Este primer tomo de La Guerra de Alan trata de su entrenamiento en el ejército. El centro de la historia gira en torno a Alan y sus anécdotas. Es genial porque te brinda una perspectiva distinta a la que tenemos del ejército y la guerra. Destrucción, dolor, tristeza, odio... Aquí, para ser honesta, hay bastantes momentos graciosos. El protagonista está prácticamente a la deriva y no tiene planes acerca de que camino seguir. Es casi como si tuviera una venda en los ojos y vaya caminando de acuerdo a los eventos o órdenes que recibe del exterior. A pesar de lo dura y estricta que pueda ser la institución militar, Alan nunca llega a deshumanizarse. Es una persona común y corriente con mucha suerte (o mucha mala suerte, como quiera verse). Además de ser un buen soldado, se siente un buen tipo.
Me parece increíble cómo Guibert construye esta historia que, nació de un encuentro fortuito con este personaje en la calle. Con el tiempo, se volvieron muy amigos y ahora que Alan no está, el autor posee una extensa base de datos de él, que expone con cariño. Me hace pensar que en las calles, hay millones de historias por descubrir.