Arrancamos en plena trifulca fraternal con Shinra y Shō dándose con todo, y no solo seguimos en plena batalla: por fin conocemos al enigmático Pastor. Shō establece un Adora Link con Shinra y le muestra el Adora, una dimensión infernal de donde proviene el Adora Burst, esa llama especial que ambos poseen. Y sí, si ya estábamos confundidos, las explicaciones científicas de Licht no ayudan mucho (aunque lo amamos igual), porque entre dimensiones alternas y física cuántica, mi cabeza hizo cortocircuito más de una vez.
Pero lo realmente importante es que Shō le da una paliza de campeonato a su hermano. Shinra, pobrecito, la pasa mal, pero con ese espíritu que lo caracteriza, logra recuperarse y, contra todo pronóstico, supera a su hermanito… ¡en su propio terreno! Es un momento de gloria, sí, pero lo mejor está por venir.
Y es que lo que sigue es, sin duda, uno de los momentos más emotivos de toda la serie hasta ahora: Shinra le transmite a Shō sus recuerdos de infancia, cuando aún eran una familia feliz. Shō al principio se resiste, pero poco a poco los recuerdos logran abrir una grieta en esa mente fría y manipulada. Y LLORA. Y yo lloré. Y el lector promedio seguro también lloró. Verlo así, frágil, humano… es un golpe directo al kokoro 🥹
Lamentablemente, el momento dura poco. Justo cuando Shinra intenta llevárselo con él, aparece Haumea para interferir. Shō, confundido y buscando respuestas, le exige que le diga qué ocurrió realmente hace doce años… pero ella lo inmoviliza antes de que pueda obtener la verdad. Y cuando se prepara para llevarse también a Shinra, llega el Octavo Escuadrón al rescate, en una entrada que sabe a familia y a justicia. Lo salvan, sí, pero Shinra queda muy malherido.
Tan mal, de hecho, que deben acudir al Sexto Escuadrón para que lo atienda la mismísima comandante Huang. Y aquí se luce la serie con un detallazo: su habilidad se llama Vara de Asclepio, en una referencia directa tanto al símbolo de la medicina como al mito griego del dios de la curación. Verla usar su poder es impresionante, aunque, para los ojos de cualquiera, pareciera que está incinerando a Shinra. Y justo en ese momento, nuestro Arthur sugiere llamar a los bomberos porque “alguien se está incendiando”. Y cuando Tamaki le recuerda que ellos son los bomberos, el tipo, sin perder la compostura, propone matar a Shinra porque claramente es un Infernal. Y ahí una se da cuenta de que Arthur no es un personaje: es una institución. No se puede con él. Este hombre vive en su propio universo y no da señales de bajar a la Tierra.
Y cuando parece que el tomo va a cerrar con calma, nos sueltan otra bomba: Shinra despierta y el comandante Burns aparece para hablar con él… sobre el incendio de hace doce años. Sí. Ese incendio. El que marcó la vida de Shinra y le arrebató a su madre y a su hermano. Y si Burns sabe algo, entonces todo lo que creíamos entender puede dar un vuelco.