Las historias de Miguel Delibes que hablan de una España que, aunque es de ayer, hace siglos que no es, deberían ser objeto de estudio en los colegios. Pero no por la calidad literaria, que también, sino porque nos muestra la vida de nuestros abuelos, de la raíz del problema de un medio rural que se desangra gota a gota. Para mis hijos un mundo en el que los vecinos interactúan, en el que los niños aprenden de la experiencia de sus mayores, en el que el calendario pasa a ritmo de santos, en el que la vida la rigen los fenómenos meteorológicos, en el que el ocio no lo domina una tableta... es algo quizás más inimaginable que la serie de Satar Wars y todas su precuelas y secuelas.
Don Miguel es un grande y para reconocerlo así no necesita llevar un Nobel tatuado, y lo vuelve a demostrar en Las Ratas. Su maestría en el manejo del lenguaje, su capacidad para hacer literatura con mayúsculas, su habilidad para, sin crímenes ni tramas misteriosas, mantener al lector pegado a las páginas a partir de un puñado de personajes que simplemente viven apreciando o maldiciendo lo que tienen, es simplemente fascinante.
En esta obra, nos muestra la vida y las miserias de un pueblo de Castilla a través de los ojos de un niño que ha madurado de manera precoz, El Nini; el crío es el nexo de unión entre un amplio grupo de actores y actrices que entran y salen de la historia en pequeñas dosis perfectamente medidas. El lector no necesita más para entenderlos, comprender sus vicisitudes y asumir la denuncia de abandono de la sociedad rural que realiza Delibes a través de esta historia. A medida que avanza el santoral, nos va detallando las relaciones claves de un ecosistema en peligro de extinción, y nos traza el camino de un final que, aunque previsible, impacta por su dureza, la cual queda marcada por en el conciso cierre. El clima que este autor es capaz de generar con un dialogo que suma cinco palabras, no es alcanzable por otros aunque se extendieran páginas y páginas.
Me gusta el conocimiento profundo del tema que trata, me gusta la lección de santos y sus respectivos días que he recibido, me gusta haber tenido que tirar a menudo del diccionario RAE, señal de riqueza en la utilización del lenguaje, me gusta recordar lo que fuimos y que haya testimonios para que dentro de unos años mis hijos lo conozcan y de esta forma puedan valorar lo que tienen, me gustan las historias de Delibes y como las escribe, así que las seguiré leyendo.
Y vamos a por otro, que los días ya empiezan a ser más cortos.