En un pueblito de la prefectura de Chiba se encuentra un curioso restaurante que no es como cualquier otro. Este tiene por nombre Chibineko o gato pequeño, porque en él, junto a los dueños del local, habita un gatito. Pero lo que realmente hace especial a este lugar es que en el cocinan la comida de los recuerdos, y se dice que quien acude al restaurante y la come, durante el tiempo que tarda en enfriarse la comida, puede volver a ver a un ser querido fallecido. ¿Quién no desearía ser capaz de hablar con esa persona que ya no está y poder decirle todo lo que no pudo mientras vivía?
"La comida de los recuerdos" sigue la vida de diferentes personajes a los que les une la pérdida de alguien cercano a quien querían y la sensación de que en vida no les dijeron todo lo que sentían. Ya sea por echarlos de menos, por la culpa o por amor, las personas acuden al restaurante Chibineko buscando una salida a su sufrimiento, tratando de encontrar el consuelo que les ayude a seguir adelante. Pocas cosas hay más universales que el duelo, con lo cual se me hace imposible no empatizar con los sentimientos de estas personas.
Es una gozada ver el buen momento que vive la literatura japonesa a nivel mundial, y gracias a esto llegan a mis manos historias como "La comida de los recuerdos", la cual tiene una vibra muy similar a tantísimas películas japonesas que he visto a lo largo de mi vida desde muy pequeñito, de esas que te hacen sentir bien, en las que detrás de cada momento aguarda una enseñanza, un aprendizaje. Me ha recordado a todas esas pelis que para mí fueron refugio. Sencillas, bonitas y llenas de luz. Es ese tipo de libros que parece que se han hecho para mí.
He sentido que pese a que "La comida de los recuerdos" nos habla del duelo y de como superar la muerte, es un canto a la vida, a aprovecharla mientras la tengamos, a no dejar de hacer lo que nos hace felices por lo que digan otras personas, pues al final, tú último día puede ser dentro de mucho o mañana mismo. Realmente es una historia llena de luz y ternura, y también es muy lacrimógena, eso o yo estaba especialmente sensible, porque la realidad es que me he emocionado y llorado en varias ocasiones.
He disfrutado mucho imaginándome ese pequeño pueblito costero, cálido y pintoresco, en el que no suele pasar mucho, pero donde se respira paz. Es una historia sencilla y directa, típicamente japonesa, de esas que me gusta decir que son como dar un paseo por un lugar que te resulta cercano, cómodo y conocido. Es muy agradable acercarse a historias como las que nos ofrece Yuta Takahashi, porque uno se reconcilia un poco con la humanidad, sobre todo sí es como yo, que ya casi he perdido la fe. Es tan bonita, que al acabarla te deja ese regusto agradable, y necesitas saber más de sus personajes. Tengo muchas ganas de reencontrarme con Chibi, Kotoko y Kai, así que menos mal que es la primera entrega de una saga. Ojalá consigamos las otras español también. Sí queréis una historia bonita, sencilla, con un buen mensaje y que se devora, "La comida de los recuerdos" es la lectura ideal.