Volume III of A History of Women draws a richly detailed picture of women in early modern Europe, considering them in a context of work, marriage, and family. At the heart of this volume is “woman” as she appears in a wealth of representations, from simple woodcuts and popular literature to master paintings; and as the focal point of a debate―sometimes humorous, sometimes acrimonious―conducted in every field: letters, arts, philosophy, the sciences, and medicine. Against oppressive experience, confining laws, and repetitious claims about female “nature,” women took initiative by quiet maneuvers and outright dissidence. In conformity and resistance, in image and reality, women from the sixteenth through the eighteenth centuries emerge from these pages in remarkable diversity.
La Historia de las mujeres que consigna el libro bajo la dirección de Arlette Farge, Natalie Zemon Davis y Henry Charles Lea fue publicado en 1990 y forma parte de una colección, siendo este tomo el 5 (mi libro es una edición vieja) que analiza desde el Renacimiento a la Edad Moderna y mucho nos hubiera aclarado si desde el título mismo especifican que solo se circunscriben a las mujeres de Europa. Para desarrollar el texto, dividieron el universo a desmenuzar en los siguientes seis temas: Mujeres, trabajo y familia; El cuerpo, apariencia y sexualidad; La estética ¿máscara táctica, estrategia o identidad petrificada?; La educación de una joven; Vírgenes y madres entre el cielo y tierra. Las cristianas en la primera Edad Modena y Mujeres y política. Con el siguiente epígrafe, que constituye una perla del pensamiento predominante en esa `época, tenemos una muestra de lo que el libro nos ofrece: “Richard Steele, el ensayista del siglo XVIII trató de definir a la mujer: “Una mujer es una hija, una hermana, una esposa y una madre, un mero apéndice de la raza humana...” “(p. 23) y esta sentencia fatal se ilustra a lo largo del texto donde explican cómo eran educadas las mujeres aristocráticas y las del pueblo, tanto del campo como de las urbes, cómo se disponían sus uniones preparando las dotes para que hicieran un “buen” matrimonio cuando eran de buena posición social, porque cuando esto no era así, tendrían que empezar a trabajar desde los doce años y abrirse paso en las ciudades para laborar en las incipientes fábricas o como servidoras domésticas. Cómo las mujeres vírgenes o en edad de concebir sí eran respetadas, el resto, no. Cómo la sociedad disponía de la fortuna de las viudas y según fuera su clase social, algunas, pocas, se salvaban y podían rehacer su vida, pero en términos generales eran presa de los prejuicios y estigmas de la sociedad. Aquí anoto un ejemplo: “los teólogos y los comentaristas morales se persuadieron de que al menos la moralidad femenina era una herencia materna. Una hija era lo que la madre había hecho de ella. Una bruja sólo podía engendrar una bruja; una mujer de dudosa moralidad que engendraba bastardos, produciría una paridora de bastardos.”(p. 59) La iglesia tanto católica como la protestante en ese entonces jugaba un papel protagónico en la vida de las personas, pero más en la de las mujeres no solo las religiosas, sino también las seglares. La participación política de las mujeres se percibe según sea su posición en la sociedad: algunas aristócratas eran consejeras y pocas veces eran escuchadas, las mujeres del pueblo participaban en huelgas, manifestaciones y eran encarceladas. El libro está bellamente aderezado con ilustraciones de pinturas que muestran la situación de las mujeres en la época estudiada. Lo que se siente en falta en el análisis de las mujeres son las mayores, las viejas. Las naciones frecuentemente mencionadas son Francia, Inglaterra, Italia y los Países Bajos. Las demás, brillan por su ausencia. A pesar de ello, sin duda este es un libro revelador y sumamente interesante que hay que leer.