Alejo creía que los dioses no existían y que, con suerte, llegaría a viejo llevando una vida sin sobresaltos. Pero estaba equivocado.
La madrugada del 31 de octubre acaba una canción y, por primera vez en mucho tiempo, se siente vivo. Cuando las últimas notas de la guitarra se pierden en el silencio de su habitación, una figura felina se le aparece para anunciarle que solo le queda un año de vida.
Alejo tendrá que dejar muchas cosas atrás para volver a sus raíces con un solo objetivo: cantar.
Nació en Alicante, en 1991, y es biólogo y doctor en Recursos Naturales y Medioambiente. Su primera novela, Todos mis santos, fue publicada en 2022 por la Editorial Cerbero. Puedes encontrarlo con cuentos de fantasía, ciencia ficción y terror en publicaciones como la Antología Premio Domingo Santos (2020 y 2024), como finalista del mismo, y en la revista Windumanoth #14 (2022), entre otras. También ha participado como jurado y editor en la antología Fandom Of Our Own: There was only one bed (autopublicada, 2020).
Colecciona trabajos extraños, tiene la cabeza llena de pájaros y, cuando puede, además de historias, escribe su boletín personal y cultural Tres Estrellas.
Mira, yo tenía pensado hacer una relectura súper ceremoniosa paseándome con esta novelita tan guapa por las distintas partes de Sevilla que me evocaron sus capítulos cuando la leí por primera vez allá por 2020. Pero la vida se me ha puesto en contra y no ha podido ser, y yo como co-madrina beta no iba a dejar que acabara el año de su publicación sin, si no la reseña que todavía tengo pendiente darle, sus merecidísimas 5 estrellas.
Pero antes hay una cosa que sí quiero decir: con Sevilla no me refiero a la Sevilla diez lugares que tienes que visitar, tampoco en la que por azares antropológicos nací y crecí, sino esa versión de Sevilla, mi Sevilla, que una siente que solo conoce ella porque no es únicamente el lugar y su cultura, es la mezcolanza de sonidos, imágenes, olores y recuerdos que enredan todo en una misma experiencia. Una experiencia que el desangelado paso del tiempo por su patrimonio y los prejuicios que nos llevan metiendo a su gente de fuera para adentro hizo que yo ya la sintiera ajena y irreal, más un sueño que mi propia vida. Y eso es algo que siento que Todos Mis Santos me ha devuelto, o más que devuelto, me ha empujado a luchar por recuperarlo.
Todos Mis Santos trata de cosas muy distintas pero igual de necesarias e interesantes que estas, pero a mí me ha hablado de otra forma, y por eso quiero recomendársela desde aquí a cualquiera de mis fellow andalusians que no saben muy bien qué sienten cuando el incienso y las bandas ya empiezan a rondar las calles de su pueblo o ciudad.
Ya sea por la novela en sí misma y las maravillas que veréis descritas en las demás reseñas, por lo único y especial de la mano del autor o por la oportunidad de vivir algo parecido a lo mío, vale muchísimo la pena que os hagáis con esta novela.
Y una vez más, Manu, muchas gracias por confiármela ❤️
Perdón, mi gata Elphaba ha querido dejar constancia de lo que le ha parecido el libro y, teniendo en cuenta que en él los gatos son dioses, me ha parecido feo borrarlo.
En cuanto a mí, como humana, el mejor adjetivo que se me ocurre para describir este libro es sinestésico, y lo digo con conocimiento de causa. Es la única forma de describir cómo unas líneas en un papel pueden transmitir tanto. Desde el mismo principio, la historia del final de la vida de Alejo te va envolviendo, como un gato que se despierta de la siesta y pasa de ser una bolita a desperezarse frente a ti. A esta historia le pasa como a los gatos: no puedes dejar de mirarlos.
Digo mucho que nos hace falta leer sobre más finales en literatura y Todos mis santos es un gran ejemplo de por qué. Gracias por tanto, Manu, perdón por tan poco.
¿Qué digo de este libro para que se entienda lo PRECIOSO que es? No hay palabras, de verdad. Se me queda en el cuerpo un regusto flamenco, un amor por mi Sevilla, la Sevilla de la judería y la Alameda, la de las iglesias y la Madrugá. Qué paseo tan intenso, bonito, acogedor y cruel ha sido este libro. Qué final tan bueno, qué contenta me quedo de poder leer cosas así, de que caigan a mis manos obras de arte de autores de mi tierra llenas de inclusión, con las que puedo identificarme. Me voy a dormir en paz con quien soy después de despedirme de Remi, David y Alejo, deseando leer más de Manuel Ortiz.
No pongo más estrellas porque no se puede. He flipado con este libro, no sé si hay una forma más bonita y más honesta de hablar de la muerte y de la vida. Querría echarle más flores pero me ha dejado en shock, así que ahí queda.
Una pasada. Un estilo super bonito, con una capacidad de crear ambiente increíble, que te mete de lleno en cada escena hasta que casi puedes oler las flores y sentir la brisa o la humedad del aire.
Y, además, una historia muy bonita con unos temas muy bien llevados que me ha dejado el corazón roto y calentito a la vez.
Sorpresa mayúscula. A pesar de su brevedad, aseguro sin miedo a equivocarme que es uno de los libros más bellos que he tenido el placer de leer. Me lo recomendaron en la Feria del Libro de Cádiz 2024, hasta hoy no pude leerlo y he acabado la última página con lágrimas en los ojos. Por cierto, la ilustración de la portada me parece preciosa, ojalá tenerlo ilustrado. Un diez 💖🫶🏻
La premisa de este libro me llamaba mucho la atención, a saber: una persona a la que literalmente, la muerte le ha dicho que se va a morir. Me ha gustado mucho, no quiero contar mucho más porque he ido sin expectativas y me ha encntado, es la primera obra del autor que leo, y espero leer más de él porque me ha gustado mucho todo, además con representación que a mí me hace muy feliz.
Es una caricia al alma a la vez que un férreo golpe en el estómago. No tengo mucho más que decir, es el primer libro este año que me hace llorar de verdad.
Manu escribe muy bien y esta novelette es muy especial, una fantasía intimista en un mundo muy similar al real, con muchísima intensidad (ALEJO, STOP A MOMENT!!!). ¿Cómo enfrentar la vida sabiendo que la muerte te reclamará pronto?
Lo que más complicado veo de las novelas cortas es que la historia quede perfectamente contada en pocas páginas, que no necesite más ni menos, y Manuel lo consigue de sobra. Es un final redondo, es satisfactorio, es triste, es tierno, es satisfactorio... El aspecto que más me ha gustado de esto es cómo se comparan los nervios al subir al escenario con los nervios ante la muerte. Ni siquiera es miedo, sino una canción más.
La ambientación es chulísima, una especie de ciudad andaluza alternativa donde en vez de a cristos se idolatran figuras de felinos. Creo que al escribir una cosa así uno puede sentirse tentado a introducir juicios hacia la religión, pero la narración ni la aprueba ni la condena, Alejo tiene amigos creyentes y otros no tanto; la religión es cultural y es parte del paisaje tanto como es algo de fe, que es un poco lo que pasa aquí con la Semana Santa. El estilo es bellísimo, sobre todo con los olores y colores, es cálida a pesar del tema que trata, especial.
Me gusta la forma intimista que tiene todo el texto, la merece, la historia la necesita. Lo único es que he sentido que no terminaba de romper del todo, no sé cómo explicarme mejor, y que el protagonista y sus parejas se conocían al detalle muy rápido. Un par de meses después de conocerse ya saben qué piensa el otro por un gesto, qué es lo más adecuado que puede decir cada uno... Creo que es un poco difícil de conseguir ese feeling con tan poco tiempo, aunque sin duda la situación por la que está pasando Alejo propicie relaciones más intensas al saber los tres que se le acaba el tiempo. Puede que mi pésimo humor estos últimos días haya influido en la lectura también, desgraciadamente. Detalles menores, porque no dejaría de recomendar esta novelette, que cumple con todo lo que promete.
Terminar esta historia es como despertar de un sueño, de esos que te dejan pensando sobre la vida y la realidad. Espero poder volver a leer a Manu.
Lo primero que me llamó la atención de este libro fue la portada. Luego me leí la sinopsis y supe que tenía que ser mío. No me ha decepcionado para nada, solo he llorado como una magdalena durante horas. Las razones por las que lo recomiendo son las siguientes. La primera es la manera de escribir tan bonita que tiene el autor que hace que te sientas parte de la historia. La segunda son los protagonistas de los que te enamoras nada más empezar el libro. La tercera son las referencias a la muerte y la manera que tiene esta de presentarse. La cuarta y última es el final. En resumen, un libro perfecto si quieres llorar amargamente.
«Si había bestias, están domadas. Si había dioses, hoy no traen muerte».
Otro libro a la lista de libros para Hozier girlies like me (en serio, ¿esa frase? ya quisiera el mismísimo Andrew Hozier-Byrne). Y a la de libros que me han hecho llorar en el trasporte público (que corta no es, debo decir).
Todos mis santos es una historia sobre el duelo y el perdón. O al menos lo fue para mí. Ese duelo que puede acompañar una muerte anunciada, como es el caso del libro, pero también las numerosas muertes que vivimos a lo largo de nuestra vida, el dejar atrás lugares, hogares, relaciones, personas que fuimos; todo aquello a lo que debemos decirle adiós para seguir adelante, todos los amores y las versiones de una a las que debemos perdonar por ser imperfectas antes de poder estar en paz. Es una historia muy triste, pero también muy dulce. Lamenté que el libro no fuese más largo y más detallado, porque la versión espejo de Sevilla que creó Manu me dio ganas de seguir explorando, pero entiendo que este libro en concreto no va de eso, sino del proceso de sus personajes.
Mención especial a las apariciones estelares de un montón de flores. A mamá le encantan las apariciones estelares de flores X3
Qué decir de este libro tan bonito🤧 Religión con una pizca de fantasía, unos dioses que parece que juegan con nosotros, unos personajes muy vivos (LGTB, olé) que forman una pequeña familia aún sabiendo el funesto final y la aceptación de lo que nos espera, porque no se puede huir de la muerte.
Qué historia más bonita y bien contada y triste y bonita otra vez. Qué maravilla.
La premisa es muy muy interesante y original (✨la mente de Manu ✨): la muerte, en forma felina, avisa a Alejo de que le queda un año de vida. Hay santos y dioses, una sociedad marcada por ese culto, música, Andalucía, pérdida y aceptación, mucho amor y mucha amistad.
¿Y los personajes? El autor logra desde el principio marcar bien la personalidad de cada uno (cosa que me parece dificilísima de conseguir) y que les cojas cariño en un pispás. Vamos, que yo ya considero a David, Alejo, Macarena, Laura y Remi mis novios y novias. Todos ellos, además, pertenecen al colectivo LGBT+, representación que aplaudo y agradezco un montón. ¡Y conforman uno de mis tropos favoritos, la found family!
Además, a nivel de escritura, es envidiable, no solo porque esté bien narrado y sea fácil visualizar o sentir lo que Manu quiere que visualicemos o sintamos, sino porque hay una delicadeza y una forma poética que me han encantado («mejillas rojas de amapola»).
Y eso que el tema del libro creo que no es nada fácil de tratar, y representar a una persona joven que pese a estar bien de salud, afronta el último año de su vida, me paree muy complicado. Pero Manu lo hace muy bien, y lo hace a través de un prota y unos personajes secundarios que te enternecen el corsón desde el minuto 1 y les achucharías hasta la muer- hasta el fin de los tiempos.
Con una prosa hermosa y llena de imágenes potentes (una en particular del final me pareció una pasada) esta historia habla de muchas cosas, pero sobretodo de amistad y pérdida, con matices y con gente con ganas de hacer las cosas bien, algo agradable y que te hace implicarte más en la historia y sus personajes.
Bueno, es que no sé ni cómo empezar a valorar esta absoluta maravilla. Me enfrenté a la historia sin saber muy bien de qué iba y se ha ido directa a mi top de lecturas de este año. Había leído a Manu Ortiz en relatos varios, sabía que escribía bonito, y esta ha sido la confirmación. Tiene una manera muy especial de trasladarte adonde transcurre la acción, usa todos los recursos que uno puede pensar y puedes sentirte de verdad allí donde te dice. No es sencillo abordar el tema de la muerte y el enfoque que le ha dado me ha parecido bastante novedoso, sin caer en el morbo o tratarla de puntillas. Ha sido muy guay ver a Alejo redescubrirse y dar todos esos pasos que hasta entonces nunca se atrevió, aunque sepa, o quizás por eso, que su tiempo se agote.
La otra gran fantabulosidad (no existe adjetivo que se le ajuste, así que me lo he inventado) ha sido el folclore. En esta realidad, no solo se venera a un dios, sino a varios, y todos se representan como felinos, pues es la forma que se cree que tienen, la Muerte incluida. Es muy curioso ver esto trasladado a los pasos de las procesiones, a los rituales religiosos o a los cantes flamencos. Creo que el autor ha hecho un trabajo increíble. Una pasada, vamos.
Es un libro pequeñito, pero el tema no es nada ligero. De hecho tuve que espaciar un poco la lectura porque, leer sobre este tema justo antes de dormir, hacía que me pasase horas calentándome la cabeza. Y es que, la muerte de por sí no es un tema fácil, pero hablar de cuando a la vida de alguien joven se le pone fecha límite, es aún más difícil. Pero madre mía, que maestría contar tanto en tas poquitas páginas. No está para nada edulcorado pero es es poesía pura. Además todos los personajes son LGBT y se hacen querer desde su primera aparición. Qué más se puede pedir?
De esta historia me quedo con la lección de aprovechar la vida haciendo lo que quieres con la gente que quieres. Quede el tiempo que te quede.
Me encantaron los dioses felinos. Qué cerebro gordo tienes, Manu.
Cuando he terminado de leer, me he quedado cinco minutos mirando a la pared sin saber qué hacer.
Increíble. Es una historia que no es ni fantasía, ni realismo, ni realismo mágico, sino todo a la vez. Al igual que el hecho de que no mencione lugares, te hace sentir como si conocieras las calles y, al mismo tiempo, fuesen etéreas. Es como lo que siento ahora mismo, que se me ha quedado el pecho vacío y, a la vez, siento DEMASIADAS cosas con «Todos mis santos».
Los personajes, el tema de la muerte, la religión, las relaciones, el significado de las flores y lo que va a visitar a Alejo. Se nota que Manu sabía cómo colocar cada una de las palabras en el libro, lo que quería expresar y lo que quería contar. Este no va a ser un libro del que me olvide fácilmente.
No voy a repetir lo que ya dicen las reseñas que he leído, aunque eso no signifique que no esté de acuerdo.
Creo que este libro tiene la mejor metáfora sobre la aceptación de la muerte que he leído nunca. Cómo pasa de un cazador terrorífico a un gatete esbelto, sin cambiar en esencia: «soy inevitable». Pelitos de punta.
También creo que la historia de Alejo representa un proceso real que mucha gente experimenta, y el autor explora el impacto de algo así en la psicología y las relaciones humanas, dando espacio a los sentimientos y a la razón.
Y por último, que bonito habla de Sevilla. Con qué respeto habla de una expresión religiosa que es cultura, arte y devoción a partes iguales.
Solo me queda recordarlo con cariño y hablar mucho de él.
No le pongo más estrellas porque no se puede. Una historia intensa y emocionante, una ambientación que casi puedes ver y oler, y unos personajes a los que se coge cariño de inmediato. Qué maravilla.