Tengo una relación amor-decepción con este libro.
Las relaciones entre los personajes son puro oro. El diálogo es maduro y real, y los momentos en los que Vargas nos expone sus toques de humor escondidos entre conversaciones aparentemente profesionales entre hombres de la brigada me han encantado.
Otra de las cosas que me han cautivado es la presencia constante de pequeños toques de cultura y conocimiento que la escritora añade al libro sin que parezca forzado en absoluto y que aprendí de la misma forma, de forma fluida y con satisfacción.
Por estas dos razones, sentí que el libro se leía rápido, sin problema. Hay según que páginas que quizás son un poco más profundas, si se les da más vueltas (aunque eso ya depende de cada lector), pero en general no hay segundos significados ni escenas de múltiples capas de complejidad. Nos nos veremos subsumidos en un tornado filosófico mientras pasemos las páginas,cosa que entiendo y respeto porque no es ese tipo de libro para empezar. Su madurez se ve más bien reflectada en el diálogo, no tanto en el pensamiento y la percepción humanas, dónde la imaginación y el surrealismo ya juegan papeles mayores que en parte caracterizan a la autora y a su género, diferenciándola de otras novelas policíacas.
Habiendo comentado todas estas cosas, parece que ya no queda nada malo por decir. Aquí es cuando nos equivocamos.
La trama. La trama es original, no le quitaré eso, aunque un poco predecible. No me pasaré de lista, es verdad que algunas cosas me pillaron por sorpresa, pero muchas otras no, nada. Y en parte eso fue porque quizás una de las debilidades de Vargas es el prejuicio. La forma de definir a los personajes en si, la encuentro un poco simplista. Sus características, sus rasgos, sus comportamientos. Una de las cosas que me molestaron fue la forma de describir a las mujeres de la novela, supongo que Vargas es el claro ejemplo de que no importa el sexo cuando se trata de retratar a el personaje femenino de una forma predecible y bastante más simplista que el resto de personajes masculinos. No puedo contar con los dedos de mis manos, ni con las mías ni con las de los 4 miembros de mi familia, las veces en las que se nos recuerda que Rentancourt es gorda. O las veces en las que se dice que la forense se conserva muy bien por la edad que tiene. O el hecho de que se tenga que recurrir a decir que las vírgenes no se cuidaban, o que vivían aisladas, para justificar su virginidad...
Como no comentar, también, el comportamiento masculino esperable por parte de Adamsberg cuando un "rival" le quita la chica, con la que ya no tiene una relación amorosa, pero eso da igual, sigue teniendo derecho a ser el único hombre en su vida. Ugh.
Entiendo que esto a mucha gente no le parezca mal, sigue siendo una visión de la mujer y del comportamiento de ambos sexos bastante generalizada y que por lo tanto a muchas personas, entre ellas mujeres como Fred Vargas, les parezca normal.
Pero se da la situación de que a mi no me lo parece, y me arruina bastante la experiencia ver esto y ver que a partir de esto la historia evoluciona de una forma predecible.
Seguro que no soy la única que se esperaba que en algún momento se planteara la virginidad de Rentancourt por el mero hecho de que llevamos toda la novela recordando lo poco atractiva que la ven la mayoría de hombres de la brigada y lo gorda que es. Seguro que no soy la única en ver una mínima conexión entre el análisis que hace diversas veces Adamsberg del físico de la forense comparado con su edad para sospechar de los motivos de esta en algún momento de la novela, ya que uno de los temas principales de la novela es el planteamiento de la juventud como bien eterno.
Es por eso que no puedo decir que haya disfrutado la novela de la forma con la que me hubiese gustado.
Me sabe mal, y seguramente se da a la clara diferencia de visiones con una persona joven como yo y la autora de la novela, pero no puedo llegar a saborear sus muchas cualidades cuando la crítica social me carcome cada vez que leo una línea más de el "exuberante, titánico, gordo cuerpo de Rentancourt" o "la vaca" o "el poco cuidado de la primera virgen". No solo me molesta, sino que me convierte en una adivina de un final predecible del cual, seguramente, no era ni consciente Vargas: Los prejuicios son su punto débil.