No me meteré en detalles de la deuda de esta novela de Volpi a A sangre fría, de Capote, o a cualquiera de las otras novelas sin ficción, de eso ya se encargarán los expertos críticos literarios.
También dejaré de lado si es que existe un sesgo “político”, puesto que el mero contexto de lo que narra la novela: el encarcelamiento y liberación de Florence Cassez, sucede principalmente en el periodo en que Calderón fue presidente, por lo que sí, si algún gobierno queda muy mal parado en esta historia, es ese sexenio.
Quiero concentrarme más bien, en mis impresiones después de leer esta obra que siento que cae en un momento determinante de nuestra historia política y policial como país. Y, sí, Volpi hace mención al documentalazo de “Presunto culpable” (Roberto Hernández y Geoffrey Smith, 2008), entre otros casos infames de terror, y parece mostrar algo que leí en Jonathan Simon: “el gobierno a través del delito no nos brinda una mayor seguridad y, en mi opinión, tampoco puede hacerlo; de hecho, alimenta una cultura del miedo y el control en la que el umbral del miedo es cada vez más bajo”.
Esta es la novela que más he recomendado en este año.
Cuando alguien me pregunta cuáles son mis temores, cuáles son mis miedos, en realidad, todo se reduce a uno: la policía. O el poder que se ejerce por medio de ella. La policía o los militares. Cualquiera de esas instituciones que es capaz de privarte de tu libertad sin pedirte permiso y sin tener que comprobar nada, ni a ti ni a nadie.
Desde niño, lo único que logré ver desde mi perspectiva fue un mundo donde el clientelismo, la corrupción, la prevaricación, son la regla; un mundo donde los privilegios son determinados por el poder, poder económico, político, poder de ejercer terrero sobre el otro, ya sea por la fuerza o la mera intimidación.
Una novela crimianal termina siendo una crónica de lo desgastada que está nuestra sociedad, nuestros sistemas, públicos, privados; los medios de comunicación coercionados con el poder, la manipulación de la información con fines comerciales. Y ahí siguen muchos de esos personajes, y volviendo a cometer errores.
Esta última obra de Volpi, viene a ser un alegato contra el olvido, una exposición del circo tenebroso que es nuestra “seguridad pública” en un país que no termina de abrir los ojos, en el cual, quizá, no queremos, nos resistimos a abrir los ojos, por miedo a enfrentarnos a los demonios de nuestro pasado, unos demonios que son de carne y hueso, unos demonios que nuestro sistema ha alojado y protegido y promovido. La sociopatía institucionalizada.
Sirva pues, esta novela criminal, para que que nos ayude a no quitar el dedo del renglón, a no dar la vuelta a la página tan fácilmente.