3,5. Fujiko y Tetsuo son un matrimonio de ancianos que lleva un tiempo viviendo en una tranquila y apacible residencia. Años atrás, Fujiko empezó a desarrollar los primeros síntomas de alzheimer, así que decidieron mudarse a un sitio donde tratar la enfermedad. Durante estos años, la anciana ha ido olvidando poco a poco todo su presente, incluyendo a sus propios hijos y nietos, aunque seguía recordando a su marido. Sin embargo, una mañana como otra cualquiera, despiertan y Fujiko ha olvidado a Tetsuo, pero a pesar de ello consiguen que acepte que este es su novio, el que acaba de conocer a través de un encuentro matrimonial. Ante esta situación, Tetsuo empezará a descubrir a la verdadera Fujiko y los secretos que esta guardaba. ¿Se conocían realmente? ¿Era su matrimonio uno feliz?
Los japoneses tienen tal don para transmitir una mezcla de sentimientos tan diferentes y profundos a través de historias, en apariencia, tan sencillas, que nunca dejan de sorprenderme. “Luna llena” es una historia cargada de luz, que nos muestra personajes en situaciones duras, pero que luchan ante ellas con sus mejores intenciones y no se ahogan por los contratiempos de la vida, aunque entre los huecos puedas notar otros sentimientos como el desasosiego o la incertidumbre. Pese a que siempre hay una carga dramática en sus historias, es muy típico encontrar ese sentimiento de esperanza ante cualquier situación.
“Luna llena” desprende una profunda melancolía a través de sus páginas, Fujiko ha olvidado sus recuerdos de los últimos 40 años, sin embargo, recuerda hechos que le marcaron cuando era joven, cosas que le afectaron y no pudo olvidar. Mientras tanto, Tetsuo echa de menos la vida que creía vivir con su mujer hasta que la enfermedad la atrapo, mientras lucha por adaptarse a tener que “empezar de nuevo” con ella después de toda la vida juntos, descubriendo poco a poco quien fue su mujer y todos los secretos que hubo en su matrimonio. ¿Pueden volver a reconstruirse lo que tuvieron? ¿Pueden empezar de nuevo?
Es la segunda obra que leo de Aki Shimazaki, y me vuelve a dejar la misma sensación. Son historias breves cargadas de belleza y de tristeza, donde los silencios marcan a sus personajes y los secretos acaban por explotar, pero manteniendo ese algo esperanzador. Sus protagonistas están marcados por hechos del pasado, que dejaron una terrible huella en ellos. Es curioso que pese al aura triste, Shimazaki consiga esa sensación reconfortante, ese tipo de historias que me gusta denominar como “un paseíto” por un lugar agradable al que siempre quieres regresar. Me han gustado especialmente todas las reflexiones sobre las cigarras, sobre la vida de estas, ya que están cargadas de simbolismo. La única pega que le puedo poner es que se me ha hecho demasiado breve, y eso ha provocado que al acabarlo me haya dejado la sensación de que le faltaba algo para terminar de rematar, para conseguir ser redondo.