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128 pages, Paperback
First published January 1, 2018
Cuando nuestras cabezas bailan, es normal que nuestros cuerpos bailen. Si no puedes poner freno a lo que sucede dentro de tu cráneo, pierdes también el control de las otras partes de tu cuerpo. p.33.
Lo realmente jodido no es perder la cabeza, sino que no haya nadie cerca cuando intentas recuperarla. p.35.
Dudar es una característica esencial del ser humano. Los seres humanos lo son en buena medida porque albergan dudas. El problema es que cuando ya tienes una etiqueta psiquiátrica, cualquier sospecha se convierte automáticamente en un indicador que confirma tu locura. p.48.
El equilibrista se cae. Y son muchas las maneras que existen de caer. Lo esencial reside en conocer todas las maneras posibles de levantarse. Es el único camino que conozco para afrontar el sufrimiento. p. 64.
(…) yo prefiero pensarme loco a pensarme enfermo. La locura puede ser algo casi indefinible, y sin embargo nos remite a un dolor, a un lugar que no conocemos, pero de donde se puede entrar y se puede salir… La enfermedad mental es otra cosa, una creencia firme en que de alguna manera irremediable - pese a que no se puede concretar objetivamente- estoy escacharrado y no puedo hacer nada al respecto. Solo esperar el fin.
Por mi parte, prefiero pensar que la locura es una estrategia adaptativa que ha fallado. Un intento de seguir viviendo en un momento dado que implica tomar un sendero equivocado que nos aleja del mundo. El resultado es este: estás en el suelo y hay que recuperar la verticalidad. Incluso sabiendo que es posible que acabes en él unas cuantas veces más. p.64-65.
Los fármacos no me salvaron, no me salvan, no me salvarán. Son solo moléculas, y aquí l o que está en juego es otra cosa: desarrollar un aprendizaje que permita salir del atolladero. Para aprender hay que aceptar, y no siempre es sencillo aceptar ni lo jodido que se está, ni que ek universo no gira alrededor del propio dolor.
Parece lógico que si el dolor es individual, las soluciones también lo sean. Ese es el funcionamiento del mundo en el que hemos crecido. Un mundo miope donde los problemas colectivos. atraviesan la.vida de los individuos y emergen como problemas personales.
(…)
Pero las cuentas están mal echadas plantear soluciones individuales a problemas colectivos solo hace que todo siga igual. Todo no, claro…, se crea un mercado.
El dinero cambia de manos, el mundo continúa girando. p. 96
Un lector atraviesa las páginas con la distancia de su propia cadencia, mientras que quien escribe sobre lo vivido mira el paso de los años con extrañeza. El tiempo que uno ha consumido es un territorio sólido por el que desplazarse: se te pega a la piel. p.100.
Conversar con determinadas personas, sea por lo que viven y han vivido o por lo que se han preocupado en conocer y compartir, es la mejor manera que conozco para mirar detrás de las cosas mismas. Eso sí, no siempre es una tarea agradable.
Para empezar, hay que aprender a escuchar. Y no solo palabras que legitiman el propio dolor u ofrecen cobijo en mitad de la tempestad, sino también aquellas que cuestionan, quiebran y echan abajo todas las defensas que han sido cuidadosamente construidas con el objetivo de no cambiar.
Luego viene el mirar por donde nadie quiere hacerlo. Escarbar. Roer. Asumir la inevitable indigestión que sobreviene al tomar conciencia de que estamos atravesados de parte a parte por una multitud de guerras: las de la familia, el trabajo, el género, la educación… p. 101.