EL SEXO ES PODER… SI ERES HOMBRE
RESEÑA A Hudson, Valerie M., Bonnie Ballif-Spanvill, Mary Caprioli, y Chad F. Emmet. Sex and World Peace. Nueva York: Columbia University Press, 2012.
Sé que el lector espera una reseña acerca del libro Sex and World Peace de Valerie M. Hudson, Bonnie Ballif-Spanvill, Mary Caprioli y Chad F. Emmet, pero, primero, permítame contarle un poco acerca de mí. Soy una joven mexicana que, como el resto, disfruta de derechos humanos consagrados en la ley suprema de mi país y en los tratados internacionales que ha ratificado. Por ende, no solo de facto soy un ser humano poseedor de garantías inalienables, sino que mi Estado ha jurado su protección. No obstante, día a día, vivo y compruebo las deficiencias de las autoridades para preservar lo más básico a mi persona y lo esencial a mi existencia. Salgo a la calle y salgo con miedo, porque no hay nada que asegure que voy a regresar. En esta nación democrática, laica, representativa y popular, una cultura machista ejerce violencia sobre mi alma, las doctrinas religiosas y su intolerancia deciden sobre mi cuerpo, y las instituciones son planeadas para acallar mi voz y mi voto. No me pida que me tranquilice, pues me siento indefensa: quiero cambiar un mundo que parece haber olvidado a la mujer. Sin embargo, heme aquí —acabado de leer Sex and World Peace— con mis esperanzas restauradas: he descubierto que no estamos solas y que esta realidad muta (y nosotros con ella).
Ahora bien, estoy segura de que el lector se preguntará porqué hago una afirmación tan contundente acerca de nuestras vidas, de la que muchos filósofos (dado que rara vez se escuchan nombres propios de mujer) han dedicado su trayectoria a resolver. Pues bien, Hudson, Caprioli, Baliff-Spanvill y Emmet forman un grupo multidisciplinario de dos politólogas, una psicóloga y un geógrafo, respectivamente, que descubrieron una laguna en la disciplina de las Relaciones Internacionales: el estudio de la seguridad internacional —y nacional— no considera variables y factores de género —y de la mujer— dentro de su metodología. La investigación de cómo lograr la paz mundial se enfoca en resolver conflictos ideológicos, políticos y económicos, pero no en la diferencia abismal entre los géneros humanos. Las naciones (y sus estudiosos) parecen olvidar que su seguridad también depende de lo que les sucede a las mujeres. Así, los expertos en género, seguridad, paz, violencia interpersonal y relaciones internacionales buscan que observemos con una perspectiva más amplia los asuntos globales, y que adoptemos una posición crítica y preguntemos ¿dónde están las mujeres?
En cuanto a su estructura y contenido, Sex and World Peace se constituye de siete capítulos de un arduo estudio cualitativo y cuantitativo, y de dos apéndices con tablas y mapas para profundizar el análisis. El primer capítulo, “Roots of National and International Relations”, está dirigido a los estudiantes de Relaciones Internacionales. En él se discuten teorías clásicas, pero desde un punto de vista de género y de sexo. Entonces, se mencionan ejemplos como la restricción reproductiva, crisis económicas (como la del 2008) y de salud (como la del síndrome de inmunodeficiencia adquirida), el choque de civilizaciones, la teoría de la paz democrática, entre otros.
En el segundo apartado, “What Is There to See, and Why Aren’t We Seeing It?”, los académicos definen el término “microagresión” para mostrar cómo acciones, aparentemente pequeñas e insignificantes, tienen un efecto mariposa e impactan en todos los niveles hasta alcanzar el internacional. Sin atender, estos diminutos tumores (imperceptibles en un inicio) se vuelven cancerígenos. La falta de integridad física y de seguridad de la mujer, la codificación de leyes inequitativas, y la disparidad entre hombres y mujeres en plataformas de discusión y representación son los tres más peligrosos, pues no se puede considerar “saludable” un Estado que descuida a la mitad de su población; al final, la enfermedad corrompe todo el sistema y se desencadena una guerra por sobrevivir entre organismos.
En la tercera sección, “When We Do See the Global Picture, We Are Moved to Ask How This Happened”, los profesores desafían el prejuicio de que las ciencias sociales no tienen cabida en el mundo de los datos duros, pues logran que su argumento se respalde de un cumulo de información procesada rigurosamente: emplean variables y escalas para mapear patrones de la situación de la mujer en todo el mundo. Asimismo, los autores recurren a la teoría de la evolución, ya que confirma la relación entre la seguridad física de la mujer y comportamientos arcaicos de las colectividades humanas.
En la cuarta parte, “The Heart of the Matter: The Security of Women and the Security of States”, los investigadores discuten las respuestas que se han dado a la pregunta de cuáles son las raíces del conflicto e inseguridad de los Estados. Unos argumentan que el origen son diferencias civilizatorias, como etnicidad, idioma, religión y disponibilidad de recursos. Otros aseguran que la respuesta yace en el tipo de régimen —democrático o no democrático— del país. Empero, los académicos añaden un factor más a considerar: la equidad de género, pues cuentan con pruebas suficientes para afirmar que el bienestar de la mujer define considerablemente el estatus de un Estado y el equilibrio del escenario internacional.
Aparte, ya identificadas las grandes desigualdades entre el hombre y la mujer, los profesores confrontan la pregunta de cómo eliminarlas y, por tanto, presentan dos aproximaciones: en el capítulo quinto, “Wings of National and International Relations, Part One: Effecting Positive Change Through Top-Down Approaches”, analizan las acciones que se pueden llevar a cabo desde un nivel macro o estatal para estabilizar la situación de la mujer, pues se cuenta con medios —violentos y no violentos— para cambiar las normas sociales. En el sexto apartado, “Wings of National and International Relations, Part Two: Effecting Positive Change Through Bottom-Up Approaches”, los autores llaman a mujeres (y a hombres) a actuar desde sus trincheras, sin esperar que las autoridades cumplan sus promesas vacías, y presentan numerosos ejemplos de cómo podemos cambiar, desde un nivel micro, las circunstancias precarias de la mujer.
Finalmente, en “Taking Wing”, los académicos hacen un breve, pero exhaustivo recuento de lo discutido en su trabajo y concluyen que lo que le sucede a la mujer afecta directamente la seguridad, estabilidad, prosperidad, belicosidad, corrupción, salud, tipo de régimen y, por supuesto, poder de un Estado. De modo que, los autores nos exhortan a reconocer y proceder acorde a la comprensión de que “nunca habrá paz para nuestras naciones a menos que haya paz entre sexos.” Como bien dicen, el conocimiento es poder y actuar, nuestra única alternativa.
Cuando empecé a leer Sex and World Peace, me propuse solo destacar lo importante. Mi libro terminó lleno de subrayados y anotaciones: me atrapó y me generó enojo, tristeza, emoción, interés e impotencia. Su estructura lo hizo fácil de leer y de seguir la línea de argumentación, sus autores lograron hacerlo accesible y fluido. Además, los profesores complementan la información dura con testimoniales de personas involucradas en proyectos y relacionadas con, o afectadas por, la inequidad entre géneros. Los investigadores también proponen posibles soluciones a través de acciones cotidianas (como no ceder ante la presión social, cuestionar aparentes hechos y verdades, pedir ayuda o ayudar a otros) que, una vez arraigadas, crean una realidad distinta. En contraste, si bien el libro reitera planteamientos para remarcar su importancia, en ocasiones resulta un tanto repetitivo.
Queda claro que nuestro mundo es un lugar injusto y despiadado y, personalmente, resiento las heridas causadas por las microagresiones de género. Sin embargo, aún puedo considerarme afortunada: el libro recopila solo algunas historias, pero millones de mujeres son víctimas de situaciones de extrema violencia e inequidad. Por esta razón, si deseamos ser un factor de cambio y no simples espectadores, debemos descubrir las acciones a emprender para lograr una verdadera paz mundial, no solo entre países y credos, sino entre las personas más allá de su género.