho, todavía tengo que marcar casi todos los poemas y anotar frases que, como pocas cosas, se me quedan grabadas en la mente después. No puedo decir mucho más que: PIZARNIANA HASTA LA MUERTE.
Descansa en paz Alejandra Pizarnik, hubieras amado a Lana del Rey. La verdad me cuesta escribir una opinión sobre un poemario porque no tengo experiencia leyendo este tipo de libros. ¿Debería escribir sobre el ritmo y la métrica? Poco y nada sé sobre aquello. Podría decir que la obra en su conjunto me gustó mucho, me sentí identificado con algunos poemas, específicamente los que se refieren al amor y el amor propio (que fueron muy pero muy poquitos); mientras que la mayoría de sus poemas hablan sobre la tristeza, el abandono, la infancia y la depresión. Todos sus escritos mantienen una atmósfera oscura donde menciona pájaros, espejos, lilas, la noche, entre otros elementos, aunque la noche fue el elemento predominante. Muchos escritos los disfruté muchísimo, pero hubo varios que, aunque los leyera varias veces no lograba encontrarle un significado, lo que me desconcertó un poco. Me resultó curioso que, como está ordenado cronológicamente, podemos darnos cuenta que poco a poco sus poemas y extractos eran cada vez más oscuros, crudos y depresivos, algunos al final del libro eran extravagantes y con cierta ira, enojo y rabia. Hubo muchos poemas que me conmovieron mucho y que a través de sus palabras, uno puede deducir la triste y dura vida que tuvo Pizarnik, sobre todo en su infancia, ya que son varios los escritos que aluden a ese periodo de su vida. Este es el segundo poemario que leo. A pesar de lo lúgubre que fue leerlo, lo disfruté bastante, pero siento que muchos de estos poemas no resonaron en mí, y no me sentí identificado, aunque como dije anteriormente, pude empatizar con el dolor y angustia de Alejandra Pizarnik.
Gracias, Pizarnik, por mostrarme mis propios horrores, me siento completamente miserable y reflejada (en la mayor parte). Estoy sin palabras. No sé hablar. Soy literalmente esa (es un grito de ayuda) ((no sé expresar lo que siento y hay silencio, pero el silencio no existe y escribo palabras que no se entienden, que solo yo hablo, pero tampoco sé hablar porque no digo nada-)) (((Pero las letras de Pizarnik lo comprendieron todo))). Los poemas de Sombra, la piedra de la locura, el silencio... literal yo. Definitivamente no recomendaría iniciar a leer poesía con Pizarnik, es muy surrealista (y por ello me encanta), ni tampoco si no te sientes completamente desquiciado y miserable; pienso que la poesía es mucho más disfrutable cuando ves un reflejo de ti mismo en el alma disecada del poeta... aunque leerla en un momento depresivo quizá te haría peor... es terrible consejo, ignórenme, no sé lo que digo, me siento devastado.
Poesía universal. Nada de sociologías para Alejandra. Ni de psicoanálisis. Su lenguaje es el de Trakl. Una metafísica nocturna, fúnebre, definitiva. El lenguaje se vuelve transparente porque está alienado. Es pura pasión. Sus poemas son la noche, la niña, la muerte. El árbol de cristal. La pija de Hegel, la concha de corazón. El pájaro, la jaula. Sin sujeto, sin objeto. Su metafísica es final. Por eso hay que matar a Pizarnik. No esquivarla, sí sufrirla. Como fase. Como sombra. Quizás toda poesía sea primero un duelo Doppelgänger. Quizás haya sobrevida del otro lado. Quizás el vacío esté lleno. Quizás la comedia no termine en el infierno. Para vivir hay que matar a Pizarnik. Es morirla o es matarla. Es lo que hace Aira, la mata para salvarla. Para que haya poesía. Matar al romanticismo fallecido que sigue vivo. Matar a toda poética metafísica. Fea edición de Lumen con bajo gramaje.
Aquí encontramos el poemario completo de toda la trayectoria de Alejandra Pizarnik, en la que viajamos con ella a través de de su imaginario triste y oscuro, ya que se percibe claramente esa desvinculación con el mundo que no entiende, en el que no se siente ella misma, y siempre se aboca a la infancia al reflejo de la niña que fue, que luego quiso seguir siendo y no consiguió hacerse un hueco. Se sentía extraña en su piel y no conseguía conectar con la realidad. Y así fue hasta el momento de su muerte con treinta y seis años. La poesía de Pizarnik que, en un principio se hace extraña y caótica, luego nos sumerje en su mundo de espejos y soledades hasta el punto de que la entiendes y empatizas. Todo un descubrimiento en cuanto a poesía del siglo XX.