''Es muy bello seguir un camino en línea recta. Pero la mayoría no puede hacerlo. Se pierden, se equivocan, y a veces toman un camino más largo. Así está bien, date la vuelta y mira. Tras chocarte aquí y allá, tras perderte tantas veces... ese camino será mucho más extenso que cualquier otro.''
Musashi sigue su camino. Antes de dirigirse a la cueva de su infancia, decide pasar por el feudo de Yagyu con la intención de hablar con Sekishusai. Sin embargo, su viaje se ve interrumpido por una multitud de espadachines que lo buscan para conseguir gloria a costa de su nombre. Pero Musashi ya no es el hombre que conocimos. No desenvaina, no desafía, no se deja arrastrar por el vigor del combate. Traza un círculo a su alrededor y permanece dentro de él. Si deciden pasar, actuará. Cada enemigo que se detiene ante él, dudando si avanzar o no, se enfrenta a algo más grande: la decisión de no matar. Musashi está decidido a dejar la espiral de muerte y asesinatos de una vez por todas.
Mientras Musashi intenta salir de la espiral, otro hombre se enfrenta al ruido de su propio pasado, pues este también se enfrenta a su propio camino de la espada: Matahachi.
Por fin se reencuentra con su madre. Osugi Hon-Iden está muy enferma. Con la vida apagándose poco a poco. Temiendo que el final esté cerca, Matahachi decide hacer algo por ella: llevarla a la aldea Miyamoto una última vez. Emprenden el viaje, con una Osugi casi muerta, y en el silencio del camino, Matahachi se odia a sí mismo. Odia sus debilidades, sus decisiones, el sendero retorcido que ha recorrido. Siente que ha fallado a su madre y a su familia, pero esto no es así. Osugi nunca pudo tener hijos; adoptó a Matahachi y, gracias a él, vivió con el orgullo de una madre. En su lecho de muerte, Matahachi le confiesa sus mentiras, todas esas historias que inventó para escapar de su espantosa realidad, y teme que, al revelarlas no quede nada de él. Pero su madre le consuela: el mundo está lleno de personas débiles que anhelan ser fuertes, y admitir esa debilidad ya es un acto de valor.
Matahachi, el hombre que tropezó una y otra vez, que huyó, que mintió sin parar, ha encontrado sin buscarlo una fuerza que en este mundo pasa inadvertida e ignorada: la comprensión a través de su fragilidad. Su fuerza no está en la espada, sino en la empatía nacida de sus errores.
En los últimos momentos de su madre, Matahachi dice una última mentira. Pero esta vez no para huir, sino para despedirse. Para darle un último consuelo a su madre. Ya están en la aldea Miyamoto y con una sonrisa tranquila, Osugi Hon-Iden muere. Matahachi se lamenta, cree que no ha hecho nada para ella... pero no es cierto. Le dio lo que más deseaba: la oportunidad de ser madre.
Musashi ya casi ha llegado al feudo Yagyu, pero en el camino se cruza con un hombre peculiar: Ito Ittosai. A primera vista podría parecer un encuentro fortuito, pero el destino nunca lo es. Ittosai le da una noticia que detiene su paso: Sekishusai Yagyu ha muerto. Antes de su partida, Ittosai tuvo un encuentro con el anciano. Ambos debatieron sobre quien era ''el mejor de todos'', donde Ito proclama que solo puede haber uno. Sekishusai responde con serenidad:
''Eso no puede ser... porque el todo es una sola cosa.''
Ittosai desenfundó su espada, pero fue derrotado sin que Yagyu moviera un solo dedo. El viejo maestro no necesitaba el filo; había comprendido la fuerza sin recurrir a la espada. En ese instante, Ittosai entendió que había alcanzado su límite.
Ahora frente a Musashi, ve una última oportunidad: un rival que podría superarlo, alguien que le devuelva el vértigo de no tener la certeza de vencer. Musashi ante él, se enfrenta al reflejo de Munisai Shinmen y de aquel ideal familiar... Ambos están a punto de desenvainar. ¿Se encamina Musashi hacia la luz... o sigue cautivo de la oscuridad?