Gonzalo Fernandez de la Mora has here produced pro foundly conservative (and provacative) critique of modernity. A widely heralded and much debated bestseller in Europe, Egalitarian Envy begins with the problem of the origin of evil. Is man by nature good, wicked, or simply fallen?
“Egalitarian Envy is a brave and brilliant contribution to contemporary political theory by one of the seminal thinkers of our era, a work that confronts the most serious problems of modern political theory and challenges assumptions that are rarely examined by leaders in the free world.” —M.E. Bradford, From the Forward “Egalitarian Envy is an intelligent and imaginative book that freshly reconceives some familiar problems.” —Joseph Sobran National Review
Esta obra del intelectual, político y diplomático español Gonzalo Fernández de la Mora constituye todo un tratado filosófico acerca de un problema tan espinoso como trascendental: el de la envidia, en sus manifestaciones individuales y como fenómeno colectivo, unido a sus derivaciones y expresiones sociales y políticas. Publicada por la editorial Planeta en 1984 y hoy de difícil adquisición, ha sido convenientemente reeditada en el año 2011 con un prólogo del gran historiador del pensamiento conservador español y biógrafo del autor Pedro Carlos González Cuevas (La razón conservadora). En este libro se alega que la envidia, nacida del reconocimiento – real o ficticio – de la superioridad del otro en cierto ámbito, que es racionalmente intuida como una fuente de felicidad del envidiado, es un sentimiento maligno y autodestructivo que centra sus esfuerzos en hacer desaparecer esa supuesta felicidad y trata de rebajar a su portador al nivel del envidioso. Las consecuencias sociales de la envidia son numerosas y ampliamente negativas para la colectividad, especialmente cuando es utilizada desde instancias de poder para enfrentar a ciertos grupos, cuyos inconfesables sentimientos son racionalizados y espoleados. En este sentido, el fenómeno envidioso y su empleo político explicaría, en cierto modo, el trasfondo de amplios movimientos revolucionarios de los siglos XIX y XX (para la definición del autor del concepto de «revolución», véase su opúsculo Maeztu y la teoría de la revolución).
En un primer bloque, Fernández de la Mora recoge y desgrana minuciosamente los razonamientos y definiciones que se han dedicado a la envidia en el transcurso de más de dos milenios de historia de la filosofía. «El problema histórico», tal y como es presentado, comienza desde los griegos presocráticos, es heredado por los latinos y prosigue con la patrística, los medievales, los renacentistas y los barrocos hasta llegar al pensamiento filosófico moderno y contemporáneo. Tampoco deja de lado en este examen doxográfico los razonamientos orientales de la mano de la polémica entre Mencio y Hsün. De modo que, según somos conducidos por este periplo histórico, surgen numerosas cuestiones en torno a la definición filosófica de la envidia, eruditamente presentadas para ser posteriormente propugnadas o debeladas, investigando las diversas argumentaciones en busca de contradicciones internas o perspectivas insuficientemente desarrolladas. Así arribamos al penetrante análisis del autor. Axiófila, abscóndita, confusionaria, universal, prefabricada, punitiva: elementos inseparables del concepto de envidia, finalmente sentenciada como un vicio capital insatisfactorio e inconfesable y como fruto de un razonamiento pernicioso en extremo erróneo y disfuncional, pero no obstante curable, tanto en lo individual como en lo colectivo.
Desde el mismo prólogo del libro, el filósofo había anunciado una de sus tesis fundamentales: la del igualitarismo como consecuencia social y política del fenómeno envidioso, un sentimiento «cuya patria es el mundo; pero cuya residencia favorita está entre los hispanos». Por consiguiente, la envidia se encuentra entre los morbos españoles más condenables, que explica la falta de capacidad patria para la organización autónoma y espontánea para ejecutar acciones eficaces y prolongadas y de lo cual se deduce la razón por la cual su grandeza histórica se haya visto tantas veces unida al «liderazgo de un hombre excepcional». De las grandes naciones europeas, es España la que más ha decaído durante la época contemporánea, víctima de una envidia igualitaria mucho más enérgica que la sufrida por otros países debido a una predisposición psicológica que ha multiplicado su operatividad. «Una comunidad de envidiosos no puede gobernarse a sí misma porque tiende a destruirse»; de ahí que la solución al problema de la inferioridad hispana se encuentre en la destrucción del resentimiento envidioso y el igualitarismo rencoroso. Frente a la envidia igualitaria, la emulación jerarquizadora y creadora.
Gonzalo Fernández de la Mora fue un acérrimo defensor del antiigualitarismo y de una doctrina decididamente elitista, en línea con el pensamiento de Gaetano Mosca y Vilfredo Pareto. Por esta razón, en el último apartado de este libro, una de sus grandes obras junto a El crepúsculo de las ideologías, razona concienzudamente sobre la imposibilidad de la idea igualitaria. Refiriéndose a las famosas palabras plasmadas en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1793, establece lapidariamente: «Pues bien, este dogma es falso y no es fecundo. La verdad es que todos los hombres nacen desiguales y que la sociedad trata de igualarlos mediante los usos y los preceptos. La desigualdad es inseparable compañera de la naturaleza y de la libertad, y no hay igualdad sin arbitrariedad y coacción». Existe una desigualdad metafísica, zoológica, genética, social, vital y incluso ultraterrena, irremediables desde el ideal igualitario y que sólo puede paliarse mediante una cierta igualdad jurídica, asumiendo que incluso en la igualdad de oportunidades existen diferencias de hecho y los resultados serán siempre dispares. En definitiva, una investigación rigurosa de un tema con numerosos matices y aristas, siempre dado a la malinterpretación, ya sea intencionada o accidental, y que ayuda a comprender más profundamente un enigma del hombre tan sumamente difícil como es su ser envidioso y una incógnita social y política tan grave como el igualitarismo.
En un español preciso y culto, elegante como un templo griego, el autor debate consigo mismo sobre el tema de la envidia, la igualdad y la desigualdad. La envidia y todos sus aledaños, podríamos decir. Comienza haciando un repaso a la interpretación que le han dado muchos filósofos y pensadores desde los pre-socráticos hasta la modernidad. Las observaciones son variadas y muy interesantes. La segunda parte del libro se hace menos entretenida: el autor se adentra en el terreno de la psicología, de la sociología, etc. Se bifurca el libro al entrar a dirimir temas como el de la igualdad y la desigualdad, pero de forma muy abstracta, hablando de conceptos y acepciones, se debaten las diferencias genéticas, culturales, etc, etc. Es muy filosófico todo el libro. Pensé que el autor entraría de verdad a hincarle el diente, a modo de ensayo personal, al tema de la envidia, pero no. Pues la enviadia da para mucho a la hora de señalar ejemplos muy actuales, ejemplos que podemos comprobar todos los días en nuestra rutina diaria, en las noticias, en nuestra sociedad moderna. Pero se queda el libro en una conferencia, muy bien escrita, eso sí, muy documentada también, pero sin sal ni pimienta. Una oportunidad perdida.
El libro produce la misma impresión que esas noticias absurdas que hablan de crímenes horrendos cometidos por un tal J.M.C o B.S.M en tal o cual ciudad... Si no sabemos de quién hablamos exactamente, ¿de qué sirve dar la noticia?
"Nature, which is hierarchical, creates all men unequal, and society, which homogenizes, tries to make all men similar and strives to eradicate their individual peculiarities."
This book will read like a dirty secret cuz it's the harsh truth. Envy is part of the human shadow and wrecks relationships. This book calls it out.
Although this book fails to comprehend the scientific, materialist and non-humanist origins of democracy (though of course humanism is an ultimate end of democracy) it does get other things very right.
As someone big on social justice, but often betrayed by the very people I work with over and over I began studying narcissistic rage. That didn't really cut it or explain it. So I dug deeper and found this book. This book was it. When they said those who are excellent will be called "privileged" no matter how not privileged they actually are, I finally found some real answers. I wish it weren't true but it is. The idea of the "many" is a hypocritical lie to level the playing field and actually hides a few covert attempted elites vying for the social mobility hotspots that swiftly open and close in those levellings. One done, they're quick to forget the roots and revert to old elitist wealth-protection paradigms. We see this in the Stalinist managerial class installed by terrorism, we see this in the liberated indentured servant class of old America now treated like some sort of aristocracy simply for being the first white slaves to the crown to land on the first land they failed to understand and became ill and murderous upon, we see that in caste mobility narratives today that have rich Indians pitting themselves against America's poor just to prove a point that they "overcame their caste".
The thing that really struck me was when it said, "injustice is the result of envy". That provided me so much relief. Envy they said is the ultimate burden to the envier, only relieved by short periods where their felt inferiority is attempted to be relieved onto the envied, but of course never sticks because there are no qualities of emulation or independent generation in the codependent ground-leveller. To be excellent requires one to give up comparing oneself to the other; this is not something a ground-leveller is secure enough to do and thus is incapable of excellence until then. Thus ground levelling for its own sake due to severe envy and desire to relieve its pain is the method of the envier and leads to severe injustices.
It explained everything that is happening to me and illuminated why some people aren't allowed in supposedly egalitarian groups even if they step back, give away power, hide their face, whatever...they're just not allowed in. Why? Because of the issue of envy.
I feel relieved to know. Now I can say goodbye to them without self-blame. Now I can call injustice from envy what it is. Now I can join groups committed to excellence independently but sharing their individual journeys, instead of masses of humanity trying to bring down the sources of light from the stars at rage that they themselves don't emit such luminescence (due to have no introspecting interior life to speak of, but only eyes coveting the skill, virtues, and possessions of others).
El autor desmonta el culto a la igualdad, señalando cómo esta solo sirve para esconder la envidia en forma de justicia social. Es una fuerza política disfrazada de virtud, donde se camufla la envidia tan evidente con "solidaridad". 10/10 recomendado.