Le pongo cuatro estrellas porque sería injusto ponerle tres como a otras novelas que leído que son inferiores en prosa, pero a mucha distancia. El punto fuerte de Carrasco siempre es el uso del lenguaje, la invención de metáforas y recursos lingüísticos originales y esa manera de darle un toque diferente al realismo o costumbrismo. Y es precisamente este punto el que menos me convence.
La novela es hiperrealista o costumbrista, cosa que no tiene nada de malo, pero que al tiempo supone un lastre para la invención literaria. No es que no se puedan hacer grandes obras centradas en exclusiva en nuestra realidad prosaica, de hecho las hay, y muchas; es que a mí como lectora me motiva ir más allá.
Carrasco entra en la senda de otros autores patrios que te meten esa mezcla moderna de ficción, autobiografía encubierta, autoficción... echando mano, a veces de forma abusiva, de la nostalgia, de "todo lo bueno que había antes y ya no", recuerdos de infancia y formas fáciles y sentimentales de identificación del lector con lo narrado. Sí, yo misma he reconocido muchas de las vivencias que narra el protagonista, pero no porque yo me identifique con algo hace que ese algo sea bueno de por sí. Así como tampoco que algo sea fiel a la realidad lo hace de calidad superior.
Creo que a la novela le falta ir un poco más allá, siempre según mi parecer (probablemente se trate de un prejuicio mío). Pero entiendo que la gente se sienta "identificada" con los problemas del protagonista, que son los de la mayor parte de la gente normal: la lucha entre el deseo de emancipación y libertad para vivir la vida y la obligación de cuidar a los mayores, el desamparo de estos y la dificultad para desenvolverse cuando carecen del apoyo de un hijo o familiar, la enfermedad que destruye la memoria y lo que, a pesar de todo, permanece, el infantilismo social y psicológico de buena parte de la población, relaciones paternofiliales e intrafamiliares complicadas, el campo "vaciado" (la acción de la novela, como casi siempre en este autor, transcurre en un pueblo, identificado simbólicamente con el pasado donde todo era seguro y las relaciones entre familiares y vecinos eran fuertes, las tradiciones estaban vivas, etc).