Es un libro bonito... pero no me hizo sentir lo mismo.
Lo admito, Brenda es buena onda y todo, pero extraño la amistad de Ámbar y Justo, ¡ni siquiera ha recibido una carta!
En este libro vemos como el personaje de Ámbar va creciendo, como tiene que aprender que las cosas no siempre son como queremos y que a veces es mejor aceptar los cambios, puesto que ocurrirán queramos o no.
A través de un libro infantil se nos muestra situaciones cotidianas y como las niñas y niños podrían enfrentarlas. Al final del día no podemos olvidar que ellos no ven el mundo como nosotros.
Ámbar tiene que aprender a vivir sin su padre, aceptar que sus padres ya no están casados y que además su madre está rehaciendo su vida. Como si eso fuera poco, no deja de pensar en su querido Justo, su amigo del alma, tan único e irreemplazable.
A los nueve años y me atrevería a decir que a cualquier edad, es difícil aceptar tanta perdida.
Retomando la historia, el libro es liviano, corto y tierno, sin embargo no me gustó tanto como el anterior. Aunque no niego, que quiero leer todos los libros de la graciosa Ámbar Dorado.