La mezcla de cuestiones políticas con el aparato legitimador de estas, a través de escenografías patrioticas que insistían en fusionar monarquía y nación, fue, sin duda, un acierto para el tratamiento biográfico de Alfonso XIII. Lo muestra como realmente fue, un hombre moderno cargado de las contradicciones del siglo XX. Contradicciones personales que repercuten directamente en su trayectoria política, que, por ejemplo, apuntalan el cambio de rumbo de un rey demócrata a un rey tradicional-conservador.
Sin embargo, la concatenación de capítulos puede llegar a ser algo confuso. Aún siguiendo un orden cronológico, los apartados centrados en el panorama gubernamental no acaban de casar con los que responden a la vida privada y pública del rey. Tal motivo hace que los capítulos se perciban como inconexos, lo que va en detrimento de la idea general sobre la que se estructura el texto: la obsesión patriota del rey. Esta se percibe, pero por veces se presenta difusa o apartada por otros asuntos anecdóticos y de menor interés.