Antes de hacer mi reseña, quiero ser claro: leo y critico este libro como sionista. No pretenderé no tener sesgo, creo que la ilusión de poder ser totalmente neutral acaba siendo dañina en la mayoría de las veces, y mucho más conductiva al fanatismo sin saberlo.
Habiendo dicho lo anterior, quiero remarcar tres aspectos del libro que me llamaron la atención. Khalidi hace dos afirmaciones sobre lo que trata de hacer su texto: demostrar que la identidad nacional palestina es real, existiendo paralelamente a todas las otras identidades nacionales y probar que el desarrollo de esa identidad no fue primariamente en oposición al sionismo. Hace un gran trabajo para comprobar la primera, pero la narrativa del libro no me convence de la segunda.
Es lógico que existe una identidad nacional Palestina, que conecta a sus sujetos tanto mediante símbolos como experiencias, tan real como la de cualquier estado-nación del mundo. El autor hace bien en señalar que todos los otros nacionalismos árabes, e incluso el sionismo, que son aceptados como legítimos por la mayoría de la gente, surgieron a la par que el nacionalismo palestino.
Sin embargo, creo que el autor se aleja de su objetivo de desligar la identidad palestina del sionismo. Ejemplos de un par de autores que concibieron una tierra y un pueblo palestino antes que el asentamiento sionista no son suficientes para sostener su afirmación. Más allá de esto, la mayor parte del libro se enfoca en las reacciones de la sociedad palestina hacia el sionismo y las experiencias vividas por sus sujetos a causa de este. Esto tiene que ver, de acuerdo a la admisión explícita de Khalidi, con el hecho de que la educación palestina y los medios impresos existían antes de la llegada de los pioneros judíos, pero solo por un par de décadas y de manera rudimentaria. Eso no invalida su identidad o aspiraciones nacionales, pero sí juega en contra de la tesis de Khalidi. En el contexto del libro, es indudable que el sionismo fue un catalizador para la formación de una conciencia nacional palestina, en respuesta a en respuesta a la inmigración judía masiva, eventos como la Declaración Balfour y el Acuerdo Sykes-Picot y posteriormente, la Guerra de los Seis Días. Asimismo, el libro niega en repetidas ocasiones algo que admite una sola vez, en la p. 166, que mucha parte de la oposición al sionismo de parte del mundo palestino, corresponde a una visión nacionalista y exclusivista de la identidad árabe: “The same notes of defiance are struck even after the paper’s closure by the British. In the first issue after it was reopened, in November 1919, one article commented on news from Paris regarding the likely partition of Syria, arguing that “we are residents of Southern Syria, we do not want partition, we want an independent Syria, and we are against Zionist immigration.”67 A second article, reporting a public speech by Sir Herbert Samuel at the London Opera House on the second anniversary of the Balfour Declaration, categorically stated that the Arab nation had awakened from its sleep, and that “our country is Arab, Palestine is Arab, and Palestine must remain Arab.””
En relación con mi calificación, la falla en poder comprobar que uno de los elementos principales de la identidad palestina es la oposición al sionismo le quita una estrella al libro. La otra estrella no se la doy por algo mucho más grave: aunque no es el Khalidi poco serio de The Hundred Years War on Palestine que se enfoca en vilificar al sionismo mediante selección selectiva, su tratamiento del mismo sigue dejando mucho que desear. Desde la generalización de los israelíes que hace en la p. 5, citando un ficticio momento de sanitización moral: “Its core is that Israelis, many of them descended from victims of persecution, pogroms, and concentration camps, have themselves been mistreating another people. We thus find that the sins done to the fathers have morally desensitized the sons to their sins toward others, and have even sometimes been used to justify these sins” hasta las caracterizaciones de mala fe que hace en la p. 189, pretendiendo que fue la sociedad palestina la quien abrió las puertas a perseguidos en la antesala Holocausto en vez del movimiento sionista (con oposición de los movimientos nacionales palestinos de la época): “This discontent was accentuated by economic distress in the early 1930s as the worldwide depression hit Palestine, and by the impact of rapidly mounting Jewish immigration as Nazi persecution drove thousands of Jews escaping from Europe to seek refuge in Palestine, at a time when most of the countries of the world shut their doors to them. In the year 1935 alone, at the height of this flood of refugees from Hitler’s persecution, more than 60,000 Jewish immigrants arrived in Palestine, a number equal to the entire Jewish population of the country only twenty years earlier”. Es posible que esto se deba al malentendido (si se le puede llamar así) que tiene el autor sobre las intenciones del sionismo: en la
p. 82 dice que “Zionism, Ruhi al-Khalidi argued, grew out of a radically new reading of the Torah, the Talmud, and medieval and modern Jewish writings which calls upon the Jews “to return to Palestine and stresses that worldly and religious happiness consist in possessing Zion and ruling it.” In hindsight, these seem perfectly straightforward conclusions, and indeed much of al-Khalidi’s work (like the earlier essay on the subject by Najib Nassar99) is buttressed with sections from a long article on Zionism translated from the Encyclopedia Judaica.” Hay un pequeño problema con esto, y es que el sionismo nace como un proyecto secular (nada que ver con lecturas del Talmud o la Torah) que busca un lugar seguro para los judíos escapando del creciente antisemitismo.
En conclusión, recomiendo el libro para entender las diferentes manifestaciones de la identidad palestina, particularmente para el periodo previo a 1967. Las fuentes son de calidad y el texto es en su mayor parte interesante. Sin embargo, la vilificación total del sionismo y la poca justificación a su propia tesis le quitan seriedad a un gran trabajo académico.