El inicio de la trama (una supuesta plaga que mata todos los individuos del planeta portadores del cromosoma Y -machos- excepto un joven y su mascota, un mono capuchino), sirve de disparador para hablar del sexismo, feminismo, las relaciones... y cuanto tema sociológico y antropológico se venga a la mente.
Inteligente, bien escrita, graciosa, con arte sencillo pero explosivo, con ritmo cinematográfico. El resultado es una GRAN novela gráfica. Con las posibilidades que permite el formato del comic de un presupuesto ilimitado, termina siendo una suerte de road trip dando la vuelta al mundo, en un viaje mesiánico pero también de autodescubrimiento.
Uno se enamora tanto de estos personajes tan profundos, que parece mentira que sólo nos acompañaron durante 60 números; parecen demasiado pocos. Hay un despliegue y un crecimiento de los mismos que algunas series de televisión no logran ni en 6 o 7 temporadas.
Sin caer en spoilers, puedo decir que el final es agridulce. No dejará conformes a todos. Aun no sé si me doy por satisfecho, pero tal vez ese sea justamente un punto fuerte. El autor, como el dios que maneja los hilos de su historia, nos cuenta cómo las cosas son, y no cómo quisiéramos que fueran. Y es que, si bien la premisa es la de la ciencia ficción, el resultado es un drama tan emocionante como real. Y el final es injusto, como muchas veces la vida también lo es.