3,5
No estoy segura de la puntuación este libro. La primera mitad me encantó, me tuvo totalmente atrapada y la disfruté mucho, pero sentí que de repente el libro dio un giro y fue decayendo. No estuvo mal, igual me gustó pero poco a poco me fue desenganchando.
Los personajes al principio me gustaban mucho y también sentí que al pasar de los capítulos ya me iban dando un poco igual.
Ahora, también hay cosas buenas que decir, claro. Me encantó el lenguaje que se utiliza en este libro, tan natural y tan de mexicano promedio, que es imposible no sentirte identificado y parte de la historia. Igual pasa con los personajes y el ambiente familiar en el que se desarrolla la historia, todos tenemos a un pariente que encaja en el molde de alguno de estos personajes.
Ya centrándonos en la trama, voy a hablar del contenido del libro: Fruta Verde nos muestra las vidas de Germán y su madre Paula. Vayamos por partes.
Germán es un adolescente aspirante a escritor que adora la literatura, el arte y la política, aunque a su edad no sepa demasiado de ninguno de esos temas (como se irá dando cuenta) por lo que sus ideales y posturas van transformándose a lo largo del libro. Pero por esas mismas razones, es un joven, en mi opinión, muy prepotente que se las da de muy intelectual y está tratando de ponerse siempre por encima de los demás, porque él es muy listo, muy abierto, muy liberal, muy letrado, muy esto y muy lo otro.
Paula, la madre, también es una ávida lectora, pero ella, aunque es una mujer muy divertida, a la que le gusta la fiesta, la sana convivencia, la socialización y los debates intelectuales, también es una mujer muy estrecha de miras, o sea, es muy conservadora, moralista, asustada, extremista; una mujer que juzga y no perdona. Dolida por el engaño y abandono de su marido ha dejado llevar sus prejuicios al extremo y le encanta hacerse la víctima.
En otras palabras, es una típica madre de familia mexicana de la época en que se desarrolla la historia (70's/80's) y como algunas siguen siendo.
El problema empieza, como es de esperarse, cuando las personalidades de ambos se vuelven tan fuertes que se la viven peleando y discutiendo por todo. Cuando Germán, entrando ya en la adultez joven, comienza a dejar de ver todas las ideas y opiniones de su madre como verdad absoluta, y empieza a formarse las propias. Cuando consigue un trabajo importante en el que (válgame Dios) está rodeado de puros "maricones". Cuando comienza a hacerse amigo de esos maricones, sobre todo de uno en especial...
Y cuando, a su vez, la recatada y respetable señora Paula comienza a sentirse atraída por el mejor amigo de su hijo, que por la edad, bien podría serlo él también.
La ignorancia y homofobia de este libro me desesperaba mucho, pero ese no fue el problema, pues lo entiendo, es algo real de la época y que aún sigue existiendo en la mentalidad de muchas personas, desgraciadamente. El libro también nos muestra lo doble moralistas que pueden llegar a ser las personas, amoldando sus principios conforme les va conviniendo, pero también cómo a veces, por culpa de esas ideas radicales que tenemos tan arraigadas nos privamos de la libertad de hacer lo que en realidad queremos y de la felicidad. Por miedo al qué dirán. Simplemente por ser estúpida y tercamente fieles a esos principios de los que ya no estamos tan seguros pero que nos empeñamos en seguir cumpliendo.
Me pareció un buen libro, lo disfruté, me atrapó, es fácil de leer, es de esos libros que los agarras y cuando te das cuenta ya leíste la mitad y ni lo notaste. Está escrito de manera que se hace muy amena la lectura.
Un libro de despertares y descubrimientos sexuales. Un libro que está rodeado, como ya dije, de literatura, arte, música, teatro y política. De lazos y dramas familiares.
Tiene frases muy buenas y enfoques interesantes de los temas que toca, aunque puedas o no estar de acuerdo con ellos.
Germán y Paula me caían bien y mal por ratos, al igual que Mauro, pero la mayoría del tiempo él me cayó mal.
El final me pareció muy abrupto, como que le faltaron páginas o incluso un capítulo completo en medio de los últimos dos, porque el salto temporal que da de repente lo sentí muy brusco.