3,5
Una víctima ๏ Un medallón ๏ Un viejo caso sin resolver
Esta es la segunda entrega de la serie que tiene como protagonista a Kay Sharpe, una ex agente del FBI experta en perfiles criminales, quien ha decidido quedarse como detective en Mount Chester, su pueblo natal.
En esta oportunidad se enfrenta a un extraño caso, cuando una víctima aparece flotando en el río Blackwater, que tras investigar, coincide con una pasada desaparición. Este es uno de esos libros que es difícil reseñar “sin spoilear” toda la historia…
La autora mantiene el estilo narrativo rápido y directo a diferentes voces, con descripciones detalladas sólo donde son necesarias, que ayudan a construir la atmósfera de este pueblo pequeño y los personajes que siguen evolucionando conforme se afianzan las relaciones… puesto que “el tira y encoge” entre Elliot y Kay… se mantiene. El suspenso comienza en la primera página y mantiene una buena tensión durante toda la historia.
Este libro me gustó un poquito menos que el anterior, pero solo porque una buena parte del desenlace se puede prever y termina resultando bastante apresurado, y es algo que valoro mucho en un thriller. Hay varios flashbacks, que se remontan a 30 años, que permiten descubrir la trama y lo que ha causado parte de las acciones del presente.
La autora aborda un tema delicado, pero está bastante bien tratado. Como advertencia, para quienes no les guste, solo mencionaré que en el libro hay secuestros, violaciones, asesinatos y abusos conyugales.
Quiero continuar con la serie, puesto que me gusta la autora y cómo aborda temas complicados.
“Dicen que todas las familias felices lo son por igual, pero que todas las familias desgraciadas, lo son cada una a su manera”.