4.5
Me tardé mucho en acabar este libro, pero no fue porque me pareciera tedioso o aburrido, todo lo contrario. Me conozco y sé que suelo ser demasiado voraz cuando se trata de algo que me apasiona. Pero yo sabía que esta historia había estado conmigo desde hace años y no estaba lista para que terminara tan rápido. No quería simplemente leerla, quería vivirla. Y vaya que lo hice.
De nuevo, Iria y Selene me han sacudido hasta las entrañas. Son unas verdaderas poetas. Ellas tejen magia con sus palabras y las pulen con melodías de cuentos de hadas. Realmente admiro el talento de su pluma.
En general sí me gustó el final de esta historia, pero hubo algunos eventos que no me permitieron amarla por completo. Todos relacionados con Chryses, mi personaje favorito. Uno es que, esa sed que tenía yo por descubrir su pasado no resultó saciada, porque el misterio permaneció allí hasta el final. Me hubiera encantado conocer el pasado de Chryses con más detalles. ¿Era el hijo de un Dios o de una estrella, o tal vez de ambos? ¿Quiénes eran sus padres? ¿Por qué perdió sus recuerdos y por qué naufragó en Lothaire?
En fin, el otro evento fue, por supuesto, su muerte. No me gustó porque lo creí innecesario, la verdad. Después, una vez terminado el epílogo, entendí la justificación general, que tal vez sus heridas eran demasiado profundas como para sanar. Pero yo, honestamente, sigo creyendo con firmeza que él y Celeste podrían haber sanado juntos, con Seaben a su lado. Sin embargo, el mismo Chryses, como bien dijo Celeste, había creado más obstáculos de los que ya había. Digo ¿por qué a Chryses se le ocurre abandonar a su amada sabiendo que ya se estaba recuperando y que realmente nunca estuvo loca?
Svent, por su parte, no me cayó bien hasta el final, porque siempre lo vi como un chico demasiado egoísta y cobarde, que abandonó a Fay cuando más lo necesitaba. No fue hasta que Itsvan lo regresó a la realidad e hizo que se moviera que dejé de odiarlo. Y con el epílogo, cuando finalmente decide pensar en los demás y en sus responsabilidades, ya me reconcilié con él.
Seaben, por el contrario, siempre tan honorable, valiente y responsable como su padre, pensando en ambos pueblos, Lothaire y Anderia, como suyos propios y sufriendo a causa de ello. No pude más que amarlo todavía más con cada página que leía.
También debo decir que el pasado de mi heroína favorita, Eirene, me ha conmovido profundamente, y me ha fascinado la manera en la que lo conectaron con el pasado de Seaben, a través de sus madres, Aine y Celeste. Ese efímero encuentro entre ellas fue hermoso. Es una historia trágica la de ambas, sí, pero qué mujeres, qué reinas resultaron ser.
Para terminar, me encantó la forma en que cerraron la historia. A pesar de que me enojaran y me entristecieran las muertes de Chryses, Silvana y Rayne, todo tuvo sentido al final, y al igual que los personajes principales, lo superé. También tenía mucho miedo de que Seaben y Eirene tuvieran que separarse para dirigir sus reinos, pero gracias a la idea revolucionaria de la elfa y el regreso de Celeste, todo salió bien para ellos. He acabado esta maravillosa trilogía con una sonrisa y estoy segura de que viajaré a Faesia frecuentemente para revivir Alianzas, Encuentros y Despedidas.