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192 pages, Paperback
First published January 30, 1964
“Anoche ha venido el gran gato gris de mi Infancia. Le he contado que me hostilizaba el ruido. Él ha puesto en mí, lenta e intensamente, su mirada animal y compañera.”Zama ha sido una de las grandes sorpresas que la literatura me ha deparado en los últimos años. Con “El silenciero” este factor sorpresa, que siempre añade cierto atractivo, ya no cuenta, todo el placer que me ha proporcionado la lectura es achacable a la maestría del autor.
“La dimensión de la llanura invita a desoír la ciencia y atenerse a la engañosa evidencia de la que Tierra es una vasta superficie plana. Sobre uno de sus bordes, el sol parece tolerar la lentitud del auto que nos lleva, y decirnos: sin prisa. No me descolgaré todavía, les daré mi luz para que lleguen. Por entretenerse durante la demora, juega a pintarse de rojo y desparrama pintura alrededor y hasta muy lejos. El pueblo, de ladrillos colorados y mallas de alambre como cierre, se deja penetrar - por el autito -, sin perturbarse.”Mientras en Zama se trataba la situación de demora de la vida, de la eterna espera de aquello que no acaba de llegar y que entorpece el vivir, aquí es el ruido el que aglutina el cansancio o la imposibilidad de vivir, el que impide a nuestro protagonista ser el que debe ser. En ambos es el hombre que, incapaz de manejar su vida, inventa obstáculos insalvables, construye molinos de viento que le sirvan de excusa y a los que se enfrenta impotente. Esa excusa acaba por llenar la vida vaciándola (hay otra lucha, otro personaje, quizás demente, seguramente demente, que actúa y pierde, que persigue y no encuentra; no hay escapatoria para Benedetto si es lo que te ha tocado).
“¿cómo pueden ignorar lo esencial, que el error se halla incorporado a la raíz del hombre?”La primera parte me gustó incluso más que Zama; la segunda, donde se nos narra el desvarío, la espiral de desmoronamiento, menos; el conjunto, ligeramente menos, muy ligeramente.
"La noche fue silencio. Precedió el silencio a la creación. Silencio era lo increado y nosotros los creados venimos del silencio. De silencio fuimos y al polvo del silencio volveremos. Alguien pide: que pueda yo recuperar la paz de las antiguas noches y se le concede un silencio vasto, serenísimo, sin bordes. El precio es su vida."


I tell myself that the city ends somewhere, in a place where everyone sleeps at night.
A tram bears me towards that indeterminate periphery. Then I walk. I've lost the cane somewhere.
I come upon plaza after plaza where couples are managing to survive the cold, street corners inflamed with alcoholic fervor, little coffee shops where truco is played for beans amid impassioned sports talk.
Ghostly minibuses sleep in a caravan along the gutter, where the light fades.
One dog growls, another barks at me. A few more approach warily. I still have the afternoon paper in my pocket. I unfold it, light it, fan it, and the flames roar up. I let go and it falls, drifting, in an enormous blaze. The dogs howl as if they were being punished and abandon their pursuit.
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