Genet escribió este escrito, medio poema en prosa y texto motivacional, para su amante, Abdallah. De hecho, sus consejos encontraron asidero hasta el punto de que aquel decidió dedicarse al arte de transitar la cuerda floja. El texto, precioso y sensible como todo lo que escribió el francés, recalca que el camino ceñido al alambre es una suerte de danza que coquetea con la muerte, propia de otra época.
Como si fuese un rezago de otros días, de las épocas en que el ser humano se enfrentaba a una visión mitológica de su existencia, el circo y "la cuerda floja" permanecen para recordarnos que la muerte sobrevive, que es una posibilidad real, inminente, que transita ante nuestros ojos; incluso a pesar de que los cerremos cuando alguien se enfrenta a ella para devolvernos el sentido de nuestra propia existencia. En uno de sus pasajes más hermosos, Genet, en clave benjaminiana, rememora este diálogo entre el arte de la muerte y esa ciudad que sobrevive aún a la noche.
Como si dos mundos se tocasen bajo un artilugio llamado a difuminarse, el artista del alambre arrastra la muerte para sobrevivir a la mirada de los vivos, bajo la soledad de esos ojos que lo esquivan cuando su arte es más fino, más hábil, como ese artista del hambre kafkiano que yace en el olvido cuando más se aferra al arte que justifica su existencia. Si bien esta traducción no es la de Errata Naturae, que resulta mucho más juiciosa y poética, el pasaje sigue siendo conmovedor:
" El suelo te hará tropezar.
Esto me lleva a decir que es necesario amar el circo y despreciar el mundo. Una enorme bestia, de épocas diluvianas, se posa pesadamente sobre las ciudades: uno entra y el monstruo está lleno de maravillas mecánicas y crueles: amazonas, payasos, leones y su domador, un prestidigitador, un malabarista, trapecistas alemanes, un caballo que habla y cuenta y tú.
Vosotros sois el residuo de una edad fabulosa. Vosotros volvéis de muy lejos. Vuestros ancestros comían cristal molido, fuego, encantaban a las serpientes, a las palomas, hacían malabares con huevos, hacían conversar a un concilio de caballos.
Vosotros no estáis listos para nuestro mundo y su lógica. Tenéis por esto que aceptar esta miseria: vivir en la noche de la ilusión de vuestros saltos mortales. Dedía permanecéis temerosos en la puerta del circo–sin osar entrar en nuestra vida- firmemente retenidos por los poderes del circo, que son los poderes de la muerte. No dejéis jamás ese enorme vientre de tela" .