Diez textos que transcurren en la región de Seerücken, una aparentemente idílica locación vacacional de bosques, montañas y lagos, cercana al sitio donde nació Stamm.
Incansable viajero, el suizo es uno de los mejores exploradores de la psique y las emociones humanas. La suya es una mirada que con asombro y humor acompaña a personajes solitarios que buscan, necesitan y no siempre pueden, conectar con los demás. Su prosa depurada e igualmente accesible es tan divertida como compasiva con esos seres a veces abrumados por la soledad o la sensación de pérdida.
Destaca “Los veraneantes” donde un escritor busca refugio en un balneario montañés para terminar un trabajo importante. El lugar es casi inaccesible, es manejado por una mujer adusta y poco hospitalaria. Pero el hombre ya está ahí, y decide sacar el mejor partido posible de la estancia, aunque poco a poco, la atmósfera abandonada y solitaria empieza a permear su estado de ánimo.
El matrimonio de “El curso normal de las cosas” sólo busca unos días de vacaciones en paz, y pronto la ve interrumpida cuando en la cabaña de al lado se hospeda una familia de alemanes con niños ruidosos. A la rabia y frustración de ver su remanso interrumpido, la sigue la observación de los recién llegados y con ella el cuestionamiento de las propias creencias, valores del propio matrimonio: “Él jamás había lamentado no haber tenido hijos, pero a veces echaba de menos no haber tenido siquiera ese deseo”. Los relatos de Stamm son piezas a veces devastadoras, a las que no les sobra o falta nada.