Cuando comencé el libro, me dio la impresión de que no habría mucho de interés en él, uno de esos libros que Burgess escribió porque le pareció gracioso y la casa publicadora estuvo dispuesta a pagarle por ello. Sin embargo, a medida que fui leyendo, me pareció que había algo más en todo ello...
Es la historia de un individuo, J. W. Denham, que se siente como un extranjero en su propio país, ya que ha pasado la mayor parte de su vida viviendo en otros lugares, particularmente el subcontinente indio y el lejano oriente. Sólo va a Londres ocasionalmente a ver a su padre y, cada vez que está allá, se siente muy desconectado de un occidente que ve como decadente y bruto. Sin embargo, las cosas que le gustan de oriente en verdad son las que su país, en sus días de imperialismo, sembró allí, y no parece que tenga mucho aprecio por los elementos culturales más "nativos" de en donde se encuentra.
También está el señor Raj, un singalés que entra en contacto con Denham y, mediante mañas y maniobras suyas, queda al cuidado del padre de éste. Con el transcurso de la novela descubrimos que este personaje es prejuicioso, algo racista, agresivo, acomplejado y un tanto obseso. Dice querer estudiar las costumbres de occidente, pero parece más interesado en pasar de servidor a maestro.
Hay un tercer personaje, de menor importancia, pero de curioso interés en el papel de un tabernero que dice tener nexos familiares con Shakespeare. Al final del libro, sin revelar nada, el tipo lanza una teoría disparatada sobre el Bardo (que él cuenta como un hecho cierto, y con lo poco que se sabe del hombre en cuestión, no es del todo imposible) sólo para dar una morajela al final de la historia.
La escritura es muy humorística y auto-consciente, con varios juegos de palabras y personajes que no parecen calzar mucho con el mundo real. La novela también refleja un poco el zeitgest de la época, lo que para ojos de algunos, puede añejar la historia un poco: el Imperio Británico va en retirada, la gente de piel morena en Inglaterra se va haciendo más común pero todavía no es tan normal, la televisión es tratada como un elemento idiotizante, tanto en diálogo como en hechos (algunos personajes, muy orgullosos de sí mismos, se niegan a reconocer que ven televisión)...
A primera vista parece sólo otra humorada menor de Burgess, pero a mi juicio, un poco más abajo de eso hay una historia más potente sobre exiliados desilusionados y su apatía frente al mundo que encuentran, y la novela engancha mucho más una vez que avanza la historia.