Esta lectura me ha enfurecido, con la edad y mis circunstancias soy muy crítica ante las narrativas que idealizan el poder de la acción individual, estoy agotada de ver cómo se simplifica problemas muy complejos, ¿cómo que un pequeño colibrí acabará con el incendio de un bosque? ¡Estamos tontos! Y si no te ha gustado, ¿por qué la traes? Porque a pesar de mi escepticismo, un cuento siempre es una herramienta para inculcar valores y el cuento no dice que el colibrí lo consiguió. Es importante que los niños comprendan que el ser humano no sobrevivirá en un entorno sin árboles, los problemas ambientales son reales, pero también el problema social, la culpa no es del hombre de a pie, los que dirigen el mundo marcan las reglas del juego, es importante la acción de cada uno de nosotros, pero tenemos que exigir responsabilidades políticas, a las empresas. Lo siento mucho, pero la palabrería de hoy responde a la impotencia y la frustración que llevo meses cargando.
Por eso me gustan los cuentos noruegos, no te hacen creer que el mundo es mejor si intentas hacer el bien, no te crean ilusiones, el mundo está en manos de los poderosos, cada cosa que se hace enriquece a alguien, el tema, no sabemos a quién. La complejidad de los problemas ambientales no los vamos a solucionar los tipos de a pie, ni siquiera tenemos medios ni organismos a los que acudir, ¿quién destroza un monte? Quien puede hacerlo. Quien sabe que es intocable, este es un grave problema social, de antes y de ahora, el político es intocable. Mi experiencia personal me ha hecho muy crítica, ya lo era, pero ahora un poco más.
¡Feliz lectura!
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