Me dice ChatGPT tras varias injerencias: «Frente al estilo caótico, fragmentario y verbalmente desbordado de El misterio de la cripta embrujada -donde la comicidad brota del exceso, del absurdo grotesco y de la ruptura sintáctica, la retórica inflamada, las perífrasis inútil y la digresión sinsentido—, el discurso de La aventura del tocador de señoras sin perder la apariencia barroca se vuelve más compacto y novelesco. Esta sofisticación permite un humor más narrativo, pero al mismo tiempo sacrifica parte del impulso verbal: el humor se racionaliza, pierde espontaneidad, y el estilo, antes carnavalesco y anárquico, se repliega sobre una autoconsciencia que roza lo programático. El resultado es una novela más cerrada, sí, pero también una parodia domesticada.»
O dicho en humano: que por primera vez no siento a Mendoza disfrutando en unas vacaciones estilísticas de otros proyectos, sino ejerciendo su (enorme) oficio. Me gusta, claro, la parodia del noir (de Raymond Chandler) y me divierte la charada de las mujeres del “tocador” sin suerte. Pero por primera vez me pesa que todos los personajes se expresan con la misma retórica del narrador. Y aunque siempre disfruto con una trama enrevesada y caprichosa y con sus lógicas disparatadas, pynchonianas casi, me pesa que solo avancen mediante la exposición dialogada. Además, aunque tiene como fondo anunciado la corrupción de la Barcelona postolímpica, está vez la parodia refiere antes a los códigos del género y al juego lúdico que al contexto social.
Tiene, no obstante, un gran personaje: la auténtica (y fea) Ivet, varios secundarios que son caricaturas divertidas (Mandongo, el Alcalde) y un villano repentino que abre el clímax perorando: “Es verdad. Me he servido de todo el mundo. Todo lo he puesto al servicio de mi villanía. Soy más malo que la leche. Y ahora, basta ya. Falta poco para que amanezca y aún tengo que matar a mucha gente”. A mí me basta.
Si esto fuera el reboot de una franquicia, como de hecho es, diríamos que Las aventuras del tocador de señoras está más estandarizada.