Bryce Echenique es todo un personaje dentro de su literatura, siendo entretenido por las peripecias que le acontecen y hacen denotar aquella parte patética (en el buen sentido de la palabra) de todo privilegiado económicamente, justo los años donde la clase trabajadora y estudiantes romperían con aquella división económico social. Imagínense lo que es ser un “pituco” en plena revolución de mayo del 68; y no cualquier “pituco”, sino uno que busca su comodidad, es mantenido, achochado, a veces antipático, seudo revolucionario e idealista, pero procrastinador por excelencia. Ese personaje es Martín Romaña, su alter ego, quien cuenta la odisea de su vida (la vida de Bryce) al llegar a Francia, con esa expectativa de inspiración, independencia y mejor futuro artístico; también en búsqueda del amor, el amor parisino, que termina siendo con una peruana, pero que es parisino por estar sucediendo en Francia; aunque las partes importantes de su amor sucedan en España.
Como se puede ver, es ironía pura la trama, porque la vida en sí es una completa ironía. Una historia digna de ser plasmada en un cuaderno azul, pero también en uno rojo, porque, aunque la historia radique en el romance que tiene Martín con Inés (mujer a la cual le dedica su cuaderno azul), habrá otra mujer que ocupe sus pensamientos y largas horas echado en su sillón Voltaire (pero en otro cuaderno, uno rojo; y sí, estamos hablando de Octavia de Cádiz).
No hay una sola forma de definir a esta novela. Para una persona de ese tiempo, conocida de Bryce, sería irreverente, vulgar, grosera e injusta con sus padres y la clase social a la cual pertenece. Por otro lado, en estos tiempos, se diría que es un imitador y adulador de escritores, pero también presuntuoso y egocéntrico por colocarse como personaje en su propia novela y justificar su mala suerte. Yo prefiero pensar que Bryce y sus textos son entretenidos y la clara muestra de la ironía de un escritor con talento, pero que nació en el momento menos oportuno para vislumbrar a nivel internacional, así como Ribeyro, Scorza, Enrique Congrains u Oswaldo Reynoso; escritores muy talentosos, pero que se vieron opacados por los clásicos del boom latinoamericano.