Pearl y May son dos hermanas de una buena familia que pasan sus días de fiesta en fiesta en la espectacular Shanghai de finales de los años 30. En esta época, la ciudad se encuentra en constante cambio y modernización, y el choque entre madres e hijas, o incluso entre las de Shanghai con las de otras zonas de China es evidente: la mujer de Shanghai se está occidentalizando. Pese a los valores tradicionales de sus padres, las hermanas Chin disfrutan de esta vida y de los recursos que tienen, mirando por encima del hombro a todos aquellos que no comparten estatus con ellas. Sin embargo, la repentina pérdida de la riqueza familiar, sumada a la invasión japonesa de China, cambiará la vida que conocían para siempre.
Tercera lectura que hago de la gran Lisa See y tercera vez que consigue enamorarme de sus historias, aunque me gustaría advertir que “Dos chicas de Shanghai” no es tan espectacular como lo fueron “El abanico de seda” o “La isla de las mujeres del mar”, ya sea por la manera en la que evoluciona la historia, porque no hay tantos giros argumentales (los hay pero menos) o porque el contexto histórico resulta menos atractivo de entrada, o esté visto desde más lejos que las otras dos obras. Y aún así, me ha parecido un librazo, con muchas virtudes y muchas cosas que analizar.
Después de leer tres libros de Lisa See, puedo confirmar que la fórmula en las historias de la autora se repite siempre: dos mujeres unidas por una vínculo afectivo, a veces romántico, a veces de amigas, otras de hermanas, donde hay muchos secretos, y siempre enmarcado en un contexto histórico turbulento. Quizás para algunos lectores esta fórmula pueda llegar a resultarle repetitiva, pero yo estoy disfrutando muchísimo haberme encontrado con Lisa See en mi camino lector y poder leer historias de mujeres con vínculos, que se apoyan unas a otras, que también se equivocan, pero donde el afecto es tan real que atraviesa las páginas. Parece una exageración, pero no es ni remotamente fácil encontrar historias donde los personajes femeninos tengan ese tipo de relaciones, o si las tienen, rara vez acapara la trama principal.
Una cosa que me gusta mucho de las mujeres protagonistas de Lisa See, y en “Dos chicas de Shanghai" creo que he encontrado, al menos por ahora, el máximo ejemplo, es que son personajes con muchos matices, claros y oscuros por igual. May y Pearl son dos niñas mimadas, víctimas de su época, clasistas, que caen en la propia trampa de su crianza. Cuando ellas pasan a formar parte de eso que tanto repudiaban, se odian así mismas. Me gusta mucho no encontrar protagonistas perfectas, que todo lo hacen bien y que si sufren o les pasan cosas malas siempre es culpa de algo externo. En “Dos chicas de Shanghai” Pearl y May sufren mucho por cosas que escapan a sus manos, pero también son humanas y cometen errores, y esto consigue que los personajes de la autora siempre se sientan reales.
Uno de los temas más interesantes del libro es como refleja la hipocresía de las personas y del propio sistema. Durante la segunda guerra chino-japonesa, que duró desde 1937 a 1945, Estados Unidos toma a los ciudadanos chinos como aliados contra Japón, a causa de la evidente enemistad entre Japón y Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. ¿Os suena eso de "el enemigo de mi enemigo es mi amigo"? Pues un poco eso. Sin embargo, en los años posteriores, después de la expulsión japonesa y de la guerra civil del país, resultando el comunismo vencedor, los chinos que llevaban años viviendo en América, incluso habiendo nacido muchos allí, pasan a ser el enemigo. Por supuesto esto provoca oleadas de racismo y agresiones, y la autora tiene un talento especial para retratar lo ridícula que puede ser la especie humana y lo cabalgantes que suelen ser los valores de estos, siempre a conveniencia, y siempre como justificación de los peores actos propios.
Creo que Lisa See es una genia, y se nota muchísimo el trabajo de investigación que hay detrás de cada una de sus historias, a través de ellas aprendemos muchos sobre diferentes contextos históricos, de una manera sencilla pero intensa, y lo hacemos junto a personajes que huelen a verdad, que podríamos haber sido cualquiera de nosotros. También me ha gustado mucho ver ese choque cultural de los chinos nacidos en América con los que no, un tema que suele gustarme mucho y en “Dos chicas de Shanghai” parte de la historia se centra en esto. Tengo muchas ganas de leer la segunda parte “Sueños de felicidad”, porque el final de la primera es de infarto. No esperaba para nada un giro así, pero pinta que la secuela puede ser incluso mejor.