[2.0⭐] 𝙇𝙖 𝙧𝙚𝙘𝙚𝙩𝙖 𝙙𝙚𝙡 𝙖𝙢𝙤𝙧 𝙫𝙚𝙧𝙙𝙖𝙙𝙚𝙧𝙤: 𝙐𝙣𝙖 𝙝𝙞𝙨𝙩𝙤𝙧𝙞𝙖 𝙙𝙚 𝙣𝙤𝙫𝙞𝙤𝙨 𝙛𝙖𝙡𝙨𝙤𝙨 𝙮 𝙥𝙖𝙨𝙩𝙚𝙡𝙞𝙩𝙤𝙨 𝙙𝙚 𝙡𝙪𝙣𝙖 es una novela juvenil contemporánea escrita por Sher Lee y publicada en 2023. La historia sigue a Dylan Tang, un adolescente que trabaja en el restaurante de su tía en Brooklyn y que está decidido a ganar un concurso de pasteles de luna tanto para honrar la memoria de su madre como para dar visibilidad al local que está en decadencia. Todo da un giro cuando aparece Theo Somers, un chico rico, guapo, encantador y lleno de privilegios, que tras una generosa donación al restaurante, convence a Dylan de fingir ser su pareja para asistir juntos a una boda familiar en los Hamptons.
Lo primero que quiero decir es que, a pesar de mi nota baja, sí aprendí más sobre la cultura china con este libro que en muchos otros espacios. No soy una persona que disfrute particularmente de cocinar (ni de leer sobre cocina), pero debo admitir que me gustó lo detallado del libro en cuanto a las preparaciones, sabores y la importancia simbólica de cada plato. Me sorprendí descubriendo recetas, tradiciones y pequeños gestos culturales que me parecieron bellísimos. Incluso, anoté un par de nombres de comidas que quiero probar en algún momento. En ese sentido, el libro se siente como un homenaje muy sincero a la comida como expresión de afecto y herencia, algo que me pareció sumamente encantador.
Ahora bien, todo lo demás: meh. La historia no me emocionó y eso es lo mínimo que espero de una novela romántica, aunque sea juvenil. El mayor problema que tuve fue lo precipitado que se sintió todo. El romance entre Dylan y Theo es el clásico instalove que simplemente no logro disfrutar. Se conocen, coquetean y en menos del 15% del libro ya estamos hablando de citas, regalos de cinco mil dólares (¿no será mucho?), promesas intensas y miradas que lo dicen todo. ¡Cinco mil dólares! ¿Quién regala eso a alguien que acaba de conocer? Esa clase de situaciones me sacaban por completo de la historia porque no podía evitar pensar lo irreal que era todo, incluso dentro del género. No hubo espacio para que los personajes construyeran algo creíble y eso, para mí, le quitó todo el encanto. Para mí, los protagonistas carecían de una verdadera conexión emocional.
Además, siento que el tono general del libro era demasiado “puber”. Entiendo que es una novela juvenil, pero había momentos en que las referencias a Blackpink, el k-pop, TikTok y demás me hacían rodar los ojos y no es que tenga algo en contra de esos elementos, pero su uso se sentía más como una estrategia de marketing que como una parte natural de la historia.
Eso sí, puntos extras por mencionar a Jackson Pollock. No me lo esperaba para nada en esta historia y, como me gusta mucho su arte y el movimiento al que perteneció, fue una pequeña alegría verlo aparecer ahí, casi como un guiño para quienes tenemos otros intereses más allá del idol coreano.
Otra cosa a favor es que los capítulos eran cortos, lo que hizo que la lectura fuera muy rápida y ligera. El estilo de narración es sencillo, y eso lo hace ideal para quienes buscan una lectura cozy, sin conflictos demasiado intensos ni giros dramáticos. En mi caso, venía de una lectura bastante densa que me había dejado emocionalmente agotada, así que estaba buscando precisamente algo así: una historia tierna, reconfortante, que me dejara el corazón calentito, pero me temo que este libro no lo logró. No consiguió hacerme sentir nada profundo. No me encariñé con los personajes, no me conmovió la relación, no me pareció entrañable la evolución.
Además, el ritmo no ayuda. Todo es tan rápido que no hay tiempo para que el lector procese nada. En un capítulo están en Brooklyn, al siguiente están en los Hamptons, de nuevo en Brooklyn, luego Theo viaja de la nada a Singapur para conseguir un ingrediente y conocer a los abuelos de Dylan. ¿Perdón? ¿En qué momento se volvieron tan intensos? Siento que si el libro se hubiese tomado más tiempo en desarrollar la relación, en construir tensión emocional y en profundizar en las motivaciones reales de los personajes, podría haber sido muchísimo más efectivo y emotivo, en vez de parecer tan precipitado e intenso.
Honestamente, hay momentos que parecen sacados directamente de un fanfic adolescente de Wattpad. Las resoluciones de los conflictos son excesivamente fáciles, los personajes secundarios están para decir “¡ay, qué adorables son!” y reforzar lo mucho que se gustan los protagonistas, en lugar de ser individuos con agencia propia. Es como si todo estuviera diseñado para que el lector sepa que esto es un romance cute, pero no para que realmente lo sienta.
Algo positivo: el libro es cozy. Nunca sentí ansiedad, estrés ni angustia. Siempre estuve tranquila, como quien se toma una taza de té sin esperar que esa taza le cambie la vida y eso no está mal, hay veces en que necesitamos lecturas así; lecturas que no exijan, que simplemente nos dejen pasar la tarde. El problema es que, incluso buscando eso, sentí que me quedé corta, que ni siquiera en su ligereza logró ser plenamente disfrutable.
Quizás influyó también que mi lectura anterior fue muy buena y eso hizo que este libro me pareciera aún más plano. Ya sabía que no iba a encontrar una obra maestra aquí, pero esperaba algo que me hiciera sonreír, que me dejara con esa sensación de “ay, qué tierno fue esto” y no, no lo sentí. Todo pasaba demasiado rápido como para que pudiera conectar y, vuelvo a repetir: muerte al instalove. Me repele. No puedo conectar emocionalmente con relaciones que no tienen bases y, por más que lo intenté, esta no fue la excepción.
Finalmente, puedo decir que 𝙇𝙖 𝙧𝙚𝙘𝙚𝙩𝙖 𝙙𝙚𝙡 𝙖𝙢𝙤𝙧 𝙫𝙚𝙧𝙙𝙖𝙙𝙚𝙧𝙤 me pareció una novela simpática, con buena ambientación cultural y descripciones culinarias deliciosas, pero demasiado apresurada, superficial y dirigida a un público adolescente que busca más clichés que profundidad. No la odié, pero tampoco la disfruté, es una historia tierna y ya.