Este libro es la historia de otra demolición: la de la comunidad judía cubana. Dueña de cierta prosperidad en los años 50 del siglo xx, la llegada del castrismo le arrebató toda posibilidad de seguir creciendo. Tras 1959, no fue hasta 1993 que se pudo realizar la primera ceremonia de conversión de nuevos practicantes.
La autora comenzó a realizar viajes a Cuba en los años 2000 en búsqueda de la huella familiar y su exploración se extendió por varios años hasta el confín más oriental de la Isla, allí donde quedara algún descendiente.
Profusamente ilustrado con fotos, no es poco lo que nos deja saber sobre los restos de una comunidad que sobrevivió a duras penas a base de ayuda exterior y también de cierta tolerancia por parte de la sociedad totalitaria, quizás porque detectó que era muy minoritaria y estaba desarticulada.
Está repleto de detalles que se vuelven más interesantes y curiosos si tenemos en cuenta que hablamos de una sociedad cerrada, policial y totalitaria: la creación en los años 2000 de un hotel en La Habana sólo para la comunidad judía extranjera (Hotel Raquel), que comenzó a viajar con cierta frecuencia a la Isla; los dos cementerios judíos en las afueras de La Habana y algunos en las provincias, y cómo al final del viaje la comunidad sigue diezmada porque muchos de sus entrevistados se establecieron en Israel gracias a la Ley del Retorno.
La edición: a diferencia de la edición en inglés, que luce cuidada y hermosa (la he consultado en línea), este artefacto más feo no puede ser. Sin diseño interior, sin gracia. Desconozco si es la norma de Linkgua, me gustaría pensar que no.