Éste es un breve, pero fascinante libro en el que el historiador italiano Enzo Traverso hace un análisis de la catástrofe que barrió a Europa en la primera mitad del siglo XX, un ciclo de violencia que incluyó conflictos bélicos de alcance global, guerras civiles, revoluciones, dictaduras, genocidios y crisis económicas.
Más que hacer una narración de las dos guerras mundiales y el periodo de entreguerras, Traverso trata de encontrar qué significó esa época y cómo transformó para siempre la historia, no sólo de Europa, sino del mundo.
La Primera Guerra Mundial inició en 1914 como un tradicional enfrentamiento bélico entre potencias. Pero no tardó mucho en degenerar en una guerra total, que incluyó a su vez insurrecciones, conflictos civiles y una gran revolución, la rusa. Para 1918, cuando terminó la guerra, todo se había quebrado. No sólo habían desaparecido imperios, sino que la misma civilización parecía haberse reducido a cenizas. Los años que siguieron fueron de extrema violencia, con persecuciones políticas, deportaciones masivas y genocidios que culminarían en el Holocausto.
La Segunda Guerra Mundial no era solamente un conflicto entre imperios. Fue también una serie de guerras intestinas en el seno de las naciones ocupadas por el Eje o gobernadas por regímenes fascistas. Los partisanos en Italia y los Balcanes, así como la Résistance en Francia, en su lucha contra los fascistas locales y extranjeros, son la figura representativa de este conflicto. En general, no se trataba solamente de un duelo entre potencias, sino una lucha a muerte entre ideologías.
También se demuestra la falta de visión histórica en los líderes de las naciones Aliadas. Una vez terminado el conflicto, se juzgó al enemigo en Nuremberg y Tokyo. Pero tras algunas condenas y ejecuciones, ante la amenaza de la Guerra Fría, los mandos Aliados comenzaron a dar amnistías o simplemente a hacerse de la vista gorda. Funcionarios de los regímenes de Hitler y Mussolini no sólo salieron indemnes, sino que pudieron volver a trabajar en los gobiernos de sus países.
De forma paralela, surgió el mito de la guerrilla antifascista como un brazo armado del comunismo soviético. En realidad, las diferentes guerrillas conjuntaban a múltiples actores, y ni de lejos fueron todos comunistas. La narrativa miope del liberalismo de la posguerra borró a los guerrilleros de las narrativas heroicas, por considerar su tipo de lucha (fuera de la legalidad y de las jerarquías de gobiernos y ejércitos), como una inspiración peligrosa.
De especial interés para los lectores contemporáneos será el análisis de la ideología nazi, y de cómo se configuró una intelectualidad antifascista que defendía la herencia de la Ilustración; una alianza tácita o explícita, que incluía a liberales, marxistas, cristianos, etc. Muchos dejaron de lado sus diferencias para luchar contra el enemigo común. El caso de esa breve, pero trascendental alianza, debería servirnos de inspiración en los tiempos presentes