Hay algunos libros que adoro por diferentes razones: algunos me gustan por los personajes, otros por la estructura narrativa, otros por la narración. Otros, simplemente, porque me entretienen y la historia me gusta. Pero a veces, muy pocas veces, me encuentro con una novela que lo tiene todo para pasar a formar parte de mi lista de favoritos, y Desayuno en Júpiter lo ha conseguido, poco a poco y con buena letra.
Empecé a querer a Amoke y a Ofelia sin darme cuenta, casi sin querer. Las dos protagonistas se alternan la narración y el cambio de narrador no te saca en ningún momento de la historia, sino que le confiere un ritmo que contrasta con la lentitud (y no lo digo de manera negativa, sino todo lo contrario) de la historia y la evolución de los personajes y sus historias. Ofelia es dulce, valiente y divertida, y habla sin parar aunque ella siente que no dice nada importante. Amoke, en cambio, es tímida, calmada y le cuesta hablar con la gente, por lo que prefiere escribir. Se encuentran la una a la otra en el lugar y el momento perfecto, destinadas (si uno cree en el destino) a hacerse amigas y convertirse en el lugar seguro de la otra, dando pie, poco a poco y de una manera tan tierna y de verdad, a algo más.
Pero también quiero hablaros de los otros personajes. Harlon, con sus secretos, sus liebres y sus miedos, que se ha convertido, creo, en mi personaje favorito de la novela. La señora Wonnacott, una escritora a las puertas de la muerte que decide contratar a Ofelia para escribir su biografía, que ha sido, quizás, la parte de la narración que más especial me ha parecido y que más me ha emocionado. También pienso en Lisandro y su sentido del humor, en Tayo y su fortaleza, en Jimmy Race y su sonrisa, que tan poco me cuesta imaginar.
Desayuno en Júpiter no solo me ha sorprendido, sino que se ha quedado en mi corazón por muchas razones. Sigo pensando en los personajes, en todo lo que se dice entre líneas, en todo el mundo que se crea alrededor de la historia, que es todo tan orgánico y nada sobra, todo importa, y que incluso tiene colores en mi cabeza. He aprendido tantas cosas, y me ha hecho pensar en tantas otras, que solo puedo agradecerle a Andrea por su talento y su valentía. Si os fiáis un poquito de mí, dadle una oportunidad a esta novela. Es tan especial... Ay. Tenéis que conocer a estos personajes y dejaros llevar.