Este volumen arranca exactamente donde lo dejamos: con Ôbi y Vulcan cara a cara con el Dr. Giovanni y Lisa. Y es justo en ese momento cuando cae la ficha: ninguno de los dos (ni Ôbi ni Vulcan) tiene poderes ígneos. Y aun así, van directo a una batalla contra enemigos con habilidades sobrenaturales. Es una confrontación desigual… pero no por eso menos emocionante.
Lisa, claramente aún bajo la influencia de Giovanni, acusa a Vulcan de haberse rebajado al unirse a la brigada. Pero él, como el corazón noble que es (aunque se vista de mecánico rudo), le responde con firmeza: vino a buscarla, a traerla de vuelta. Un momento que derrite corazones y recuerda por qué Vulcan es uno de los más adorables de toda la serie.
Mientras tanto, pasamos a un combate completamente distinto: Tamaki contra Assault. ¿Y qué decir? Fue breve, ridícula, e increíblemente… Fire Force. Después de uno o dos ataques, Tamaki activa —por así decirlo— su “suerte pervertida”, descoloca completamente a su enemigo, y en medio de una escena bastante absurda y sugestiva, es la hermana Iris quien termina rematando la pelea… con un tubo. Sí, eso fue todo. Surrealista, caótico y absolutamente en línea con el tono de este universo.
Por suerte, después de este desliz, volvemos al terreno de las batallas serias con el enfrentamiento entre el capitán Hinawa y Arrow. Y qué pedazo de pelea. El intercambio de disparos entre ambos es brutal, táctico, al límite. Hinawa casi desfallece, pero pensar en dejar a Ôbi solo con la responsabilidad del escuadrón lo empuja a seguir. Y lo mejor: usa el propio fuego de Arrow en su contra para vencerla. Magistral. La clase de combate que demuestra lo increíblemente estratégico que puede ser este personaje.
La acción no se detiene, y Arthur entra en escena para enfrentarse a Mirage y sus ilusiones. Esta vez no se deja engañar: aplica todo lo aprendido con Benimaru y Konro durante su entrenamiento en Asakusa. Con confianza, precisión y un poco de ese delirio de caballero que lo caracteriza, vence rápidamente, mostrando cuánto ha crecido.
Y justo cuando pensábamos que ya habíamos tenido suficiente emoción, llega la batalla del tomo: Giovanni y Lisa vs. Ôbi y Vulcan. Sin poderes ígneos, con solo fuerza física, determinación y estrategia, estos dos enfrentan a un comandante traidor y a una compañera manipulada. Su prioridad no es solo ganar: es rescatar a Lisa, traerla de vuelta del lavado cerebral que Giovanni le impuso. Es una pelea desigual, sí, pero la fuerza emocional la eleva. Vulcan y Ôbi pelean con convicción, mientras Giovanni sigue vomitando su retorcida visión sobre el culto del Pastor y su desprecio por la vida humana. Una batalla tan física como ideológica.
Y cuando el volumen ya parecía darnos todo… llega el adoralink. Shinra es arrastrado directamente hacia Shō. Una nueva confrontación entre hermanos comienza, y lo que debía ser un momento de reencuentro, se transforma otra vez en choque. Shō deja claro que no reconoce a su familia, que su única lealtad es hacia el Pastor, y empieza a atacar a Shinra con intención letal. Esta vez, Shinra lo siente: su hermano realmente quiere matarlo. Y así, entre poderes, dolor y tensión, empieza una nueva batalla… que nos deja con el corazón acelerado y el deseo inmediato de abrir el siguiente tomo.