Siento gratitud inmensa de la vida cada vez que termino de leer un libro largo. He leído todos los cuentos de Cortázar y además de admirar su invencible capacidad estructural, me fascina lo oral que es y lo enmascarado autobiográfico que se torna. Me encanta que diga su tío el mayor o salió la primera o la cuidaba lo mismo. La mayoría de las historias transcurren en París, con gente cebando mate que vosea. Estoy convencida que Un tal Lucas es un tal Julio. Todos los cuentos de enamorados o de la infancia lejana en Argentina son de una dulzura, de una capacidad de amor inconmesurables. Bellísimo. Y la estructura, esos cuentos de enredos en que a través de cartas se guardan o revelan secretos o esos cuentos ouroboros donde el inicio se tuerce hacia su final: "La continuidad de los parques", "La noche boca arriba", "El axolote", etc. Su léxico, me envió al diccionario un montón y me rebosa el corazón de gratitud. Solo una cosa y lo diré con el mayor sentimiento de justicia posible: hay tres cuentos que aluden a la violación que considero problemáticos. En "El vampiro", el dráculo protagonista se mete al cuarto de una mujer dormida y la toma sin consentimiento, lo que el narrador describe como "ingresó Daggu Van al amor con voracidad estrepitosa". ¿Qué amor, chuchetumare? Eso no es amor, es abuso. Mal ahí, Cortázar. Luego, en el cuento "Anillo de Moebius", también describe una violación: "había tenido que abatir empalándola una y otra vez hasta llegar a lo más hondo". El tipo mata a la mujer y es condenado a la guillotina. Hacia el final, en su celda, el hombre delira con la mujer asesinada quien, desde un más allá, lo visita deseosa. O sea, una fantasma violada que va a acompañar a su asesino y se lo quiere follar. ¿Qué hueá, Cortázar? Espantoso cuento. Otro, no recuerdo el título, pero se trata de un camionero que le cuenta a un amigo cómo se monta con violencia a algunas mujeres que le han pedido autostop, descripción evidentemente de violación; en paralelo, una mujer recuerda esa situación como sexo desenfrenado. No se lo acepto, porque vuelve ambiguo el límite entre el abuso y el sexo consensuado, lo cual me parece políticamente peligroso y dañino. Hay guiños políticos en la literatura de Cortázar, celebra al Che, denuncia las desapariciones en Argentina, documenta al borde del periodismo. Me suena al típico macho que defiende las convicciones clásicas de izquierda sin jamás cuestionarse los abusos del machismo. Como dice Virgine Despentes, varones que repudian la desigualdad de clases pero vierten en la desigualdad de géneros todas sus flores y poesía. Más allá de eso, que me parecen fracturas en un conjunto inmensamente potente, bien narrado y juguetón con el lenguaje. Lo amo a Cortázar. Sus palíndromos, sus alusiones a la revolución cubana, sus conejitos blancos vomitados, sus menciones a Borges y a Arlt y Bioy y la revista Sur. Gracias a mí misma por comprar estos ladrillos de cuentos completos, alguna vez en un pasado que ya no recuerdo.