Empezaré la reseña con la palabra que, desde mi perspectiva, define la novela: correcta. Antes de empezar el libro hay que tener claras dos cosas: en primer lugar, estamos ante una trilogía, y éste primer volumen es introductorio, muy introductorio. Aquí, más que al histórico Alejandro Magno, hallaremos la figura de Filipo, su padre, Rey de macedonia, el precursor de todo lo que, a un tiempo, edificaría su hijo grabando su nombre a fuego y hierro en la historia. En segundo lugar, que estamos bastante lejos de lo mejor que podemos leer en el género. Es una novela correcta en todo, sin sobresalir en nada.
Por un lado tenemos un elenco de personajes discreto, escasamente perfilados. La caracterización de Alejandro, incluso, llega a ser molesta: tocado por el destino, veleidoso, con frases aniñadas y novelescas. En definitiva un tipo alucinado de sí mismo. En fin, no sé hasta qué punto existirán licencias, pero el autor parece hacer malabares en cada uno de los eventos sangrientos que implican al príncipe macedonio para exculparlo (Tebas, Queronea, conspiraciones varias...). Otro punto bajo del libro es el final, pero claro, ¿realmente tiene un final? Considero que no. Al fin y al cabo es la misma historia artificialmente segmentada en tres partes, por lo que no esperéis un libro conclusivo. Hay que seguir sí o sí.
Lo mejor del libro es sin duda la contextualización histórica que hace el autor, bastante detallada, precisa, y sin caer en el tedio. Va introduciendo conceptos, mitología, filosofía, historia, batallas, personajes histórico sin ralentizar la trama. Todo está deliciosamente integrado. Todo encaja de forma natural. Soberbia la descripción de las tensiones entre polis griegas, los odios entre vecinos, el rencor histórico, las afrentas públicas, las intrigas privadas y palaciegas. Muy bien aquí Valerio Massimo, demostrando que es uno de los maestros en el género. También me ha encantado como el autor expone las motivaciones que llevaron a los macedonios a constituirse como imperio: fascinación por el mundo griego, vocación expansionista y panhelenística y lucha contra el enemigo común persa, entre otros factores. Muy curioso y paradójico leer cómo los macedonios admiran el sistema político griego pero siguen creyendo en el modelo monárquico y en la figura de un hegemón. Reitero: espectacular el libro en todo esto.
Considero, como apunte final, que es un error comparar a Valerio Massimo con Posteguillo (y esto lo digo porque tiene bastantes entrevistas y apariciones junto al autor español y es algo que he leído en algunas reseñas). Creo que juegan en ligas diferentes en cuanto a ambición y exhaustividad en sus obras. Posteguillo tiene un nivel superior en todo. Yo diría que el autor italiano debería vincularse con autores como Bernard Cornwell, cuyo estilo, directo y en cierta medida superficial, y también por extensión de sus novelas, son muy semejantes; o, incluso, con el tristemente desaparecido David Gemmel, y su trilogía sobre Troya, aunque ésta última me parezca mejor a lo leído, por ahora, en "El Hijo del Sueño".
En suma un libro merecedor, en conjunto, de 3,75 estrellas. El redondeo es obviamente hacia arriba. Aquí tira mucho la novela histórica.