«He cumplido mi promesa de volver a ser la que era antes y ya dejo que la vida me depare lo que quiera, porque ya es como si lo hubiera vivido todo».
La forma en que La Veneno cuenta su vida en «¡Digo! Ni puta ni santa» es muy sencilla, pero es tan representativa de lo que fue ella que no se puede poner ni una sola pega. A pesar de que hay hechos confusos y otros que se mezclan, esto no resulta ningún problema. Su desparpajo es el motor del libro, suficiente para despertar interés en el lector y que este acepte todo lo que se le cuenta. La simple existencia de Cristina atrapa y te hace conectar de la forma más natural posible; comienzas a leer y solo quieres saber más.
En lo gráfico, las fotos inéditas que se incluyen, acompañadas con notas de la artista, son un acierto. Permiten ver la evolución que vivió Joselito hasta convertirse en La Veneno. El único problema que hay en esta cuestión es que muchas de las fotos no se colocan en el momento adecuado del libro, ya que no se corresponden con lo que cuenta, sino con hechos ya mencionados o futuros.
La labor de Valeria Vegas es también un punto a destacar. Con sus intervenciones, la periodista permite poner orden a la historia, de manera que los hechos que se presentan no aparecen descontextualizados, sino que hay un hilo que guía el relato de La Veneno.
El gran error del libro, totalmente ajeno a lo que se cuenta, es el escaso trabajo de edición que parece haber detrás de él. El texto está repleto de faltas de ortografía que no favorecen el resultado final, y hay aclaraciones de Valeria Vegas que se presentan como si fuesen palabras de La Veneno, lo que puede desconcertar en varios momentos.
Aun así, las memorias de La Veneno son un regalo para conocer a la mujer detrás del personaje. Dan la oportunidad de adentrarse en una historia de sufrimiento, maltrato, adicción y mala vida, pero también en una de supervivencia, esperanza, humor, lucha, cariño y amor. Las dos caras de la moneda y, sobre todo, de la vida.