¿Qué carajo hacemos en las casas de los demás?
Al igual que con Distancia de rescate este libro lo comencé sin haber leído la sinopsis ni tener idea de a qué iba, así que me sorprendió que en esta ocasi��n, Samanta Schweblin eligiera las situaciones más comunes de la vida y las convirtiera en algo perturbador o incómodo.
En el primer relato Nada de todo esto nos encontramos con una mujer y su hija, ambas miran casas. Sí, puede sonar absurdo y sin importancia, pero la forma en la que la autora lo cuenta y la dinámica tan particular entre ambas mujeres logra llamar tu atención y hacerte sentir la locura (o la cordura a su manera) que las acecha a ambas. El final te hace ver que hay ciertas herencias de las que no podemos escapar.
Los siguientes relatos siguen más o menos la misma dirección.
En Mis padres y mis hijos Javier y Marga son una pareja que está en proceso de separación y ambos discuten durante largo rato sobre los padres de él, que están en el jardín, desnudos, hasta que algo ocurre y todo se sale de control (más) y se ven obligados a llamar a la policía.
Pasa siempre en esta casa se inclina más hacia la perdida de un hijo y a la presencia de otro. Tenemos a una pareja mayor que sufrió la perdida de su hijo y esto cambió la dinámica entre ellos; luego tenemos a una madre y a su hijo malhumorado que no se preocupa por entender.
La respiración cavernaria es el relato más largo y lastimero de la colección. En él nos encontramos con una pareja de ancianos, el cuida de la casa y de su esposa; ella, poco a poco, sucumbe a los síntomas de su enfermedad hasta que esto desemboca en una tragedia que incluye a un chico de trece años.
Cuarenta centímetros cuadrados es un relato bastante olvidable. Trata sobre una mujer que va a hacer el encargo que le pidió su suegra y, en el camino, piensa en su mudanza, su madre y otras cosas.
Un hombre sin suerte es sobre una niña que se siente desplazada por su hermana pequeña, quien sufre un accidente durante el cumpleaños de esta y, por ende, le roba toda la atención. Una cosa lleva a la otra y la niña conoce a un hombre, ahí todo se pone incómodo.
Y finalmente, Salir es un relato de una mujer que decide salir, sin más (y mucho más).
Mi opinión sobre este libro está ligada al hecho de que uno de mis mayores miedos es la vejez. Mi vejez, la vejez de la gente que conozco, la vejez de las cosas, de todo. Si no fuera por eso, el libro no me habría provocado mucho, la verdad. Sí, el libro ha ganado un premio y uno de sus relatos, también, pero no es impresionante. Si la vejez para ti no significa nada, este libro tampoco lo hará, lo único que hace es narrar el día a día de personas y relaciones que están envejeciendo, de gente común y corriente que se enfrenta a las enfermedades mentales y no sabe cómo lidiar con ellas y de niños que no conocen el peligro. No hay momentos impactantes ni giros inesperados, todo acaba como empieza y la emoción más fuerte que puedes llegar a sentir aquí es tristeza.
¿Me ha gustado? Pues le he dado 3.5 estrellas. Para ser un libro que narra cosas cotidianas y que no tiene sorpresas, creo que es una buena calificación. No lo recomiendo a todo el público, de hecho no se lo recomendaría a nadie, pero si lo ves y te llama la atención no pierdes nada con leerlo, el libro está cortito y se lee rápido.
Cosa aparte, el cuento Un hombre sin suerte no estaba incluído al principio, y se nota. Desentona bastante con la temática de los otros.
PS: aunque este no ha sido un cuatro o cinco estrellas, sigo queriendo leer TODO lo que está autora escriba:)